No quiero solo un verano

8

Ahí se nos pasó la hora, reímos y hablamos, nuestros padres eran los más felices, en realidad Eduardo y yo no tenemos intención de llevarnos mal.

— ¿Te gusto la comida? — Preguntó Eduardo curioso.

—Me encantó. Mamá solía decirme que la comida peruana era deliciosa y tenía sabores únicos. Lo estoy comprobando—Sonreí.

—Uff te falta mucho por probar y conocer.

Caminamos de vuelta a casa ya eran casi las 3, la hora de mis clases de natación.

No sé si pueda intentarlo, mi temor puede más que mis ganas de aprender, pero ahora estoy súper motivada de hacerlo. Pero ver a mi padre feliz me entristecía, porque Eduardo estaba más pronto en convertirse en mi hermanastro y empezaba a sentir esto que no es correcto… tengo novio y esto no está bien.

Llegamos a casa y luego de colocarme el traje de baño, cogí el celular para ver algunas notificaciones y los mensajes de Priscila. Sí que estaba ansiosa por saber más y más de Eduardo. Pero la noticia que le daría no era precisamente la que deseaba saber. No obstante tenía que contarle lo que estaba pasando; no podía sostener más mi corazón. Hasta el momento lo había tomado con calma, pero moría de la angustia.

Dejé el celular y bajé a la primera tortura de las muchas que vendrían; lo difícil no es aprender a nadar. Es recordarme que tengo novio mientras miro sus ojos.

 

•| Días después |•

Estar cerca de Eduardo me descontrola, no puedo evitarlo, cuando siento sus manos sobre mi cuerpo una electricidad indescriptible acelera frecuencia cardiaca. Esos ojos negros de mirada penetrante me envuelven en un sueño imposible que me olvido del tiempo.

No voy a negar que cuando estoy con él, Emmanuel sale de mi cabeza. Eso me inquieta mucho, estoy enamorándome de quien no debo ¡Dios! pero es imposible no llegar a sentir algo por un hombre como Eduardo; no es un Adonis; Emmanuel a su lado es un príncipe azul ¡Mierda!  Estoy comparándolos.

Pero existe ese algo en Eduardo que descontrola mis sentimientos. Su voz es melodía para mis oídos y el roce de sus manos son candela para mi corazón. ¿Por qué ya no he sentido esas cosas con Emmanuel? Priscila expresó que lo nuestro era rutina, que no nos amamos, que solo hacemos la bonita pareja de la universidad. Quizá tenga razón, por eso siento que mi corazón se hace añicos cuando Eduardo me sonríe y clava esa mirada profunda en mis ojos.

Estaba perdida en mis tontos pensante que no oía lo que decía, en eso me soltó y resbale cayendo al fondo de la piscina. Me asusté mucho, la desesperación se  apoderó de mí ser, tragué agua hasta por la nariz, me saco rápidamente sujetándome fuerte por la cintura.

— ¿Estás bien? ¿Pensé que estabas listas para dejarte sola?

—No vuelvas soltarme—Coloqué un brazo alrededor de su cuello sin querer, mientras me sonaba la nariz con una mano.

—No lo volveré hacer lo prometo—Sonrió, apretándome contra su cuerpo.

Llevé mi otro brazo a su cuello y me perdí en su mirada por unos segundos, él tragó saliva y se acercó un poco más, a pocos centímetros de mi cara, mis labios involuntariamente se entreabrieron. Su mirada estaba llevándome al cielo. No hacía falta pronunciar una sola palabra, se estaba tejiendo una escena romántica que solo llevaba a un beso. Se fue acercando un poco más que sentí su aliento en mi cara. Sus manos recorrían mi espalda haciéndome estremecer, cuando sentí que rozaba mis labios, sonó el maldito celular, era una llamada entrante ¿Quién diablos seria?  Me ayudó a salir de la piscina y mientras secaba mis manos la llamada se cortó, era Priscila, seguramente volvería  a marcar. Eduardo se sentó al borde de la piscina, con mi celular en la mano me acerqué y me senté a su lado, dejando el teléfono sobre una toalla detrás de mí. Estuvimos unos segundos en silencio, hasta que me removió todo con su conversación.

— ¿No te parece una locura que nuestros padres se casen?

—Es su manera de decirse que se aman, aunque yo me conformaría con estar con el hombre que amo sin ataduras —Sonreí.

—Te corres al matrimonio. —Dijo mirándome.

—No necesito de un matrimonio para vivir feliz, con el hombre que descontrola mis sentidos —dije casi susurrando. En verdad me descontrolaba el tenerlo tan cerca.

— ¿Te has enamorado alguna vez? —dijo lanzándose al agua. Se puso delante de mí y me jaló de las piernas, no me esperaba eso y me asusté. Me sujeté de su cintura. Quizá quería que pasara eso. Me miró sonriendo dejándome flotar en sueños locos.

— ¿Tienes novio? —susurró mordiéndose ligeramente su labio inferior.

¡Rayos! Lo seguí mirando sin decir nada, que ganas de decirle que no, estaba a punto de hablar cuando sonó mi celular.

—Parece que alguien está muy preocupado por ti. —Sonrió ayudándome a salir.



Deysi Juarez (Dama de Hierro)

Editado: 05.10.2020

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