Querido Cupido

Capítulo 11. Preparada para lo inevitable

Me estremezco cuando Amanda pasa la fría crema solar sobre la piel de mi espalda, estamos en la abarrotada playa pública y el único lugar libre que hemos encontrado entre las miles de tumbonas y sombrillas está muy cerca de la orilla por lo que nuestras toallas se están mojando. Juego con la fina arena y observo desde los cristales oscuros de mis gafas a los niños que corretean detrás de las olas.

 

—¿A dónde te llevó tu galán ayer?

 

—Cenamos bajo la luz de la luna en la playa privada del hotel. — contesto recordando la noche anterior con una sonrisa soñadora plantada en mi rostro. Cuando llegué me esperaba un extenso interrogatorio patentado por la candente Amanda Milani, pero en lugar de eso la encontré dormida como un tronco entre las sábanas de la cama.

 

—¡Esa es mi chica! Estás viviendo el romance veraniego con el que he soñado toda mi vida. —chilla tirándose de espaldas sobre la toalla.

 

—No es un romane.

 

—¿Te gusta?

 

—Mmm…Es muy atractivo—aclaro poniéndome de lado al sentir que los abrasadores rayos del sol empiezan a quemar mi rostro. El ciclón ha desaparecido sin dejar más que unas cuantas algas en la orilla, llovió a cantaros toda la madrugada y por la mañana todo volvió a la normalidad.

 

Amanda me sonríe con picardía y asiente con la cabeza. —¿Quieres venir conmigo a la fiesta cultural de esta tarde?

 

—Eros me invitó a la misma fiesta. — La dulce agua de coco baja por mi garganta refrescándome.

 

No sé con exactitud lo que siento por Vryzas y eso me confunde, tal vez la tensión sexual que me acorrala cuando estamos juntos es la fruta prohibida que me incita a seguir acercándome a pesar de que cada célula de mi cuerpo me grita que estoy entrando en terreno peligroso. Estoy luchando en una batalla perdida contra la tentación, soy una mariposa atraída por el polen, el problema es que desconozco si esas flores tienen insecticida.

 

—Vale, veo que las cosas con él se están poniendo serias ¿Has notado las señales?

 

Bufo riéndome entre dientes. —Él es el típico hombre que huye de las relaciones a toda costa, ayer me dijo que no le gusta ninguna mujer ¿De qué señales estás hablando?

 

—Pues las risitas nerviosas, las miradas fijas y los toqueteos intencionales son señales que demuestran que le gustas a un hombro ¿Te ha besado?

 

—No, pero estuvimos a punto de besarnos, dos veces.

 

—¡Cómo! ¿Por qué no os besasteis? — Chasqueo la lengua haciéndome la misma pregunta.

 

—Me advirtió que no debería de hacerlo y estoy tratando de seguir su advertencia, pero es que sus labios son tan…— Mis palabras se quedan suspendidas en el aire, hay tanto adjetivos para describir sus labios, son tan carnosos y cautivadores. En conclusión, sus labios son una jodida tentación.

 

Amanda se ríe a carcajadas llamando la atención de la pareja que tenemos al lado, la señora frunce sus arrugados labios con desaprobación y una sonrisa divertida surca mi rostro.

 

—Eso me suena a reto, querida amiga

 

 

No estuvimos por mucho tiempo en la playa, el agua estaba muy fría y ninguna de las dos nos atrevimos a meternos. Justo después de comernos unos sándwiches de atún recogimos nuestras cosas y subimos a nuestra habitación con la intención de prepararnos para el baile folclórico. Ayer Amanda fue comprar los vestidos tradicionales del país en una tienda turística, es decir tenía la intención de obligarme a ir al evento. Abrocho tres flores de tela en mi cabello, una por cada color de su bandera y con mi índice esparzo un poco de bálsamo rojo sobre mis labios. Una vela aromática ha impregnado todo el dormitorio, la dulce esencia de la vainilla es relajante y me planteo llevarme unas cuantas velas para Canadá.

 

Amanda discute acaloradamente con la persona al otro lado de la línea, sus mejillas están enrojecidas y la piel entre sus cejas se arruga, cuando cuelga el teléfono se frota los ojos molesta.

 

—Yamile no se siente bien y Anthony no quiere perderse la fiesta, así que él vine con nosotras. Lo siento, intentaré mantenerlo lejos de ti.

 

—No pasa nada, es tu familia. —digo encogiéndome de hombros. Estoy segura de que el carismático griego logrará mantenerme distraída.

 

—¿Crees que no me di cuenta de la hostilidad con la que lo trataste el otro día? —pregunta arqueando una ceja con la diversión pintada en su semblante.

 

—Me conoces bien.

 

Alguien da tres golpes firmes en la puerta y mi amiga se acerca apresuradamente para abrirla.

—Buenas tardes ¿se encuentra la señorita Sanders? — Me levanto como un resorte de la cama cuando escucho la profunda voz del magnate.

 

—Sí, un momento por favor.

 

Mi amiga gira la cabeza y me guiña un ojo con picardía mientras gesticula con los labios que Eros es guapísimo, no podría estar más de acuerdo. Los volantes azules y rojos de mi vestido bailan alrededor de mis piernas a medida que me voy acercando a la entrada, tengo el corazón en un puño ¡Aquí vamos!



Shawtyonlyjb

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En el texto hay: amor, millonario, magnate

Editado: 22.01.2020

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