La donante *ya a la venta en físico*

Capítulo 15

 

Cuando llegue a este lugar, no pensé en algo concreto. Salvo vencer mi odio por ellos y entregarle mi sangre, ya que así podría salvar a mi madre. Enamorarme de Armen nunca fue mi propósito, ni siquiera lo imagine. Mi familia es el único motivo, la razón que me movía para hacer algo tan desagradable. No sé en qué momento me he perdido y no sé dónde parara esto. Lo quiero y no puedo evitarlo. Es un hecho. Lo que siento es más fuerte que mi razón, más intenso que el odio que siempre había sentido por ellos. Ni siquiera el hecho de que sea uno de ellos me detuvo. Pero al saber que hubo alguien y que quizás hay alguien más ahora, me hace cuestionarme lo que él siente por mí. Si es que de verdad lo hace.

―¿Gema? ―Me toma unos segundos darme cuenta que Irina me habla. Me observa con expresión preocupada―. ¿Estás bien? ―«¿Bien? No lo sé». Estoy un tanto sorprendida.

―El señor Regan es respetable ―murmura Anisa cambiando su mueca burlona, por una serena―. Es solo que no debes fiarte de ella ―¿A qué viene su cambio de actitud? Hace unos segundos disfruto de decírmelo y ver mi reacción.

―No se atrevería a intentar algo ―asegura Irina, pero no parece demasiado convencida.

―¿Quieres decir que podría asesinarme? ―pregunto comprendiendo el sentido de sus palabras. Me queda claro que yo no representaría un obstáculo para ella, en muchos aspectos más allá de la fuerza, y eso no me gusta.

―No sé ―admite Anisa repasándome con la mirada―. Pero es mejor que no te confíes, en ningún sentido ―dice mirándome a los ojos.

Desvió el rostro, sintiéndome incomoda con la dirección que ha tomado la conversación.

―¿Por qué tienes que ser tan cruel? ―reprocha Irina pasando su brazo por mis hombros, a manera de apoyo. Puede que tenga razón, Anisa es cruda, pero creo que es preferible que vivir en la ignorancia―. Por supuesto que no lo haría. ―No es lo que me preocupa. Ella es muy bonita y es como él, razón por la que no debería preocuparse. Soy una humana y él mismo lo dijo, es imposible que exista algo entre nosotros.

―Tarde o temprano te encontrarías con ella ―reitera Anisa con desdén―. Así que deja de lado tus dudas y miedos humanos, no seas un fastidio como ella. ―Da media vuelta y desaparece por la escalera. «Dudas y miedos humanos. ¿Acaso ellos no dudan? Es muy injusta su actitud a veces».

―No le hagas caso.

―¿Realmente no tienen algo? ―pregunto quedo. Mueve la cabeza y sonríe.

―No. Ella es partidaria de su causa, me refiero a que lo apoyo cuando su padre llegó al poder y cuando él lo asumió. Pero nunca han tenido nada. Aunque como podrás imaginarte, ella tiene intereses personales sobre él. Eso no se puede negar.

―Me di cuenta de ello ―susurro.

―Olvídate de ella. Mejor ve y descansa un poco. Debes estar adolorida por todo lo que has corrido y mañana será igual o quizás más duro el entrenamiento. ―Casi me había olvidado de ello.

―Entiendo ―contesto disponiéndome a retirarme a mi habitación. Necesito pensar o quizás no debería hacerlo.

―Espera. Toma. ―Me ofrece la pequeña bolsa que recogió en la clínica―. No olvides ingerirlas todos los días.

―Está bien ―digo con una sonrisa forzada.

Aunque no debería importarme que tenga a alguien o que la ame, en realidad si me importa. Nunca he tenido nada con otro hombre, porque en términos estrictos Pen era solo un niño y lo más lejos que llegamos fue a un beso. Pero éramos solo niños fue solo en la mejilla. Sin embargo, ella ha dicho que la visitaba y viceversa. La imagen de esa vampiresa sobre Armen me provoca nauseas. Debo dejar de imaginar ese tipo de cosas.

 

Miro la puerta, que se ubica en la parte superior de la casa, justo en una de las paredes de la sala, y que conecta con los pasillos que conducen a las oficinas principales. La misma por la que llegue aquí y por donde cada tarde Armen aparece. Desde luego que él no caminaría por la plaza, cruzando el corazón del lugar para desplazarse. A veces olvido que él es la máxima autoridad de la cuidad. Alguien a quien maldije muchas ocasiones y que deseé que muriera. Suspiro y llevo mis rodillas a mi pecho, mirando a través del enorme ventanal. Este lugar es mucho más amplio de lo que creí. Por lo que pude ver esta tarde, son bastantes vampiros los que habitan dentro del muro, aunque no tantos como nosotros.

Escucho el ligero sonido metálico de la puerta al desplazarse y lo veo. Mi cuerpo se mueve por inercia, hasta que estoy de pie.

Lo miro expectante. Apenas hace unas horas que nos vimos y ya lo echaba de menos. Mis ojos recorren sus labios, que se curvan ligeramente al percatarse de mi mirada, pero no puedo evitarlo. Armen abre los brazos.

―Ven. ―Sonrió y sin dudarlo avanzo hasta que choco con su pecho. Lo abrazo con fuerza deleitándome con su olor.

―Te extrañe ―confieso sin sentir pena. Me sujeta de la cintura y me conduce hasta el sillón. Donde me hace colocarme sobre sus piernas.

―¿Cómo te fue hoy? ―inquiere observándome atentamente, como si quisiera comprobar que estoy completamente bien.



Isela Reyes

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En el texto hay: vampiros

Editado: 24.09.2018

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