Retorno al olvido

11. Interrogante

|| ᴇʟ sᴇᴄʀᴇᴛᴏ ᴅᴇ ᴍᴀᴜʀɪᴄᴇ

Reymund no me dirige la palabra en el trayecto hasta a la oficina de Maurice, no puedo saber si está enojado conmigo o si le son indiferente mis acciones; por alguna razón, me hace sentir algo insegura, por muy molesta que me encuentre con la chica, no quiero decepcionar a la única persona que me ha aconsejado y dado algo de apoyo durante estas semanas.

De nuevo la seguridad me inunda.

No, no puedo sentirme de esa forma, las palabras de la chica me siguen haciendo dudar. ¿De verdad puedo confiar en ellos? Quizá debería...

Desecho la idea por el momento, hasta encontrar algo más que palabras que solo puede ser vacías, no quiero que por un tonto impulso, termine fuera de Heah. ¿Y si estoy en el lado correcto? ¿Y si la chica solo es una inmadura que busca incitarme a dejar el lugar? Lo único que me queda está aquí y aunque ahora no quiera aceptarlo, dentro de ello, se encuentran Dan y Maurice; a pesar de sus mentiras, son los únicos que después del caos permanecen a mi lado, a pesar de que no sea de la manera en que deseo.

¿Qué haría si me marchaba? No tendría nada, ni a nadie.

Muerdo mi labio cuando nos detenemos frente a la puerta, Rey me da una mirada e intento no demostrar lo nerviosa que me siento, el problema es que no estoy segura de conseguirlo, he notado que Reymund es una persona observadora y perspicaz.

Rey suelta un suspiro y antes de que termine por abrir se gira a mí.

—¿Qué? —inquiero a la defensiva.

Arquea una ceja y aprieto los labios.

—Estará molesto, probablemente —me hace saber con una mueca que alcanza la comisura de sus labios —, solo... no lo hagas enojar más.

Le lanzo una mirada furibunda.

—No esperaba encontrarlo con una sonrisa, Reymund —farfullo malhumorada por todo. ¿Es que no podía tener un día tranquilo?

Rey ignora mi actitud.

—Hablo en serio, Hon. No lo hagas peor para ti. —Sus últimas palabras traen un retortijón en mi estómago y el enojo disminuye hasta convertirse en miedo. Odio ese sentimiento.

Peor, el solo pensar en Maurice quitándome la oportunidad de permanecer aquí, en su indiferencia, que me viera como una fuente de información y que a cualquier error o vislumbrara que yo no valía la pena, terminaría por alejarme, me hacía querer temblar.

Él no me da tiempo de decir nada a pesar de que no lo iba a hacer y abre la puerta. Trago y vacilante entro a la oficina, Rey sigue después de mí y cierra la puerta tras de sí. Estoy tentada a mandarle un gesto de reproche, sin duda no quiero que presencie mi regaño y posible expulsión.

Casi al momento en el que doy un paso al interior, me encuentro con la mirada de Maurice y está serio. Mortalmente serio.

—Siéntate, Honor —ordena, señalándome con una mano una silla frente a su escritorio. Puedo percibir ojeras bajo sus ojos, no es difícil notar que ha estado bastante ocupado. Casi formo una mueca en mis labios, pero la contengo y en su lugar, sin saber ahora del todo cómo actuar, camino con toda la seguridad que puedo reunir y me dejo caer en la silla. En un parpadea, él espeta—: ¿Así esperas mostrarme que puedes lidiar con esto, Honor? No sé qué quieres conseguir con tus acciones, te aseguro que no me incitas a confiar y decirte lo que sé de Evander.

Me tenso al escuchar el nombre de mi padre. Lo miro, busco una señal de que está mintiendo, sin embargo no la encuentro.

El deseo por que termine —el miedo, la inseguridad, el dolor, la pérdida, la frustración, todo —me invade. Ojalá pudiera desaparecer.

Recargo un codo en el brazo de la silla y toco mi sien con la mano.

—Lo sé —digo, sin tener algo mejor qué decir. Tal vez, solo debería dejarme llevar, si me quisieran solo por información, bien podrían hacer lo que los otros quisieron hacer. Intentar matarme, amenazarme o peor, torturarme, en cambio, no han hecho más que curarme, brindarme un techo y comida. Seguridad. Quizá solo son mis demonios intentando asustarme, quizá solo debo confiar.

Quizá.

—¿Lo sabes? —repite incrédulo.

Suelto un suspiro.

—Mira lo siento, no lo hice para incitarte a decirme nada, ¿vale? Sabía que golpear a alguien en tú sede, me traería consecuencias, yo solo... —muevo la mano que no se encuentra cerca de mi rostro, tratando de hallar una respuesta, pero al final la dejo caer sobre mi regazo —, me dejé llevar.

Se ve más irritado con mi escueto argumento, y no lo culpo.

—¿Te dejaste llevar? —Enfatiza cada palabra con molestia. Aprieto los labios.

—Lo siento, Maurice —me enderezo en mi lugar y aclaro mi garganta. Estoy segura de que decirle lo que me provocó golpear a su alumna, no me traería beneficios, porque era una tonta escusa.

Había actuado igual que en cualquier jardín de niños. Había caído ante provocaciones.

—Creí haberte enseñado a no dejarte llevar —espeta y comienzo a odiar ni siquiera tenga la intensión de preguntar lo sucedido. Apuesto que ya está asumiendo que todo ha sido mí culpa.

Me muerdo la lengua, pero él continúa.

—¿Qué puedo esperar de ti si actúas por impulsos?, hablo en serio, Andreu —exclama en cuanto desvío la mirada. Está decepcionado y a pesar de mi molestia hacia él, no quiero ver su mirada de desilusión. Lo observo recargarse en el respaldo en un gesto que se me antoja de derrota —. Supongo que entonces no te he enseñado bien —concluye.

Frunzo el ceño.

¿Eso significa que no me dará ni una oportunidad? Sí, fue mi culpa estallar, pero eso no significa que el error de su alumna queda absuelto.

¿Acaso fui la única que se dejó llevar?

—Bueno, supongo que tampoco has enseñado a tus alumnos a cerrar la boca —mascullo irritada. Escucho el suspiro de Rey de fondo, pero sinceramente no me importa, antes de que pueda decir algo más, termino por añadir —: Ya he dicho que lo siento, Maurice, pero odio que digan cosas que no... no me gusta que hablen de papá.



Jana Lass

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En el texto hay: cienciaficcion, reencarnación, guerra y amor

Editado: 28.07.2020

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