Relatos para Desvelarse

16) El Gato Negro del Laburo

Había una vez un gato negro que se la pasaba en las instalaciones de la central eléctrica donde trabajo. Ya estaba allí cuando yo entré a laburar y nadie sabe cuándo llegó o de dónde vino. Ni mis jefes saben nada, ni los vecinos cercanos se hacen cargo de él.

En general no es una molestia porque casi nunca baja de los techos. Es allí donde siempre se deja ver, a la distancia. Algunos han dicho, incluso, que camina sobre los cables de corriente como las ratas.

Un día me tocó trabajar hasta tarde y, al salir, ya de noche, me topé con el maldito gato. No se me conoce por ser especialmente supersticiosa, pero tengo un pánico insufrible a los gatos negros. La cuestión es que el minino quería mimos y no tuvo mejor idea que venir a arrancármelos a mí, y empezó a restregarse contra mis piernas. Yo me quedé paralizada al instante, sin saber qué hacer para alejarlo.

Empecé a calcular cuántos metros me quedaban hasta el portón de salida para correr y dejarlo dentro, pero mis piernas no me respondían. Lejos de relajarme, su vibrante ronroneo me ponía los pelos de punta.

Tenía un ataque de pánico cuando el guardia de seguridad notó que no avanzaba; me preguntó si estaba bien, y yo le grité que no podía moverme por culpa del gato negro. Él trato de calmarme diciendo que el micho era bueno y que nunca atacó a nadie pero yo ya estaba chillando, y él, alarmado, salió de su caseta para rescatarme. Se acercaba muy lento hacia mí a causa de su sobrepeso; como me vio desesperada, me aconsejó que le diera una patada al gato para que me dejara tranquila.

Descarté esa posibilidad de inmediato. A pesar de mi pavor, soy amante de los animales y miembro de una sociedad protectora. Jamás me arriesgaría a hacerle daño a un animal, me carcomería la conciencia.

Mientras tanto, el gato seguía paseándose alrededor y entre mis piernas y, de tanto que se frotaba contra mis medias de nylon, provocó una descarga eléctrica, lo que causó chispas y que los músculos de mi pierna derecha se distendieran y le dieran una patada que lo hizo volar lejos. El pánico que sufrí se desvanecía de a poco mientras veía cómo él flotaba en el aire y se alejaba a gran velocidad. En mi defensa, voy a decir que yo no tenía control sobre mis piernas en ese momento.

Antes he dicho "había una vez" porque desde esa noche ya nadie volvió a ver al gato negro que vivía en mi laburo.19) 



Abby Nieva

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En el texto hay: fantasia, vampiros, romance drama humor

Editado: 10.09.2020

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