¿qué hubiera pasado sí...?

Capítulo 8: ¿Alguna vez, cambiará?

Una semana tras la partida de Edgar Farbes, en que, todo ese tiempo, Florencia, pensó en lo que podría hacer para ayudar, no quería quedarse de brazos cruzados esperando a que el conflicto se resolviera. Justo, en esos días, su madre se enfermó por culpa de la edad y ella, en compañía de sus hijas, fueron a cuidarla.

El doctor del pueblo, quien también estaba ya anciano, llegó a paso lento, respirando con dificultad.

—¿Se encuentra bien? —preguntó la joven, que, desde una distancia prudente, podía oír el pecho del hombre silbar cada que respiraba. El doctor, aclaró su garganta. —La edad no me acompaña, hija —le respondió, mientras revisaba a su madre.

Al terminar, le dio las indicaciones necesarias. La mujer debía guardar reposo y no hacer ningún trabajo que requiriese fuerza. Así que, con eso, Florencia, decidió quedarse a vivir ahí por unos días.

—Me alegra tanto, así podré ver a mi preciosa Eli, todos los días —comentó la abuela, abrazando a la pequeña bebé, quien parecía encantada de ser mimada, —la dejaré a tu cuidado, por mientras.

—¿Y esa niña?

—¿Tania?

—Sí ¿la llevarás a algún lado? —Florencia se lo pensó, y negó con la cabeza, —dile que venga. Nunca está demás oír historias de una mujer ya vieja.

—Mamá… —la muchacha, le sonrió, —no estás vieja.

—La edad ya no me acompaña, cielo. He perdido mi buena salud.

—No seas tan dramática —Florencia se retiró del cuarto, y avisó a Tania que se quedará con la abuela y la pequeña Eli. La vampira, hizo caso, aunque se sentía un poco inquieta con toda la situación que acontecía.

No hacía mucho, las noticias de que, Astro atacó, gracias a las predicciones de los dioses, siendo todo un éxito para esa región, llegaron al pueblo. Al parecer todas las regiones del reino iban en serio.

Dos meses después.

El pueblo las Amapolas, se convirtió en un albergue para todas aquellas personas que huían del conflicto, heridos, sin un hogar, con la incertidumbre de si sus familias estaban a salvo, llegaban a las tiendas de campaña.

Allí, el doctor, los ayudaba a instalarse y atender las respectivas heridas. Y, quién, ayudaba en todo ese proceso, era Florencia junto a otras personas más. La señora Farbes, había aprendido mucho del doctor, tras las visitas que le hizo a su madre, se interesó por adquirir conocimiento en esa área y ayudar a minimizar los estragos de la guerra.

—Mamá —llamó Tania, que venía de la mano de Vent, el pequeño travieso del pueblo. Ambos, parecían haber estado llorando. Florencia, limpió sus manos en el delantal y se arrodilló junto a ellos. —¿Qué ocurrió tesoro?

—En el pueblo lo están molestando —murmuró Tania, dejando a la vista a Vent, —¿puedes revisarlo? —preguntó, afligida. Florencia, observó al niño que estaba tras su hija, cohibiéndose, tratando de volver a esconderse. Su mirada, captó una mancha negra en la mano de Vent. Ella, pidió amablemente que la extendiera.

—¿Sabes que es eso?

—No lo sé… —contestó, compungido, —tosí y salió —la mujer, asintió lentamente mientras observaba la manito del niño. Al tratar de tocar aquel líquido negro, la yema de sus dedos ardió. Lo retiró rápidamente he hizo una mueca de dolor, el cual, no duro mucho.

—¿Te había sucedido antes, pequeño?

—Con papá… —y, al mencionarlo, el señor Henry, apareció por el principio de la calle gritando desesperado el nombre de su hijo, quien, se había escapado para ir a jugar con Tania. Florencia llamó su atención y al verlo acercarse, fueron a su encuentro para alejarse un poco de la gente. Al comentarle el asunto, Henry, dejó caer sus hombros y dio un pesado suspiro.

—No sé lo que es, pero le ha sucedido mucho últimamente —dijo, acariciando el cabello de su pequeño. Tania, al oír esas palabras, sostuvo con más fuerza la mano de su amigo y miró a su madre, —¿de verdad no sabes que sucede?

—Intentaré averiguar. Por mientras… —la señora Florencia, acortó la distancia entre ella y Henry, —sería bueno que la gente del pueblo no lo viera, en estos tiempos, se les puede pasar por la cabeza, cualquier cosa.

—Gracias, —Henry, observó a su hijo, y le sonrió. —Estarás bien, lo prometo —lo tomó entre sus brazos, besándole la mejilla. Ambos se despidieron.

—¿Cómo está Eli?

—Durmiendo, con la abuela, como siempre —comentó Tania, soltando un quejido, era un poco aburrido estar en casa, Florencia, soltó una risilla, —los bebés necesitan dormir mucho, Tania. Ya cuando sea más grandecita, podrán jugar juntas.

—¿Qué tanto debo esperar?

—Bueno, está próxima a cumplir un año… un par de meses más. Aunque no podría ser un juego muy brusco —Florencia comenzó a vacilar, viendo el gesto de su hija, que no parecía estar muy a gusto con esperar tanto.

—Los bebés, son muy… aburridos.

—Podrías, tratar de enseñarle a hablar, o ayudarla a caminar. Estoy segura de que, te emocionarías mucho, al igual que ella, con esos pequeños avances —Tania, se cruzó de brazos, ladeando su cabeza. —Puede ser… —dijo pensativa.

Florencia, iba a agregar algo más, cuando el doctor la llamó desde las tiendas de campaña, un paciente había llegado muy grave y necesitaba con urgencia ser atendido por todas las manos posibles. La muchacha, le ordenó a Tania regresar a casa, y ella corrió a atender la emergencia.



valemon

Editado: 03.01.2021

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