Mi primer Halloween

Mi primer Halloween

31 de octubre de 2018 y yo nunca había festejado un Halloween anteriormente. Apenas si sabía más o menos de que se trataba, sin mucha profundidad, tanto que tuve que Googlear para saber si se escribía con dos “L” o con una sola.  Una noche de terror, no por haber quedado eliminados de una copa internacional una vez más en cuartos de final, eso ya no me asusta. La frecuencia con la que suceden las cosas hacen que perdamos capacidad de sorpresa o miedo frente a ellas. A un palestino ver caer una bomba a doscientos metros no le impacta de igual manera que a nosotros (mientras no le impacte en la cabeza claro). El resultado 1 – 2 global contra Fluminense de Brasil queda entonces como algo anecdótico únicamente.

No fue una noche de terror por ver a treinta mil personas disfrazadas de muertos con la camiseta de Nacional, saliendo del estadio e inundando las calles de tres colores. Hay que ser sincero, en la oscuridad de las calles montevideanas asusta mucho más una camiseta de Peñarol que treinta mil de Nacional. Vos vas caminando y ves un flaco con camiseta de Peñarol y en seguida cruzas de vereda. El pánico frente a la probabilidad de que sea un chorro es inmenso.

Tampoco fue de terror -aunque esto si es verdad me hizo sentir algo más cercano al miedo o por lo menos una sensación de tristeza- verme caminando hacia el estadio con una mezcla de atuendo deportivo por sobre la ropa de trabajo. Camiseta de Nacional arriba de la camisa formal y buzo de hilo, pantalón de tela y zapatos de cuero con los que suelo ir a trabajar. Imagen paupérrima para quien quiera ir a ver fútbol dentro de un marco de dignidad, y que para colmo se completaba con el gorro azul de “los 100 años” –cumplidos veinte años atrás- el cual denotaba el inexorable paso del tiempo, campera gruesa colgada del brazo para combatir el frío que se avecinaba –y se avecinó no más- paraguas para la amenazante lluvia que apenas se había hecho sentir durante toda la tarde y lo que es peor diarios viejos para limpiar, secar y cubrir el asiento del estadio. Durante todo el trayecto desde el auto al Parque Central se me fue reflejando la imagen de mi abuelo cuando yo era niño, él tendría unos sesenta años y yo lo observaba yendo al estadio con ese mismo atuendo. Imagen que provocó la misma cantidad de cariño por mi extinto y preferido familiar que de lástima por sentirme ya un viejo como él.

Lo que la hizo entonces una noche de terror y además algo increíble es que, ya terminado el encuentro y a pocos metros nuestro, se agarraron a las piñas dos tipos. Hasta ahí todo normal para una escena que se localiza dentro de un estadio de fútbol. Uno de estos tipos tendría 30 y algo y el otro no menos de setenta. Ya es increíble que un viejo de setenta aún tenga ganas de trompearse. Y más increíble que un tipo de treinta y poco lo siga en esa pavada sin racionalizar que es un viejo y lo deje delirar tranquilo sin abalanzarse sobre él generando la típica montonera. Pero más increíble y lamentable es que se agarren a las piñas POR ROLIN!!!! POR ROLIN loco!!!! POR ROLIN!!! Es indigno pegar una piña por ROLIN!!! Ni te digo recibir una piña por defender a Rolin. Te juro que yo si me como una piña por Rolin, me escondo un mes.

Y aún más increíble es que no fue en la "Amsterdam", fue en la "Platea América". Viejos cajetillas que pagan 5 palos el abono anual, peleándose por Rolin ... ¡a lo que hemos llegado! Porque, en años de ir a la “Amsterdam” vi adolescentes planchas totalmente drogados agarrándose a las piñas por las cosas más inverosímiles que se les puedan ocurrir. Necesitados de reforzar su personalidad o de descargar la energía de sus hormonas descontroladas hacia fuera de su cuerpo, y es algo que hasta podría aceptar como normal. Pero ver tipos ya grandes, viejos, de un extracto socio-cultural alto, agarrarse a las piñas, por Rolin, fue mucho más de lo que estoy dispuesto a presenciar. Al menos presenciar por mi sola voluntad. A veces te podes encontrar con un espectáculo así en la calle y no tenes más remedio que fumártelo, pero pagar para ir a un lugar donde ya sabes que es muy probable que veas cosas así, ya no. A vos te digo, hermano de mi alma, que hace ocho años volví a las canchas solo para compartir los domingos contigo, a vos te digo que fue lo último que pienso soportar, no voy más al estadio. Buscate otro perro que te ladre princesa.

Lo único bueno de la noche fue que la mantequita rubia que domingo a domingo se sienta dos filas más adelante de la nuestra, intentando la pobrecita salir despavorida de la riña que sucedía frente a sus bellos ojos negros, corrió desaforadamente hacia los palcos pasando a escasos centímetros de mí.  Siendo eso lo más cercano de ella que podré estar en mi desdichada existencia. Al pasar como una ráfaga en procura de alejarse de los energúmenos especímenes que se amontonaban unos sobre los otros, fue dejando con su pelo lacio y rubio al viento una estela con aroma a perfume y champú que me alegró, al menos en parte, la noche de terror vivida en el Gran Parque Central aquel 31 de octubre en mi primer Halloween oficial.



Carlos Silva Cardozo

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En el texto hay: halloween, futbol, humor

Editado: 23.08.2019

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