Karlie's nightmare

El juicio de Karlie Müller

—Puedo decir por experiencia que sí, definitivamente importa lo que uses para ir a la corte. El juez, los miembros del jurado y todos los demás en la sala de audiencia notarán cómo eliges presentarte ante la corte. Tu deseas demostrar que (a): respetas la sala del tribunal y (b): que estás tomando el asunto en serio.

Esas son las palabras exactas que Elle utilizo para forzarme a usar este vestido conservador gris incoloro, las mismas palabras que utilizo para hacerme acudir a un salón de belleza para arreglarme las uñas y para programar un corte de cabello solo dos semanas antes del juicio. Amaba mi pelo largo, pero él también lo hacía por lo tanto no luché demasiado contra ella en el tema del corte de pelo.

Han pasado dos meses desde el arraigo y me atrevo a decir que, que yo haya salido libre bajo palabra es lo mejor que me ha pasado en mucho tiempo.

Apenas puedo recordar cómo se sienten los ataques de pánico cuando escucho los pequeños ronquidos de Ciana por la noche. Su voz y sus ronquidos son mi canción personal de cuna; ella está muy apegada a mí, cada vez que salgo de una habitación, enseguida comienza a llorar. Angélica lo llamó, —desde su punto de vista psicológico—, angustia por separación. Ahora puede agarrar objetos con mucha facilidad así que, tenemos que tener cuidado con los juguetes con los que pasa el tiempo y lo que hay en el suelo. Lo más emocionante, —además de verla crecer—, es verla tratar de ponerse de pie sola, se cae al suelo casi de inmediato, pero justo como la pequeña luchadora que es, se las arregla para volver a ponerse de pie.

Estoy bastante nerviosa al mirarme al espejo y caer en cuenta de que esto está realmente pasando. Mi futuro va a ser decidido en unas dos o tres horas.

No me veo como antes; he perdido peso y mi cabello esta unas pulgadas mas arriba de mis pechos, pero al mirar a mi bebé dormir en su moisés color purpura detrás de mí con ayuda del reflejo del espejo, mis músculos y mi mente se relajan. Su pequeño rostro redondo, inocente y rechoncho, engaña a mi mente y hace que esta produzca el mismo efecto que tenía cuando tomaba Xanax. Ashley viene a casa para cuidar de Ciana, ya que todos los demás son testigos y serán interrogados. A ella le encanta estar con la bebé y hasta publica fotos de Ciana en su ahora cuenta privada de Instagram privada.

La gente se ha encargado de encontrar su pagina y comentar muchas cosas. A veces lindas, A veces crueles. La tecnología tiende a hacer que las personas se sientan con derecho. Sí, claro que tienen derecho a opinar, pero eso no significa que puedan comentar sobre mi hija o si estoy en condiciones de cuidarla después de todo lo que he pasado. Tener derecho a opinar sobre diferentes temas no significa que tengan la necesidad de olvidar su criterio.

Tenía una vieja cuenta de Twitter que solo tenía cincuenta seguidores la ultima vez que lo revise, ahora tiene veinte mil. No recordé la contraseña, por supuesto, pero la pirateé y ahora puedo iniciar sesión. Las menciones que recibo a diario son una locura y solo me tomaron unos días después del arraigo descubrir que Elle había dado una conferencia de prensa para hablar sobre el ''Caso Müller''. La gente estaba loca. Todos tenían diferentes teorías, muchas o tal vez todas bastante lejos de la verdad. Lo único que publiqué fue una cita del viejo sufismo que dice: 

''Antes de hablar, deja que tus palabras pasen por tres puertas:

En la primera puerta, pregúntate "¿Es verdad?"

En la segunda puerta: "¿Es necesario?"

Y en la tercera puerta: "¿Es amable?"

Mi papá me hablo sobre esa cita cuando tenía doce años. Estaba llena de opiniones y groserías, y recuerdo de una manera muy vivida que había dicho un insulto muy racial a otra chica y él estaba tan enojado que no sabía qué hacer conmigo. Me castigó por tres semanas y me enseñó una valiosa lección.

Por otro lado, mi antigua habitación luce muy diferente. Ahora está lleno de biberones, pañales y juguetes por todos lados. Ciana es bastante inquieta y le gusta gritar bastante. 

—¿Ya estás lista, Mérida?

Me río suavemente mientras me doy vuelta para ver a mi padre recostando uno de sus hombros en mi puerta. Su cara ancha, ojos color avellana y labios finos me reciben con una sonrisa. Su cabello negro casi llega a sus hombros, ya que se niega a cortarlo y las arrugas al final de sus ojos son más prominentes que antes. También lleva un traje azul marino que lo hace ver más joven y más guapo.

Quiero gritarle que deje de llamarme así, pero he estado lejos de él durante tanto tiempo que no puedo y no me enfadaré con él por darme un apodo, no importa lo ridículo que este sea.

—¿Alguna vez dejarás de llamarme así? Me gusta mi nombre real, ¿recuerdas? ¿el que tú y mamá me dieron?

—Tienes razón. Deberíamos enviar una carta a Walt Disney para que cambien el nombre de su princesa más valiente de Mérida a Karlie.

Camino para cerrar el espacio entre nosotros y caigo en sus brazos. Él huele a jabón, crema de afeitar y gofres. Pone sus brazos alrededor mi cuerpo y besa la parte superior de mi cabeza.



Arelis Acosta

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En el texto hay: misterio, secuestro, romance prohibido

Editado: 08.09.2019

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