Recuerdos En Estrellas

Adeline y los Insectos

           _Primera ropa que no pareces un hombre – dice Adeline sorprendida cuando Leila hubo salido de su casa.

La alabada sonrió y negó con la cabeza cerrando la puerta a su espalda, era una combinación de ropas viejas que le quedaban algo pequeñas, una camisa rosada de cuello de tortuga con unas manchas azules de pintura, unos vaqueros negros que se mantenían pegados a sus piernas y unas zapatillas de deporte marrón. Su madre no lo aprobó, pero que importa. Su cabello estaba suelto dejándose llevar por el viento y en sus manos reposaba la tableta y las preguntas que debían hacerles a los agricultores de las parroquias vecinas.

_Dime por favor que tú papá nos lleva – dice Tavo juntando sus palmas frente a ella.

Llevaba su look despreocupado y se veía bien, ya se comenzaba a notar que estaba perdiendo peso por el desarrollo natural de todo chico.

_Está preparando el coche – dice Leila sonriendo – Dijo que nos llevaba a la laguna y que se iba ¿Dispuestos a caminar todo ese trayecto?

_Por mí no hay problema – responde Adeline encogiéndose de hombros con la mochila sobre ellos, llevaba una camisa amarilla y unos vaqueros semi claros con unas botas negras, se veía bien para ser un trabajo de campo.

_Mi papá dijo que podíamos llevarte al terminar la sesión fotográfica – informó Leila a su nueva amiga de ciencias – Así que no te preocupes por el transporte cuando acabemos.

_Gracias por eso, Leila.

El coche viejo de su padre salió del garaje sorprendiéndolos y riendo se subieron.

Leila miraba la ventanilla como siempre que su padre manejaba, tenía la mirada perdida en los paisajes verdes, las casas y los árboles de la localidad, era un lindo lugar para habitar después de todo. Claro, dejando de lado los rumores exagerados y el acoso por parte de sus habitantes.

Se detuvieron frente a una gran laguna de colores claros con peces naranjas y de otros colores en su interior y su padre le sonrió.

_Llámame si no aguantas la bajada – dijo el hombre entregándole su celular.

_Pensé que estaba castigada – lo toma sorprendida y lo mira.

_Es tu problema si lo dañas o no.

_Gracias, papá.

Le dio un breve beso en la mejilla y se reunió de inmediato con sus amigos, ellos estaban hablando de las siembras a los alrededores y Tavo hacía que escuchaba mientras miraba los peces en el agua de la laguna.

_ ¿Por dónde comenzamos?

Adeline miró a Leila sonriendo y cuando dejó de avistar el coche del padre dijo:

_Toma unas cuatro fotos a las siembras de aquel sitio y luego nos divertimos.

_Pero las evidencias...

_No nos tomaran mucho en cuenta – dice Tavo mirándolas apoyado los codos en la baranda que rodea la laguna – Somos el primer curso, notarán más a los de años mayores.

_Entonces ustedes lo que quieren es vaguear – termina Leila sonriendo.

_Míralo como – repone Adeline pensativa – Como una tarea al aire libre que podemos posponer.

_Te tomo la palabra.

Tomaron las fotos como se tenía planeado y al rato comenzaron a descender la gran montaña siguiendo la carretera y al mismo tiempo admirando el paisaje del pueblo a lo lejos. Tavo estaba por delante de ellas buscando algo que según él había ocultado con Daniel la última vez, mientras tanto Leila y Adelina hablaban entre ellas para conocerse mejor.

_Entonces ese chico es todo un idiota – dice Adeline seria – Mira que hacerte ese tipo de broma, no me agrada.

_Dímelo a mí – dice Leila girando los ojos – Al final me hizo un favor, me di cuenta de la clase de sujeto que era.

_ ¿Te sigue atrayendo?

_No puedo mentirte, sí me atrae como en la primaria, pero en algún momento se me pasará – salta un pequeño pedazo de tierra al borde de la carretera y sonríe – Digo. No estaré enamorada de ese chico toda mi vida.

_ ¡Así se habla!

Hablaron de farándula, luego de lugares exóticos, gustos musicales...

Terminaron teniendo muchas cosas en común, podían llegar a ser buenas amigas, Leila se detuvo cuando notó que su primo no podía oírlas y le dijo algo que estaba carcomiendo su mente todo el año desde que se enteró.

_Me dijeron que te atrae Osmel de penúltimo año. No soy chismosa ni nada por el estilo, solo quiero desentender los rumores de pasillo que circulan por el liceo.

_Suponía que me hablaría de ello – dice Adeline en un suspiro, la mira y asiente – Me enamoré de él al momento de conocerlo al inicio de año, unas amigas nos fastidiaron en el transporte y luego él me dio su número para hablar. Es lindo, debo aceptarlo. Pero claramente está fuera de mis expectativas y yo de las suyas, él es mayor que yo.

_ ¿Y eso que importa? No es como si yo supiera mucho sobre las relaciones – dice Leila sonriendo – Pero no por prejuicios debes quedarte atrás de todo siempre.

_Y no me quedó atrás – niega con la cabeza incomoda y mira al suelo – Solo pasaron cosas que me avergüenza confesar todavía. Las amigas que he escogido no son muy tranquilas que digamos con el arte del sigilo.



Laczuly0711

Editado: 18.02.2019

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