No me odies #5

Capítulo 21

La frustración era un sentimiento que había sentido a menudo, sobre todo, cuando había sido testigo del romance de su hermana con Charles. Sin embargo, esa noche fue ella quién le paró los pies sin saber qué podría haber pasado. Seguramente, él había sentido lástima o pena cuando la vio, de ahí que la consolara y había tenido el impulso de...

¿Besarla?

Nunca lo sabría, si él la habría besado finalmente o había sido un posible espejismo por parte de ella. Lamentablemente, el recuerdo se quedó en un efímero y cálido consuelo. Seguía siendo un caballero, y se imaginaba, que él había intentado animarla como lo haría otro hombre con cualquier otra dama que hubiera estado en su lugar. Ese pensamiento la decepcionó, pero no podía obviar que la imagen que le devolvía el espejo, era una imagen calcada a su hermana. Eso era algo que iba a tener toda la vida. Era gemela de Bryanne. No podía pedir peras al olmo. 

Esa noche quedaría en su mente como otro recuerdo más mientras su vida continuaba en una aburrida monotonía. Por otra parte, no había podido ver a Charles desde el concierto privado. Desconocía cuándo lo iba a ver porque se había ido a una conferencia de medicina en Oxford. Así se lo hizo saber la señora Joyce en una nota que le envío. Esto le mostraba que él se había tomado en serio su petición que no le enviara más correspondencia. Le daba la sensación que sin quererlo, había vuelto al punto muerto que estaba antes. 

Entretanto trataría de que no le afectara la ausencia y cumpliría con su deber. Esa mañana su madre le había recordado su cita con la modista para la elección y confección del vestido de novia. 

<< Su vestido de novia>> 

Era un paso más a la ceremonia  que se daría lugar en menos de un mes. Intentó que la presión no la aplastara. Sin embargo, sabía que su vida cambiaría cuando diese el sí quiero y ya no vería más a Charles. No lo vería por las mañanas en el East End, no sería más testigo de cómo cuidaba y curaba a sus pacientes; la sonrisa amable que les dedicaba, la generosidad, su cuerpo... ¡Basta, Clare!

— Hija, le he pedido a tu hermana y la tía de tu esposo, que viniesen — dijo su madre apartándola de sus pensamientos. 

Sería un momento de lo más agradable que compartirían. 

—¿Bryanne? Aún está cuidando de su hija — le extrañaba que ella hubiera accedido a ser partícipe de su boda.

  —  No importa, viene con la niñera. Ella te conoce mejor que yo y puede ayudarte a elegir el vestido.

—  Sí, madre — aceptó, aunque no compartía con su opinión. 

Tampoco había visto su hermana desde la última vez que tuvieron esa extraña conversación, de la cual ella se disculpó. Ya estaban en la tienda cuando ella llegó junto con la presencia de la tía Erikson. Su hermana la abrazó, sorprendiéndola aún más.

  —  Hola, hermanita. Ahora te toca a ti pasar por el momento más importante, el elegir el vestido de novia — le susurró antes de apartarse —. Vas a estar esplendida cuando vayas al altar.

Ojalá tuviera esa efusiva ilusión. Se centró en esbozar una sonrisa y saludar a su sobrina, que era una preciosa muñeca.

  — Hola, Lilibeth. ¿Puedo cogerla?   — su hermana asintió mientras su madre fruncía el ceño.

Besó la cabecita de su sobrina. Ella gorgoreó ante su atención y demandó más con sus bracitos gorditos pequeños. Estuvo un rato más con ella antes de devolverla a su madre. 

  — Buenos días — le tocó a saludar a Margareth, que le respondió con un frío beso en la mejilla.

—  Mi sobrino le encantará el vestido que elijamos para ti.

Le chirriaron los oídos. ¿No iba a ser su vestido?, ¿No lo tenía que escoger ella?

La modista salió rompiendo el momento tenso que se había generado. Pidió a la futura novia que pasara a una sala mientras los parientes podrían esperar en otra. Lo prefería así porque no quería tener cuatro pares de ojos, encima de ella. No podría soportarlo. Entró en una habitación que era una especie de vestidor, donde en el centro, había una tarima circular, en una pared había un espejo y a un lado, una baranda horizontal cor perchas vacías.

— ¿Tiene alguna preferencia de tela, seda, crepé, tul, satén...?, ¿color?

—   No tengo ninguna   — nunca se había sobresalido de los colores grises o marrones, realmente, nunca se había atrevido con un color bonito. 

— Veremos lo que le podemos traer. Puede esperar aquí mientras una de las dependientas le saca los vestidos. No se preocupe por las medidas, luego se hacen los convenientes arreglos. Puede desvestirse.

  —  Gracias. 

Deseaba acabar cuanto antes con ello. Presentía que iba a ser un infierno. 




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