La cicatriz del sol - En proceso

Capítulo 17 – Conversación después de la media noche

Mis nudillos tocaron la estructura emitiendo un sonido intenso, pronto alarmada gire mi rostro para observar el vacío que yacía en el pasillo. Anhele sentir nuevamente los ojos de Caleb y su presencia que traía calma a mi desenfrenado corazón.

Antes de irse me observo fijamente, sus ojos deslumbraron nerviosismo y miedo.

¿Cómo alguien tan temido ahora temía?

Me cuestione aquello ante su reflejo, él beso mis manos para luego alejarse con lentitud y mirarme por última vez antes de girar por el pasillo.

-Adelante – la voz ronca del rey Fermio dio aviso de que podría adentrarme al lugar, solté un suspiro pesado mientras abría la gran puerta con lentitud

Un gran ventanal yacía frente a mí, cubierto con cortinas blancas, candelabros dorados colgaban en el techo iluminando aquel silencioso lugar.

Me adentre con lentitud, siendo cuidadosa con mis pasos y temiendo hacer algún movimiento incorrecto que cause un resonar fuerte en el lugar.

La puerta se cerró detrás de mí, me sobresalte en mi lugar y emití un leve jadeo asustada.

El lugar era bello y pulcro, inmenso ante mis ojos. El aroma a tinta y libros se mezclaba con el silencio, estantes donde se posaban libros, sillones de colores rojizos y una pintura de marcos plateados.

Un hombre yacía pintado entre el lienzo, con colores fríos, poseía cabellos negros, mirada dura y feroz, su firmeza se marcaba en el ropaje elegante que portaba y aquella corona dorada que deslumbraba entre los colores opacos.

-Era mi padre – pronuncio una voz conocida a mis espaldas, gire levemente sobre mis talones para deslumbrar al rey Fermio a tan solo unos centímetros de mi presencia. Uno de sus brazos descansaba en su espalda y la otra sostenía un libro amarillento

Reverencie bajo su atenta mirada.

Con aquel deseo permanecí con la cabeza agachada cubriendo aún más mi rostro y temiendo que pudiera ver mi cicatriz debajo de aquella tela negra.

Sus ojos seguían clavados en mí y eso causaba un gran temor.

-Usted está muy elegante esta noche, cabe decir que el color dorado cae a juego con su piel – halago sin mostrar alguna emoción en sus palabras, solo seguía aquel toque intimidante y frio en su voz

-Gracias, majestad – respondí temerosa y a la vez cuidadosa de mis palabras

-Bien, seré claro ¿Entendido? – cuestiono, una leve respuesta broto de mis labios y pronto sus pasos se fueron alejando – sígueme – aclamo intimidante

Camine siguiendo sus pasos mientras trataba de ver la decoración tan pulcra y bella que yacía a nuestro alrededor, montones de libros seguían reposando sobre estantes marrones. Grandes y pequeños, de nombres extravagantes y llamativos.

Una sonrisa broto de mis labios, cuantas historias deben estar plasmadas entre papel y tinta esperando que algún ojo humano desea capaz de perderse en aquel contexto.

-Caleb realmente me sorprendió con su decisión – pronuncio el rey Fermio mientras posaba sobre su escritorio aquel amarillento libro - ¿Podrías ser sincera ante mis cuestiones, princesa Sol?

Asentí en silencio, apreté mis manos fuertemente sobre mi regazo sin alzar mi rostro ni observarlo.

-¿Por qué fuiste encerrada y negada por tu propio padre? – mi corazón sintió como si una aguja se clavara ante aquella pregunta, dolía decir los motivos y a la vez no saberlos con claridad. Porque, aunque mi cicatriz fuera para mi padre una vergüenza, no había motivos para ser escondida. Ante mi silencio el rey Fermio volvió a cuestionar - ¿Posees una cicatriz?

Lágrimas silenciosas surcaban mis mejillas.

-Sí – respondí con los labios temblorosos

Alce mi rostro tan solo unos centímetros para observarlo, él mantenía su mirada sobre mí, analizándome con sus ojos y tratando de descifrar lo que escondía dejaba de la tela negra.

En esos instantes realmente mi cuerpo entero gritaba el nombre de mi nana anhelando permanecer cobijada entre sus cálidos brazos.

-Caleb me pidió con todos sus anhelos permitirle desposarte, pero aquel sentimiento que tiene hacia ti es inesperado ¿No lo crees? – cuestiono confundido - ¿Ya se habían conocido antes?

-No, majestad. Nos conocimos el día que llego al reino de mi padre, ese día el príncipe Caleb me salvó de morir – el rey Fermio asintió sin despegar sus ojos de mi presencia

-Caleb menciono que tu propio padre quería asesinarte ¿Es verdad? – asentí ante su pregunta - ¿Por qué, princesa Sol?

-Siento mucho no responder, duele recordar los motivos – ahogando un sollozo respondí

-¿Motivos? ¿Cameleo tenía motivos?

-Tal vez la hambruna que deseaba frenar

-¿Hambruna? – su voz seguía calmada, pero intimidante - ¿Por eso comprometió a sus hermanas?

-Sí

-Entiendo – murmuro - ¿Tú deseas casarte con Caleb para salvar a tu reino? – dudoso cuestiono

-Son personas inocentes

Mi respuesta formo un silencio en el lugar que solo era llenado por nuestras respiraciones, esperaba algún grito enojado o insulto despiadado que se clavara en mi corazón, pero el silencio seguía presente. Entonces tras aquellos segundos en silencio el rey Fermio carraspeo.

-¿Podrías mostrarme tu cicatriz? – pregunto mostrando calma en sus palabras, un suspiro broto de sus labios cuando mi silencio fue la respuesta

Simplemente no podía. Mi respiración se volvió acelerada mientras los latidos de mi corazón palpitaban con fuerza ante el cambio brusco de mis emociones, ya no sentía nerviosismo ahora solo el miedo estaba plasmado en mis ojos y surgiendo en mis lágrimas.

Una voz en mi cabeza grito desesperada, quería correr y esconderme. Nuevamente apareció la voz de mi padre, sus ojos gélidos y la última vez que lo vi.

Negué rápidamente dejando escapar un sollozo de mis labios.

-Princesa Sol – pronuncio el rey Fermio, a través de mis cristalizados ojos veía la confusión en su rostro



Eva Correa (Lucia Moonlight)

Editado: 21.01.2021

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