La Mujer En Mi.

MIEDO

Lo peor que le pueda pasar a una madre, es saber, que sus hijos corren peligro. A partir de ese momento, tu corazón siempre late apresuradamente. Tienes que convencerte por ti misma, que tus hijos están bien. Pierdes la confianza, en todas las personas a su alrededor. Te vuelves obsesiva. Te crees, que la única persona que los cuida bien, eres tú.

 Si hasta ese momento, ellos ocupaban el noventa y nueve por ciento de tus pensamientos diarias. A partir de ahí, ocupan todo tu tiempo. Tus pensamientos. Tu respiración. Dejas de ser tú, para convertirte en la sombra de ellos.

 Eso, es lo que estoy pasando yo en estos momentos. Y aunque, veo a todos cuidando de ellos. Solo cuando los tengo bajo mi mirada, es que me siento realmente tranquila.

_ Bela, están bien los niños. Vete a trabajar. Cuidaremos bien de ellos. – me dice mi abu. Pasando una mano por mis hombros.

_ Abu, mejor me quedo a cuidar de ellos.

_ Bela, en la casa estamos todos. Tu padre, ha venido a quedarse con nosotros. Están tu abuela, Eugenia, y yo. Y cincuenta hombres, que no dejaran que nadie se acerque a ellos.

_ Pero abu.

_ Nada Bela, no puedes dejar que el miedo te domine. Recién empiezas. ¿Sabes cuantas amenazas de esas recibí yo, cuando tu padre era un crío?

_ ¿Qué? ¿Quieres decir, que seguirán amenazándome con mis hijos?

_ Si Bela, ellos son tus hijos, los nietos de tu padre y los bisnietos míos. Por solo eso, están en la mira de muchos enemigos. Sin agregar, que son los hijos de Christian.

_ ¡No debí casarme! ¡Nadie sabía de ellos! ¡Todo es mi culpa!

_ Bela, no es así. Un día, se hubieran enterado de ellos. La prensa y los enemigos, siempre lo hacen.

_ Pero ¿porqué?

_ Nunca te he dicho, ¿porque tus padresn te mandaron al colegio de monjas, y yo no me opuse? Fuen por este mismo motivo. Amenazaron a tu padre contigo. Teníamos que desaparecerte.  Sé que fue duro para ti. Pero, no tuvimos otra opción en aquel entonces.

_ ¿Me estás diciendo, que haga eso con mis hijos? ¡Desaparecerlos!

_ ¡No Bela, ahora estamos mejor preparados que en aquel entonces! ¡Yo juré, que haría todo lo que estuviera en mis manos, para que tús hijos no pasaran por lo mismo, y lo logré Bella! Pero, debes de continuar con tu vida. No debes dejar que el miedo te congele.

_ Abu, cuando me separo de los niños, creo que me va a dar un ataque. ¡El pánico se apodera de mi!

_ Bela, tú eres una mujer fuerte. ¡Tienes que demostrártelo a ti misma!

_ No sé abu, estoy aterrada. Tengo pesadillas, de que le cortan las manos a mis hijos cada noche.

_ Bela, te repito. ¡Eso nunca va pasar! ¡Tienen que matarnos a todos, para llegar a ellos!

_ ¿Y si me voy para el extranjero, a un lugar que nadie me conozca?

_ ¡No vas hacer eso! ¡Correrían más peligro! ¡No los podría proteger, como lo hago aquí!

_ Pero abu, ¡si lo hacemos bien!

_ Bela, ¿vas a estar escapando y huyendo la vida entera? ¿Esa es la vida que quieres para tus hijos? ¿Que crezcan temerosos y asustados? Porque, ¡ellos sentirán y se darán cuenta de lo que está pasando! ¡Y ese miedo que sientes tú, pasará a clavárseles en el corazón de ellos!

_ ¡No, no quiero que ellos sientan esto que estoy sintiendo abu!

_ Pero es lo que ya está pasando. ¡Míralos, no quieren ir a jugar fuera de la casa! Sólo te miran a ti, preocupados y asustados. Saben que algo está pasando. ¡Los niños pueden sentirlo!

Miro a mis hijos, que están tirados en el piso, no muy lejos de mi jugando, pero tranquilos. Ninguno de los dos, demuestra la alegría y la hiperactividad, que han tenido desde que llegamos aquí. Juegan casi en silencio. Y a cada rato, levantan la mirada hacia mi preocupados.

Y me doy cuenta, el daño que les estoy haciendo.

¡Yo, que soy la persona que más los ama en el mundo!

¡Que los debo proteger de todos!

¡No los he protegido de mi!

¡De mis miedos!

¡De mis inseguridades! 

Me dirijo hacia ellos.

_ Niños, ¿qué hacen aquí, porque no van a jugar afuera?

_ No mamá, ¡te asustas mucho, cuando salimos! ¡Mejor, nos quedamos aquí contigo!

_ No es así niños. Yo, me voy para el trabajo ahora. ¡Vayan con los abuelos, a montar en los ponis!

_ ¿De veras mamá? ¿Vas a estar bien?

_ ¡Si Lucas, estaré con papá!

  Se paran todavía con dudas, se abrazan a mi, para luego salir corriendo hacia donde se encuentra mi padre, sentado con mi abuela y Eugenia. Me giro para mi abu. Que me sonríe. Me acerco y lo abrazo fuertemente.

_ ¡Cuídalos bien abu! ¡Confío en ti!

_ Si mi niña, te prometo mandarte un mensaje a cada rato, para que sepas que están bien. Vete ayudar a tu esposo, que el trabajo lo está ahogando.



Bris

#54 en Joven Adulto

En el texto hay: mujer, amor, maltrato

Editado: 24.11.2020

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