No me odies #5

Capítulo 33

Bryannne vio como palidecía su hermana al escuchar el espantoso rumor, que parecía ser que estaba corriendo por todo Londres, o pronto lo sería. No había rumor que no se corriese tanto en esa ciudad, tan discreta y correcta. 

 Se imaginó la indignación de su madre al enterarse, era compresible su desmayo. No habría soportado que lord Erikson no haya querido participar en el compromiso. Miró a su hermana, y se preocupó.  Le pidió a la doncella de ella que fuera ir a la cocina mientras ella la cuidaría. 

  — Mantente en la habitación. Si madre  se ha despertado de su desmayo, estará alterada. Al igual que padre. Es mejor que no te vea, si no quieres empeorar más la situación.

Ella asintió al sentarse en su cama ya que no la sostenían las piernas. Temblaba como una hoja. 

— Aún no me lo creo — pudo escuchar de su hermana ya que había susurrado.

Acunó a su hija mejor en su brazo mientras iba hacia Clare que tenía la mirada perdida.

— ¿Por qué se ha tenido que pelear el señor Caruso con Erikson?

— Clare, ¿en vez de preguntarte por eso? No deberías pensar el porqué ha corrido ese rumor. Alguien más lo sabía a aparte de yo, que me lo contaste ayer.

Su gemela negó con la cabeza y se mordió el labio.

— Nadie lo sabía. Podría ser que él lo dijera en un arrebato de venganza —se encogió —. Podría ser capaz dado su odio hacia a mí.

— Estás en una situación muy difícil, Clare. Él no tiene perdón si lo ha hecho movido por la venganza. Quiero pensar que no lo es. 

  — Cuando descubrió la verdad, se sintió tan engañado y defraudado — se le llenaron los ojos de lágrimas —. Creo que pueda llegar a ese extremo. Me temo que le dijo lo nuestro a Erikson, este se enfadó. Fue así cómo ocurrió. ¡Ya no soy una mujer decente!

  — Por favor, no lo digas —  intentó que no se echara más piedras en su tejado. 

— ¡Levántate! — sorprendidas vieron a su madre entrar. Se le notaba que estaba enfadada.

Bryanne puso una mano a Clare para que no lo hiciera.

— ¡He dicho que te levantes! No te me pongas en mi contra, Bryanne cuando hemos hecho muchas cosas por tu bien.

— No quiero que le hagas daño.

— ¿¡Daño!? ¿El que ha hecho tu hermana a nuestra familia liándose con ese pobre diablo de Caruso? Un hombre cuya sangre es roja. No —se dirigió a su otra hija, que no se levantó —. Bien, si no te levantas y te vistas, haré que te obliguen a hacerlo. Tu padre ha ido a hablar con Erikson, y esperamos que te cases antes de mañana. Por lo demás, nos ha defraudado. No eres nuestra hija.

  — Lo siento, madre.

— ¡No hables de perdón cuando eres una pecadora! Nos has mentido, ¿cómo pudiste Claire? Espero por tu bien que ese rumor sea un simple rumor, no haya ido a más. 

— ¿Qué me harías si fuera verdad? — la desafió sabiendo que sería poner aceite en el fuego.

Su madre se acercó peligrosamente a ella y levantó la mano con la evidencia de darle una bofetada. Pero Bryanne se lo impidió poniéndose delante de su hermana. 

Lady Rawson se llevó la mano al pecho, y se fue ofendida. Antes de irse, exclamó:

— Si tu padre consigue convencer a Erikson, reza que sea así, te casarás hoy mismo. 

— ¡No!  ¡No quiero casarme!

La mujer se volvió al escucharla.

— ¡Te casarás! Al menos lo harás, si no quieres que la imagen de tu familia esté en el fango. El rumor, dichoso rumor, te ha puesto en el punto de mira de nuestros vecinos. No precisamente para  bien. ¡Y, Erikson! Lo que estará sufriendo. Imagínate un duelo. Caruso es un desgraciado y un sinvergüenza, qué mentira habrá dicho para que el pobre te defienda.  

  — No es un desgraciado. Es médico y un buen hombre.

Debería haberse callado porque su madre, rápida como un rayo, fue hacia ella, y esta vez que su hermana no lo pudo impedir, le dio una bofetada.

— ¡No! No menciones ese nombre — Clare no entendía esa aberración hacia él —. Él nunca será bueno para esta familia aunque sea hermano de la duquesa. Espero que le pidas a perdón a lord Erikson, y agradezcas a tu padre el esfuerzo que está haciendo para que el compromiso siga adelante.

Clare sintió como una soga se apretaba en su cuello. No amaba a Erikson. ¡No lo amaba a pesar de que Caruso la odiaba. 

  —  No te lo repito más, vístete — salió por la puerta.

  — Bry, no quiero casarme. 

— No lo harás. Te lo prometo — se fijó en la mirada de su gemela, vio una firmeza que hasta la sintió hasta ella —. Mamá se equivoca; y encima... Mira lo que te ha hecho — refiriéndose a la mejilla lastimada.




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