Redfort

VIAJE SIN RETORNO

*TEXTO EN CORRECCION

Viaje sin Retorno

 

Estimada Señorita Parker:

Nos complace informarle que ha sido seleccionada para asistir a Redfort Centro militar: donde se forman a los futuros Oficiales del Ministerio con el objetivo de proteger la Paz de nuestra nación.

Por favor, preséntese en la parada de autobus de la calle Rommings a las 10 am.

Le saluda atentamente,

El Ministerio.

Disgustada, hago una bola de papel y arrojo la Carta de Reclutamiento a la basura. Redfort era la pesadilla de todo aspirante, porque una vez que te graduabas: debías dejar tu casa y trasladarte a la Unidad de la Paz, en donde sólo te permitían una llamada o salida a la semana.

Durante los años que el Ministerio ha gobernado hemos gozado de seguridad: no hay ladrones ni desorden en las calles, gracias a su estricta política de gobierno. Sin embargo, nunca he simpatizado con él, específicamente porque estamos llenos de reglas; se nos prohíbe estar en las calles a la medianoche, las bebidas alcohólicas no están permitidas, ciertas películas no pueden ser exhibidas, páginas de internet nos son bloqueadas, allanamientos sorpresivos en los domicilios para verificar que no estuviéramos escondiendo[L2] o fuéramos opositores, prohibición de poseer objetos violentos, llamadas interceptadas y religiones impedidas. Restricciones que me parecen excesivas, razón por la cual me esmero en romperlas, en particular estar fuera de casa durante el Toque de Queda, aunque eso signifique tener que huir de los Oficiales del Ministerio a quienes detestaba por su inhumanidad.

Papá, en cambio, considera que en esta sociedad la libertad es sinónimo de desastre, puesto que el ser humano no se controla a sí mismo. Una visión pesimista para mi gusto, pero entiendo que piense de esa manera dadas las circunstancias observadas en tiempos pasados, donde no podías salir de casa; ya que si lo hacías, tenías una banda lista[L3] para asaltarte a la vuelta de la esquina. Fue en estas condiciones que surgió la figura del Ministerio, debido a que el antiguo regente, Sam Collerson: no había podido cumplir con las expectativas ciudadanas y ante su negativa de querer dejar el cargo fue derrocado por la Guardia Militar, actuando bajo órdenes del Consejo. Al poco tiempo, ellos escogieron a alguien que nunca hemos visto, tomó cuyos comunicados son entregados por los Privilegiados, colaboradores que trabajan en las distintas unidades del Ministerio.

Los ciudadanos llevaban años pidiendo que mostrara su rostro, pero los Privilegiados siempre respondían que aún no era el momento y que en el intertanto habíamos  de referirnos a él como: Salvador.

En una ocasión le pregunté a mi padre si no le molestaba que no hubiera podido elegir a una cara visible para gobernarnos a lo que él respondió: “En absoluto, mientras todo vaya bien no me importa”. Posteriormente, me di cuenta que su forma de pensar se repetía entre nuestro círculo más cercano y no me sorprendería que el resto de Brooklyn pensase así.

Termino de empacar mi bolso y observo mi habitación por última vez. Detengo la vista en el espejo que está colgado en la pared para revisar mi aspecto antes de salir. Jamás me había considerado bonita, llevaba el cabello lacio color castaño oscuro atado en una cola de caballo, mis ojos eran de un color marrón y mi piel era demasiado blanca para mi gusto.

En un par de semanas, nuestra alcoba será alquilada por unas universitarias. Así podremos pagar los altos impuestos que el Ministerio cobra mensualmente para mejorar los servicios que nos entregan.

Mi hermana y madre aparecen en el cuarto.

― ¿Estás lista? ―pregunta Jo.

―Sí.

― ¿Quieren que las lleve en el auto ?―inquiere mi madre.

―No gracias Ma, queremos caminar ―respondo.

―Está bien― accede ella.

Bajamos las escaleras hasta llegar a la entrada. Junto a la puerta se encuentra mi padre. Su expresión es seria, pero sus ojos indican que estuvo llorando.

― Cuídense la una a la otra siempre, y jamás se separen― nos abraza.

― Lo haremos―aseguro―. Los quiero.

― Jo, no dejes que tu hermana haga travesuras― solicita mamá.

― No le quitaré el ojo de encima.

Mientras transitábamos por Beauty Spring comienzo a memorizar todo lo que conozco de nuestro barrio, para no olvidarlo: la escuela, la plaza, el almacén de la señora Yordi donde más de una vez nos regaló uno que otro dulce, la casa del árbol donde mi hermana y yo nos refugiábamos cuando papá se enfadaba, el olor a rosas del jardín delantero...

―Sara― dice Jo interrumpiendo mis pensamientos.

―¿Qué pasa?

―¿Tienes miedo?

―¿De qué?

―Respecto a lo que nos espera en Redfort.

―Estoy algo nerviosa, pero no asustada.

—Eres muy valiente, desearía ser como tú.



Carolina Roubik

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En el texto hay: sentimiento, ficcion, accion

Editado: 18.01.2021

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