Nacidos entre las sombras, Libro 1.

Capitulo Treinta.

Ausencia.

 

Tres meses pasaron antes de que Alekssandra e Iris pudieran regresar al Vulpak, en el ataque la que se había llevado la peor parte había sido Iris. Ambas estaban convalecientes, estarían en cama por un par de semanas más, quizá... Los médicos sanadores de la manada trabajaban en ellas cada noche, eso aria que estuvieran en pie antes.

 

Tenía cerca de tres noches de no verla... No es que no quisiera, no podía.

 

Le había fallado, había estado tan inmerso en auto compadecerme que le falle, no vi el riesgo que se cernía sobre ella. Las cosas estaban peor de lo que jamás podré haber imaginado, comencé a duda de la manada. Dudaba de la lealtad de mi gente, de los que tenía a mí alrededor; incluso en algún momento me sorprendí dudando de Aleck e incluso de Adrik...

 

Sí, esa era quizá la peor mierda.

 

Las semanas que mi alma estuvo internada en el hospital fuero.... Desquiciantes, no es la palabra que más les define, pero la única que en este segundo se me ocurre. En una ocasión en medio de una reunión con algunos nuevos futuros miembros del Vulpak, y sin aviso, ni intención me convertí en un Lobo de orejas a cola. Pude sentir el miedo y sorpresa de todos ellos por mi acto de "presentación", después de ello tuve que desaparecer por un par de días, sólo salí de allí y me fui... Me escondí en la casa de mis padres.

 

Un par de amaneceres después seguía encerrado allí, me cerré a la manada, no había como se comunicarán conmigo.... O eso creí. ¿Desde cuándo era tan crédulo?

 

Estaba en medio de la cocina comiendo... Bueno... Los Lobos también comen... Y el conejo estaba delicioso, fresco, caliente y... Vivo.

 

—Te dije que estaba aquí, y creo que le falta un baño.

 

Dimitri estaba recargado Perezosamente en el umbral de la puerta de la cocina, Adrik estaba detrás de mí.

 

¿Cómo—demonios—llegó—allí?

 

—Lo que vamos a hacer es ponerle un collar de castigo para enseñarle nuevos trucos— Comentó Adrik

—Además de una mejor correa.

 

No había humor alguno en la voz de ellos, y sabía la razón, estaban furiosos conmigo por haber desaparecido de ese modo. Pero, ¿Quién podría entender por lo que estaba pasando? Ni siquiera yo sabía qué demonios estaba sucediendo....

 

"¿Qué demonios están haciendo aquí?"— Les interrogue a través de la senda telepática que compartía con ellos.

 

—Venir por nuestra mascota— Siseo Adrik.

 

El gruñido salió de mi garganta sin poderlo detener, en ese momento se estaban convirtiendo en una amenaza para mi paz mental, una paz que sólo había alcanzado siendo quién había sido... Un Lobo solitario.

 

—¡Basta! ¿Qué demonios están haciendo?

 

Mi corazón literalmente se detuvo, en la puerta de la entrada estaba Alekssandra, se veía cansada, respiraba con mucha dificultad, sus heridas apenas estaban sanando. Vi como sus ojos se serraron cansados, y estaba a dos segundos de desvanecerse. Sin pensarlo y cambie de forma y la atrape en los brazos, con el corazón en la garganta.

 

—Anima mea, ¿Qué estás haciendo aquí?

—Obligue a este par de testarudos a traerme.

—¿Por qué?

—Por qué deseo regresar mi corazón a casa.

 

De pronto las lágrimas se agolparon detrás de mis ojos, un inmenso nudo se formó en mi garganta. a levante en mis brazos y me dirigí con ella a la habitación principal de a casa, ella rodeo mi cuello con sus brazos, pero podía sentir su debilidad. La recosté en la cama y detrás de nosotros entraron Dimitri y Adrik, serios y en completo silencio.

 

—¿Cómo los obligo a venir?



C. L. Hoffnung

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En el texto hay: lobos, magia fantasia

Editado: 07.11.2018

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