Promesa de amor (#1.0)

Capítulo Nueve

12 de junio de 2009

Tomo las hojas esparcidas en el banco intentando ordenarlas antes de meterlas en mi mochila, debido a mi despiste al final de la clase seré una de las últimas en salir.

Arrugo un poco la nariz al recordar en lo que estaba pensando y en como no recuerdo demasiado de las últimas explicaciones del profesor, tendré que intentar hacer memoria después.

Camino a paso lento mientras froto mi sien con la punta de mis dedos en movimientos circulares, como si esa fuera la técnica para eliminar los pensamientos que no quiero en mi cabeza. A pesar de que la acción no ayuda, las murmuraciones del grupo de chicas delante de mí si logran despejar mi mente.

Las chicas ríen comentando algo que han visto, noto que una está un poco sonrojada y que otra a su lado la molesta o le ánima a hacer algo. De todos modos, las ignoro en pocos segundos, sin embargo, mi atención se acapara en alguien más.

No es hasta que cruzo el marco de la puerta que reconozco a la figura aplastada sobre la pared de enfrente con sus dedos golpeteando su pierna y su mirada observando todo a su alrededor en un intento de acostumbrarse al ambiente. Con solo tres pasos llego a quien había interrumpido mi concentración a final de la clase.

Sus ojos conectan con los míos. Un tiempo atrás habría apartado la mirada instantáneamente, pero ahora tengo la confianza suficiente con él como para poder apreciar sus ojos grises.

-Lamento haberte rechazado ayer.

Bajo la mirada sonriendo. Por un lado se debe a lo tierno que ha sonado sus palabras y por el otro porque me alivia saber que no era la única que había estado pensando en eso.

-Está bien –Lo miro-, tenías que ayudar a tu compañera ¿No?

-Si… aunque estuve todo el tiempo pensando en que quería estar contigo –Caleb no solía decir frases largas al menos que estuviera debatiendo y tampoco lo había escuchado decir algo parecido con alguien más. Por lo que no fue una sorpresa que mi corazón empezara a acelerarse, había notado que se había vuelto común con Caleb, así que me apresure a hablar antes de que el calor tomara mi rostro.

-Si no te concentras no podrás enseñarle bien, y no queremos que tu reputación de tutor decaiga –Mi broma aligera un poco el ambiente.

-¿No quieres ir a los bolos? -Toca su nuca- Para recuperar el día que perdimos –Se apresura a decir lo que me saca una pequeña risa.

-Me parece bien –Me felicito interiormente por no demostrar la sorpresa y la felicidad que tengo por su invitación.

Después de un gesto con mi cabeza, ambos empezamos a caminar por el pasillo. Aunque por un momento creí que haríamos el trayecto en silencio, sin darnos cuenta retomamos el tema que dejamos pendiente hace un tiempo y nuestra conversación se vuelve fluida.

Al percibir las sensaciones que se mueven por mi cuerpo al hablar con Caleb, me doy cuenta del motivo por el que ambos no pudimos dejar pasar un día separados. Ambos necesitábamos la comodidad del otro.

***

A pesar de que he venido en auto hasta el centro, he tenido que dejarlo a unas cuantas cuadras alejado del café en donde quedé con Ethan. Los viernes a la tarde pareciera que todos los ciudadanos de Londres se pusieran de acuerdo para molestarse unos a otros con el tráfico.

Mi apresurado paso no me impide apreciar las calles que hace un tiempo no he visto. Debido al trabajo que me había tomado el artículo mi rutina consistió en ir al trabajo y regresar al departamento. Quizás con Caleb habría dejado unas horas libres para pasear con él, pero ante mi soledad mi vida se había vuelto más aburrida.

Trato de sacar a Caleb de mi cabeza antes de que empiece a recordarme el tiempo que llevamos sin hablar.

Retiro el abrigo de mi cuerpo ante el repentino calor del lugar al que acabo de entrar, en el tiempo que me tomo para arreglarme alguna imperfección que ha causado el viento en mi cabello observo el sitio en busca de mi amigo. No tardo demasiado en encontrarlo.

Voy acercándome, intentando no tirar nada con el abrigo en mi brazo, pero antes de llegar Ethan me descubre regalándome su típica sonrisa juvenil.

-Lamento la demora –Me posiciono enfrente de él.

-No hay problema –Al ver que no ha dejado de sonreír me pregunto si no le dolerá su rostro-. ¿Cómo estás?

-Lo mejor que puedo estar un viernes después del trabajo –Reímos.

Al observar a mí alrededor, me encuentro con personas no muy diferentes a nosotros. Algunos de traje descansado un poco de la rutina, amigas que por fin al logrado reunirse después de tantas ocupaciones y las parejas que aprovechan la hora del almuerzo para conversar unos minutos.

-Así que tienes que comprar regalos –Lo miro- ¿Quiénes son los afortunados?

-Mis sobrinos –Reconozco esa sonrisa de cariño en su rostro-, quizás también algo a mis padres.

-¿Son pequeños? Son más bonitos cuando puedes jugar con ellos.

-El más grande tiene diez años y el más chico va a cumplir ocho años. Aunque uno solamente cumple años, hace un tiempo que no los veo y me gusta llevarles regalos.



Martina B

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En el texto hay: peligro, separacion, dudas por amor

Editado: 17.10.2020

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