Princesa fugaz

6.- La promesa

 

—Dime que no estuviste todo este tiempo en la biblioteca en lugar de arreglarte —dice Suki sentada en el banco frente al tocador cuando entro en mi habitación. Su habitual pelo desordenado lleno de rizos y ropa deportiva a desaparecido, dando lugar a una melena lacia.

—Quería terminar de hacer mis deberes para el lunes.

—Entonces podrías venir conmigo y visitar los distintos festivales que hay en la ciudad; ya sabes por el otoño —dice mientras le da un retoque a su maquillaje.

—No, tenía planeado terminar de leer un libro —digo encogiéndome de hombros.

Suki se gira y pone de pie, el vestido de seda negro entallado permite entrever su envidiable figura llena de curvas.

—Si te hace feliz quedarte en la biblioteca, no te lo impediré.

Una canción de rock inunda el ambiente; es la melodía del móvil de Suki. Ella se apresura en contestar.

—¿Padre? ¿ya estás aquí? —dice contenta—. Ya voy para allá —cuelga y se dirige a mí—. Perdona, no podre arréglate —dice entre apenada y emocionada.

—¿Acaso no tengo manos? —digo sonriendo—. No te preocupes ya lo hago yo sola.

—La próxima ocasión yo misma me encargare de vestirte y maquillarte no creas que te has librado de mí —dice dándome un beso en la mejilla y saliendo de prisa—. Además, Crystal está pensando seriamente en conseguirte un novio para que por fin dejes los libros, no creemos que Ian sea bueno para ti.

—¿Qué? —pregunto desconcertada.

—Nos vemos en la ceremonia—grita ya fuera de mi habitación.

En apenas unas semanas Saki se volvió en la mejor amiga que una persona podría tener y Mateo se portaba de una manera bastante amable. Lo negativo de estar cerca a ellos era su amistad con Ian, a pesar que trataba de evitarlo no pude; sucedió rápido cuando me preparaba para comer mi delicioso almuerzo se sentó frente a mí y sin darme tiempo a escapar explico que el año anterior casi no asistió a clases por los negocios de su padre y que no sabía de mi regreso al Instituto después de varios años. No le creí, recuerdo claramente cuando Lana y sus amigas tiraban de mi mientras hacían que me arrodillara mientras untaban en mi pelo miel, yo trataba de zafarme, pero no podía, levante la vista y lo vi, el cruzó la mirada conmigo y simplemente siguió con su camino, como si yo no existiera.

Me meto en el vestido crema de seda forrado con encaje y con mangas tres cuartos; defino un poco más mis ondas y me aplico un poco de maquillaje, unos aretes pegados a la oreja con piedras blancas y unos tacos cremas.

Suena mi teléfono y escalofrió recorre mi cuerpo: ya se quién es.

—Te estoy esperando —dice con voz gélida—. Espero que no me hagas quedar en ridículo.

—Ya voy —contesto.

.

.

Camino lentamente mirando el cielo sin estrellas y repleto de nubes negras, me detengo cuando llego a las escaleras que llevan a la entrada del Gran Salón. Los lujosos autos ya han sido estacionados mientras que sus ocupantes pasean por las escaleras cubiertas con una alfombra roja y se reúnen con sus hijos dentro.

Escucho pasos detrás de mí, se quién es cuando el aroma de whisky inunda mis fosas nasales.

—Ya estás aquí —dice despectivamente apareciendo por mi espalda. Veo algunas de sus canas por el brillo las lámparas

—Padre —logro articular

—¿Ese era el único vestido que tenías? Te ves patética —dice asqueado mientras sube por las escaleras. Aprieto los manos tanto que mis uñas, que son cortas, se clavan en la palma de mis manos y sigo sus pasos

Los asistentes hacen una reverencia cuando ven al rey para luego tomar asiento en sus respectivas mesas. Los periodistas ubicados en el fondo de la sala se apresuran a tomar fotos a todo el lugar.

Veo de reojo a mi padre que bebe ávidamente más y más copas de whisky. Giro nuevamente para ver al rey y poner atención a su discurso sobre lo importante que somos los jóvenes para el país.

—Mi hijo, joven igual que ustedes, estará feliz de tenerlos a su lado para gobernar este país —dice el rey Sorem, pero se oyen susurros desde el fondo como: «¡Díganos quien es el príncipe!» o «¡Ni siquiera sabemos si existe un príncipe!».

Observo como mi padre se burla por lo bajo y mira con tirria al rey.

—Presentare pronto a mi hijo—dice el rey levantando la voz un poco para que los murmullos cesen, cosa que logra—. Existen insurgentes que creen que el país se ha debilitado, pero no tienen idea de que el país se fortalece —aspira aire y continua—. Con la premisa de hacer al país cada vez más fuerte se ha llegado a la conclusión de casar al príncipe. Espero presentarles a la familia real el día de mi cumpleaños.



Beth Sechs

Editado: 20.02.2021

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