No me odies #5

Capítulo 28

Charles Caruso tenía muchas cualidades; nadie le podía acusar de ser un libertino, un egoísta o una persona ingrata. Si alguien echaba a su pasado relucir, no se podía decir que había sido un asesino. Solo un pobre ladrón. Teniendo en cuenta su trabajo, no podía dejar a una persona herida o no curada.

Pero, también, como persona no deseaba cualquier malestar o enfermedad a nadie. Sin embargo, esto último se podía coger con pinzas porque había deseado que el matrimonio de su amigo, el traidor, y su antigua amada fuera a pique. En ese momento, tuvo la oportunidad de sacar su lado oscuro. En ese tiempo, cegado por el dolor y el odio, creyó ser otra persona que desconocía. Sí, había sido un completo desconocido de sí mismo que solo había sentido únicamente la lacerante traición como veneno ardiente corriendo por sus venas. Si no fuera por su ambición de alcanzar la meta de ser médico, hubiera caído en un profundo círculo vicioso y dañino.

No estaba orgulloso de esa etapa de debilidad. No creía que dichos sentimientos regresarían a él. Sin embargo, las garras de los celos, de la envidia y de no ser un caballero volvían a apoderarse dentro de él. Ahora por otra mujer. La hermana de la traidora. Dos caras iguales, pero diferente fondo.

Nunca había pensado que podría sentir un profundo afecto hacia Clarette.

Mentía, se corrigió a la vez que se alejaba de su reflejo, que se podía ver en la ventana de su casa del East End. No solo sentía un profundo afecto. Era algo que se le escapaba. Sentía mucho más por ella. No podía definirlo con palabras y tenía miedo de ponerle nombre. Porque sí lo ponía, estaría perdido. Hasta podría ser la destrucción de lo que había construido durante muchos años. La serenidad volaría por los aires. El control se haría añicos. El sosiego desaparecería, volverían a salir los pequeños monstruos, pero estos monstruos no eran los típicos espeluznantes que salían de las pesadillas. Estos eran otros, nacidos de la aflicción.

Apretó el puño y lo abrió. Varias veces. La tensión le estaba pasando factura. Intentó tranquilizarse sentándose en el sillón, pero no lo conseguía. No cuando su mirada estaba puesta en el reloj que tenía enfrente. Daría las cuatro de la tarde, ella no aparecía.

¿Se le había olvidado su encuentro?, frunció el ceño sin apartar la mirada azul de las manecillas.

Quizás, podría haber tenido un percance o lord Erikson la había visitado, cancelando cualquier posibilidad de verse, su mente estaba siendo muy divertida con él. Tamborileó los dedos sobre el brazo del sillón, muestra que no estaba contento. El hecho de pensar que la mujer estuviera con su prometido, le revolvía las tripas.

Las zarpas llegaron hasta él, cogiéndole. Los sentimientos perversos volvieron. Solo por una mujer. Ella, Clarette.

***

El deseo de verlo había sido más fuerte que mantenerse quieta e ignorar la cita, que había acordado con Charles a través de las cartas. No podría haberse quedado en su habitación, donde su corazón le achacaría el error que estaba a punto de cometer sin que nadie le pusiera remedio. Nadie podía pararlo. Se iba a casar en dos días. Los preparativos de la boda continuaban. Su madre se encargaba de ello. No había minuto que no se lo recordaba. Solo su padre se mantenía en un segundo papel en ello. Por otro lado, Erikson que era su prometido parecía que quería seguir con ello. No le atraía la idea que la ceremonia se cancelara porque perdía la dote prometida.

Antes que apareciese Charles, no había tenido dudas. Era una boda de conveniencia como muchos matrimonios acordados. Nadie iba a salir perjudicado; era un acuerdo que cualquiera de los dos saldría beneficiado. No se amaban; no se profesaban respeto o afecto. Ni siquiera eran amigos. Eran simples empresarios de sus vidas. Él quería su dinero; ella, no tener el estigma de ser una soltera por vida. Aunque esto era la punta del iceberg; lo hacía para perdonar sus propios pecados, que no era uno solo. Eran muchos. Empezando por haber deseado en secreto a Charles, el antiguo prometido de su hermana.

Desde un principio, su plan era casarse con Erikson. Era así. Sin embargo... le estaba costando seguir adelante. No podía poner una sonrisa falsa delante de sus padres sin sentir que era una mentirosa, sin sentir que era una miserable. Para nada era una dama decente. No lo había sido, aunque su madre había intentado que fuera una dama, cuya sangre azul no existía en sus venas. Era demasiado tarde para volver atrás.

Era demasiado tarde desde el momento que quedó cautivada por él, desde que se enamoró perdidamente. Por eso, en vez de estar en su casa, como novia aguardando y respetando a su futuro marido, estaba yendo hacia los brazos de Charles.

Si su corazón no hubiera saltado en un precipicio que no había salida o escapatoria; si su corazón no hubiera brincado de alegría con una sola mirada de él, si no hubiera sentido viva con solo su presencia...  

***

Respiró hondo, y cogió la llave que hacía semanas el dueño le había dado, parecía años desde aquello. Abrió la puerta y se encontró con la penumbra del interior. Cerró la puerta bien antes de girar y mirar las escaleras que se extendían a un lado del edificio. Se ajuntó más las solapas del abrigo. No podía decir que allí hacía calor. Se respiraba un ambiente casi helado. Empezó a caminar mientras el nerviosismo se apoderaba de ella. Subió los escalones dirigiéndose a él. Los latidos de su corazón tronaron en sus oídos, sonando como tambores. No escuchaba ningún ruido; solo sus latidos. Tocó la puerta de madera, que se abrió con un chirrido. Esperando a verlo, asomándose por la puerta, se topó con el salón alumbrado con las velas, pero sin rastro de él. El cambio de temperatura la azotó. Pudo atisbar que el fuego refulgía en el hogar. Antes de darse cuenta, una fuerza superior a ella, la obligó a darse la vuelta y chocar con su cuerpo. Podría haber gritado asustada, pero no lo hizo porque el hombre se ocupó de ello.




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