La cicatriz del sol - En proceso

Capítulo 34 – Una historia intrigante

-Posee letra muy bella – halago el fauno cuando acaricio con sus dedos la hoja blanquecina entre sus manos, la tinta yacía impregnada y seca marcando las palabras de aquella carta lista para ser enviada hacia el reino de mi padre

-Gracias – pronuncie

-¿Cuándo será enviada? – cuestiono el fauno

-Mañana mismo será enviada ¿Crees que utilice las palabras correctas?

Sus ojos pronto yacían sobre los míos mirándome con intriga, pero conservando aquella inocencia bajo sus brillantes ojos.

-Solo plasmo lo que deseaba decir – respondió con simpleza

Su compañía embargaba la silenciosa madrugada donde la frialdad del viento recorría las solitarias calles escuchando desde el interior de aquellas casas suaves respiraciones mientras se sumían en sus sueños. Algunos se representaban en anhelos mientras los miedos invadían a otros con crueldad y sin piedad.

Yo había tenido sueños que eran tormentosos, solo miraba aquellas cortinas blancas buscando mis anhelos e intentando descifrar lo que el exterior guardaba entre bullicio.

Ahora era libre, pero conservando todavía el miedo en mi cuerpo.

-Princesa Sol ¿Que ocurre ahora? – su voz resonó sacándome de mis pensamientos

-Lo lamento – avergonzada respondí – solo pensaba

-Espero que no sea nada malo – reí ante su comentario dejando que la melodía de mi voz resuene en la estancia

Mis ojos no deseaban cerrarse porque temía escuchar nuevamente ese cántico apoderarse de mi mente. Esa voz tan melancólica y vacía parecía llamarme a descifrar lo que sus letras ocultaban.

¿Qué ocultarían?

Me sentí como una flor perdiendo sus pétalos con el tiempo, buscando en la oscuridad salir a la luz, sentir el viento moverme de un lado al otro mientras veía a las aves con plenitud volar sobre los cielos. Los colores de mis pétalos brillarían ante los rayos del sol, aunque sus colores fueran volviéndose opacos con el tiempo.

-Debería recostarse, alteza – pronuncio el fauno con suavidad

Asentí ante sus palabras mientras tomaba entre mis manos la hoja blanquecina, fui doblándola dejando que mis dedos lo acariciaran antes de poder colocarla dentro del sobre cremoso. La mire unos segundos entre mis manos cohibida por las palabras que plasme, las cuestione y las disculpas tristes.

Coloque aquella carta sobre la mesa mirándola por última vez antes de girar sobre mis talones dirigiéndome hacia la inmensa cama, el roce del suelo contra mi piel estremeció mi cuerpo. Los ojos brillantes del fauno siguieron mis pasos con atención.

Algo avergonzada me adentre en aquellas mantas suaves contra piel.

-Fauno

-Dígame – pronuncio acercándose hacia mí

-¿Podrías contarme algo más sobre el bosque? – dudoso me observo, entonces decidí añadir – si no deseas decirme puedo entenderlo

-No es aquello, es algo que deseo contarle

-¿Algo malo? – el fauno negó

-Una historia

Mirando fijamente sus ojos brillantes pude ver como se reflejaba la melancolía, como si fuera a contarme una historia de amor donde dos corazones inocentes eran alejados dejándolos sumergirse en el dolor.

Donde la muchacha gritaba extrañando aquel pedazo de su corazón, donde podías ver aquellas lágrimas surgir desde unos ojos cautivos por la tristeza y sentir aquello tan desgarrador.

-Hubo años atrás una joven muchacha de cabellos negros y mirada azulina – su voz resonó cautivando mi atención – ella cometió un error

-¿Amar? – el fauno negó

-Salió de su hogar – funcia el ceño ante su pregunta – ella sintió la tierra bajo sus pies cuando aquella noche donde la luna era tan bella y joven. Su belleza fue el resplandor de un joven muchacho que al verla quedo cautivo ante su belleza. ¿Podría hacerme un favor, princesa Sol?

-Sí

-Dígame dos nombres para varón y uno para mujer – pensativa mire el exterior dejándome ver la luna en los cielos

-Luna – pronuncie sin mirar al fauno

-¡Perfecto! – comento

-Para el primer varón podría ser Carlos y el otro Casimiro ¿Le parece?

-Sí, princesa Sol – con una sonrisa respondió – Carlos quedo cautivo por Luna cuando aquella noche sobre su caballo miro los ojos azulinos de la joven. Ella sonrió con sonrojos sobre sus mejillas, Carlos cuestiono: ¿Cuál es tu nombre bella dama?

-Luna – conteste cautivada por sus palabras

-Exacto – pronuncio – cuando aquel nombre surco los labios de la joven aquel muchacho sonrió, sintió que aquella voz era un fiel cántico de los ángeles cayendo a la tierra y deslumbrando con su inocencia. Carlos extendió su mano bajo la luna joven y bella, cuando sintió la suavidad de aquella piel desconocida un suspiro broto de sus labios

-¿Se enamoró? – cuestione

-Con el tiempo – contesto el fauno – eran amigos, sonreían con sonrojos y para los ojos de Carlos ella era un bello diamante escondido en la noche

-Fauno ¿Ambos terminan sufriendo? – el fauno guardo silencio estremeciendo mi corazón, tras aquello añadí - ¿Fauno?

-Sí, sufren – con un tono de voz triste respondió – porque otro ser amaba a Luna en secreto, ese era Casimiro. Un hombre que guardaba silencio mostrando frialdad, decidió amarla y luchar por obtener aquel inocente corazón mas ella se negó a su amor

-¿Casimiro los lastimo?

-Él también sufrió, pero no fue el único que cometió aquel error

-¿Error?

-Olvidarse del amor – giro sobre sus pezuñas acercándose al gran ventanal, escuche como soltaba un suspiro perdiéndose en el paisaje exterior. Mirando la solitaria noche – Casimiro quedo destrozado cuando ella se negó a su amor, cuando la conoció fue una misma noche donde la luna joven aguardaba la amistad de Carlos y Luna. Ella sonrió tan inocente cautivando otro corazón

-Siento que hay algo malo detrás de esos enamorados jóvenes

-No, princesa Sol. Ellos sufrieron, pero sus errores los condenaron



Eva Correa (Lucia Moonlight)

Editado: 15.01.2021

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