Querido Cupido

Capítulo 24. Bailemos

Me remuevo incomoda en la cama tapando mi cabeza con la aterciopelada sábana, acabo de despertarme de una escena que estaba muy cerca de convertirse en una pesadilla. Yo intento concentrarme para conciliar otra vez el sueño, pero una tenue melodía me impide seguir durmiendo.

 

Desde que tengo la edad suficiente como para retener los recuerdos me es casi imposible dormir con ruido y vivir en una calle poco transitada es un beneficio, lo curioso es que el sonido de las voces no me molesta.

 

Retiro la sábana a un lado y lentamente abro los ojos encontrándome con un reloj de mesa que marca las cuatro menos cuarto de la madrugada. Bufando me siento en el borde de la cama y mis pies descalzos tocan la suave moqueta beige, estiro el cuello y mi pelo todavía húmedo roza mi cintura. He cogido la costumbre de darme baños nocturnos en el lago, lo encuentro reconfortante y muy fresco. Con todo el revoltijo de pensamientos que tengo en la cabeza he olvidado secarme y ponerme algo de ropa antes de dormirme. Suspiro resignada, será imposible meter un peine en la maraña que me he provocado en el cabello.

 

Me pongo de pie y cierro el albornoz alrededor de mi cintura bajo la sombría oscuridad de la habitación. La tenue melodía se hace más audible mientras camino por el amplio pasillo blanco en busca de la fuente de aquel sonido. Tras cruzar el salón y meterme en un nuevo pasillo me doy cuenta de lo poco que he explorado la bonita casa del magnate. Las luces en esta zona están encendidas y al fondo diviso una entrecerrada puerta blanca, estoy segura de que la melodía sale de allí.

 

Me voy acercando con sigilo con los pies de puntillas sobre las baldosas blancas y negras del suelo. Esto es absurdo, pero la curiosidad me pica por saber lo que está haciendo Eros allí dentro, es absurdo luchar contra algo que no puedo controlar. Naturalmente, Cupido despierta cosas indescriptibles en mí y hace que mis hormonas femeninas pululen salvajemente en mi interior. El día que pasamos con los delfines decidimos que por el bien de ambos los besos, caricias y miraditas se acabarían ¿Qué tan conforme estoy con eso? Al principio todo iba bien, pero en el segundo día del acuerdo las cosas se descontrolaron y ambos terminamos besándonos salvajemente contra un árbol del jardín, después él se fue enfurecido llevándose la puerta en la mano y dejándome echa un completo desastre.

 

Echo un vistazo en el interior de la habitación, es un estudio de baile pintado en blanco como todo lo que le pertenece al señor Vryzas y con una pared repleta de espejos empotrados en dirección vertical además de algunas barras hechas de la misma madera que el suelo. La melodía que me ha atraído hasta aquí es una canción que no he escuchado en mi vida, los acordes tienen un ritmo lento y contagioso, la voz masculina de fondo es hermosa con un toque profundo que la hace sensual y atrayente.

 

Capto un movimiento en el medio de la sala y me echo a un lado con tal de no revelar mi paradero ¿Desde cuándo espío a la gente? Trago saliva duro y me muerdo el labio inferior cuando un jadeo involuntario sale de la parte más profunde de mi garganta. El emblemático griego no lleva camiseta, curiosa sigo las pequeñas gotas de sudar que bajan desde su cuello, recorren su duro pecho y sus marcados abdominales hasta perderse en el pantalón de algodón gris que cuelga sobre sus caderas mostrando el dobladillo de su ropa interior.

 

Él está bailando perdido en los acordes de la música siguiendo el tempo con pasos sueltos y energéticos, está sumergido en sus pensamientos como en una especie de hipnosis. Toda mi atención está anclada en Erosland y su imponente porte.

 

Sus movimientos son fluidos y se coordinados a la perfección con la canción. Cupido se desliza a la derecha y abro los ojos como platos al verlo tan cerca de mí. Me siento como una intrusa voyeur observándola aquí, oculta detrás de la seguridad de esta puerta. Eros hace una erótica curva con las caderas, la burbujeante excitación se levanta de sus cimientos y conecto con unas dilatadas pupilas en el espejo. Asustada me pego a la pared como si esta fuera mi salvación, creo que no me ha visto.

 

¡Oh, Dios! Volveré a ocultarme en los agradables confines de mi habitación, me dispongo a iniciar mi camino cuando la aterciopelada voz del griego suena sobre la música.

 

—¿Pretendes seguir espiándome desde tu rincón oscuro? llevas ahí bastante tiempo, te he notado desde que llegaste, no eres muy sigilosa que digamos.―me rasco la parte trasera del cuello y como una cobarde me predispongo a ocultarme detrás de las cortinas. Sino lo veo él tampoco me verá.

 

—Ven aquí. —dice con exigencia, bajo su ardiente mirada y su expresión seria e impecable me voy acercando hasta detenerme a una distancia prudente para ambos.

Mi corazón sabe lo que está pasando y como todas las veces que me acerco a él este empieza a latir descontroladamente. El magnate se ve más guapo que nunca, su pelo cae mojado sobre su frente dándole cierto aire de chico malo.

 

—Yo… no…. Estaba espiándolo, es que escuché la música.

 

―Claro¿Me concedes un baile? ―ladeo la cabeza dudando de mi autocontrol, ¿Podré resistirme a sus encantos?

 

«No» responde burlonamente mi conciencia.

 

―Bailar no es lo mío ¿Recuerdas?

 

―Solo déjate llevar.

 

¡No, eso es exactamente lo que debo evitar!

 

Pierdo de vista a Eros por unos segundos y las primeras notas tocadas por un piano salen de los altavoces que están en cada esquina del lugar. Una voz dulce y femenina inicia con los primeros versos de la canción.

 

Eros viene hacia mi encuentro posicionándose detrás de mi espalda, pasa un brazo por mi cuello y con su otra mano acaricia mi barbilla obligándome a mirarlo. Jadeo nerviosa y expectante sin despegar la mirada de nuestro reflejo en los espejos. Su pálida piel hace un contraste perfecto con la tonalidad oscura de la mía.



Shawtyonlyjb

#92 en Novela contemporánea
#550 en Novela romántica
#169 en Chick lit

En el texto hay: amor, millonario, magnate

Editado: 22.01.2020

Añadir a la biblioteca


Reportar