Miedo a las alturas

EL AUTOPROCLAMADO MEJOR DÍA DE TU VIDA

—Si no lo era obvio antes, ahora lo es.— Iris miró a Logan sin saber de qué hablaba—. Estás jodidamente demente.

—No, no lo estoy.— ella se negó a romper su sonrisa—. Y si lo estuviera, entonces es una locura por la que tienes que agradecerme.

Él esbozó una sonrisa como respuesta pero lo borró de inmediato al recordar lo molesto que aún se supone que estaba.

—¿Por qué me seguiste?

Sus alas sonaban como hojas siendo golpeadas por el viento.

—Vi que necesitabas a alguien y pensé que ese alguien podría ser yo.— Logan resopló pero ella sin darse por vencida siguió hablando.— Me gusta observar a las personas y… vi como te esforzabas para no lucir tan devastado. Pensé…

Sabía que ella deseaba lo mejor, pero igual detestaba lo que le decía. Detestaba que vieran a través de él. Transparentarse lo podría destruir en un minuto.

—No quiero ser grosero pero, ¿Qué te hace pensar que te necesito?

Ella bajó la cabeza. El mensaje era claro. Ella esperó por un rato, esperando que aquello cambiara, pero nada daba indicios de ser una broma. Derrotada se dio la media vuelta y se marchó.

Al verla marcharse, algo fronterizo se prendió dentro de Logan. Algo que bordeaba la pena y la compasión. A lo mejor sí necesitaba de alguien. ¿Por qué rechazar una buena oferta? La sensación molesta en su estómago volvió a aparecer. Miles de arañas que recorrían su tracto digestivo desde adentro.

—¡No!— la tomó de la manga de chaqueta y relamió sus labios secos por el frío recordando su nombre—.¡Iris, quiero que te quedes!

—Dilo de nuevo.

—Dije “Iris, quiero que te quedes”.— ella asintió y disimuló la emoción mientras se unía a sus pasos. Él exhalaba dejando un halo en el viento.

—Yo sólo sé que estás mal y trato que dejes de estarlo.

—¡Apenas me conoces!— Logan recalcó confundido—. Uno usualmente no quiere elevarle la moral a alguien que no conoce.

—Se conocen a las personas de distintas maneras.

—¿Qué significa eso, siquiera?— él frunció el ceño—. No tienes idea de lo que acaba de pasar. He esperado años para volverlo a ver. Jodió mi vida y cree que puede comprarme con un fajo de billetes de veinte libras.

Logan sacó los billetes de su parca y los estrujó, sin embargo sin la fuerza necesaria para romperlos. Ella lo miraba con atención.

—Lo entiendo.— ella susurró, cosa que le molestó.

¿Cómo se atrevía? ¿Cómo alguien demasiado puro podía entender algo así? La veía tan limpia, inmaculada que no entendía qué podía saber de la rabia y de la tristeza.

—No, me has escuchado pero no lo entiendes.— él batalló para no levantar la voz—. He buscado y encontrado a mi padre en el rostro de cada hombre que ha aparecido en mi vida. No porque realmente creyera que era él, sino porque los encontraba parecidos. Y al fin lo encuentro, pero es una cáscara  soberbia que no quiere saber nada de mí y no entiendo qué hice.

Iris se mantuvo en un silencio reflexivo.

—Eso duele, pero no significa que nadie más te vaya a querer.— ella intentó tomarle de la mano, pero él se sobresaltó y la apartó en un instante. No pretendía ser brusco pero lo habían tomado de sorpresa—. ¡Dios, a mí me encantaría saber quien es mi papá! Apenas sé su nombre. Thaddeus. Dime. ¿Qué tanto se puede saber de una persona por su nombre? Yo sigo en las mismas.

Logan siguió peleando la urgencia de llorar.

—No dejes que eso te afecte, vales mucho más que lo que alguien de su índole te puede ofrecer.— ella ofreció con una amable sonrisa.

Pero para ella era fácil, razonó Logan. Ella no lo había tenido así que tampoco caminaba por allí sintiendo que había perdido algo.

—No sabes de mi valor, me conoces de una noche.

—¿Por qué eres tan cínico? Confía en mí, sé de un par de cosas que tú no.

Él asintió, sabiendo que contradecirle era una pérdida de tiempo y aliento.

—Según tú, señorita observación aguda. ¿Qué sugieres que haga?— él preguntó con la esperanza secreta de que le resolviera la vida.

—No tengo ni la más mínima idea de lo que es tener una familia. Peor una funcional. Es tonto pretender que un puñado de palabras lo sanaran. Pero sé de algo que podemos hacer…

Los ojos de Iris se iluminaron ante lo que ella consideraba una gran idea. El dolor se podía ignorar.

—¿Y eso sería?—. Logan se estaba preparando para lo inverosímil como viajar a Gales en globo aerostático o ir a la casa de unicornios. Con el halo de fantasía que se desprendía de ella no le extrañaría que saliera con ideas de ese tipo.

—Te regalaré el mejor día de tu vida.



Paula Barona

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En el texto hay: amortoxico, angel, amor

Editado: 03.06.2018

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