Las Carolinas de Cydonia ~ Lésbico

5

Capítulo 5

 

La piloto Lora Harrison tiró de los controles para que el lighting girara evadiera el disparo de energía del asura. Katherine, que comandaba la nave tras ella, no tuvo la misma suerte y el rayo la golpeó en el ala derecha, causando una explosión en el turbopropulsor y en el compartimiento de los cohetes.

—¡No! ¡Katherine! —Gritó Lora con las manos temblando sobre los controles del ave. Forajido 2-3 se precipitó a tierra, convertido en una bola de fuego y terminó estrellándose en medio de una fuerte explosión.

No era la única víctima del ataque.

La invocación del asura había tomado por sorpresa a las hermanas de batalla. Los tres escuadrones, parapetados en la iglesia, disparaban desde las ventanas y trataban de mantener a la criatura a raya. Sin embargo, la dura piel del monstruo apenas cedía ante los disparos y las heridas de los rifles no le causaban más que una ligera molestia.

—¡A cubierto! —Gritó la capitana Kira al ver que el asura disparaba su cañón de fuego contra la iglesia.

Las Carolinas se tiraron al piso mientras la explosión hacía temblar las paredes y derribaba una de las torres. El edificio se estremeció y las antiguas columnas empezaron a agrietarse.

Serenity se levantó y apoyó el cañón del rifle. Reanudó los disparos, consciente de que no podría hacerle mayor daño al asura. Aquella bestia, invocada desde alguna parte del infrauniverso, estaba ahí sin otro objetivo más que el de dar su vida por la muerte de ellas.

—¡¿Qué hace un asura aquí?! —Preguntó una Carolina.

—¡Los fenrar lo invocaron!

—¡Esos malditos cabezones!

Las capitanas Kira y Atala se reunieron detrás de una pared. Serenity vio que faltaba una y corrió agachada hacia ellas.

—¿En dónde está Sofía?

—No lo sabemos —respondió Kira—. No hay respuesta de su radio.

La hermana de batalla retrocedió mientras negaba con la cabeza. La última vez que había visto a su ex novia, ella le había dicho que saldría a dar un paseo; y entonces, el asura había atacado. ¿Cabía la posibilidad de que estuviera peleando allá afuera?

—¡Tengo que ir por ella!

—¡Espere, teniente!

Ignoró los llamados de la capitana Atala y corrió hacia las escaleras. Salió de la iglesia  justo cuando el asura disparaba otra bola de fuego contra las hermanas atrincheradas en la posición. Serenity se tiró al piso y se cubrió la cabeza. Sintió el calor de las llamas incluso a través de la armadura y gritó de horror. Era la primera vez que presenciaba el ataque de un monstruo de tales magnitudes y no sabía si viviría.

Tampoco le importaba.

Corrió sin ningún rumbo aparente, pasando entre los escombros y cubriéndose en las esquinas. Algunos fenrar seguían en combate y empezaron a disparar sobre ella. Serenity se ocultó detrás de los restos calcinados del ave de Katherine y accionó su rifle. Liquidó al pequeño pelotón de grises y siguió avanzando.

—¡Sofía! ¡Sofía! ¡¿En dónde estás?! ¡Sofía!

No había ningún tipo de respuesta. De repente Serenity vio algo que le llamó la atención y corrió hacia él. Era un casco. El casco de la capitana Sofía.

—No… no, no, no. No, por favor.

Se amarró el casco a la cintura y miró en todas direcciones, temiendo encontrar el cuerpo de la mujer. No podía creer que ella hubiese muerto. No era posible. Sofía era una gran hermana y tenía un entrenamiento de elite. Ella podría contra cualquier enemigo que se le pusiera en frente.

Pero en el fondo, Serenity sabía que estaba equivocada.

Besó la estrella que le colgaba del cuello y sus ojos se llenaron de lágrimas.

—¡Teniente! —Le gritó Kira—. ¡Al suelo! ¡Van a bombardear la zona!

La capitana venía corriendo hacia ella. Era la única que había salido a buscarla después de su loca huida. Apenas la tuvo al alcance, la sujetó del brazo y se la llevó a un sitio seguro.

—¡¿En qué estabas pensando?!

—¡Quería encontrar a Sofía!

—¡Tal vez ya esté muerta!

—¡No puede ser verdad!

Las mujeres se refugiaron detrás de un vehículo volcado y esperaron.

Lora, cuya ave era la única que quedaba, disparó las últimas andadas de cohetes contra la espalda del asura y logró hacerle una herida de gravedad. Las alarmas de la cabina se encendieron y le avisaron de que toda la munición había sido usada. Los cañones estaban fundidos por el calor.

—Forajido 2-4. Retírese del área, de inmediato.

A regañadientes y frustrada por no haber podido vengar la muerte de Carolina, Lora tiró de los controles y alejó su lighting a máxima velocidad.

—Forajido 2-4. Distancia de seguridad. ¡Frían esa cosa! 

Dos kilómetros por encima de la ciudad, la nave de apoyo 66-spectre abrió sus compuertas de lanzamiento y apuntó al objetivo, cuyo fuego seguía castigando la iglesia donde estaban las Carolinas. Los seis cañones de 105 mm rugieron al accionarse y los proyectiles cruzaron el espacio aéreo para impactar contra la vestía.



Usher

Editado: 19.01.2021

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