Reveses de la vida

2. Encuentro oportuno

Vancouver sleep clinic - Someone to stay

Vancouver sleep clinic - Someone to stay

"Si tuviera que volver a comenzar mi vida, intentaría encontrarte mucho antes       "Si tuviera que volver a comenzar mi vida, intentaría encontrarte mucho antes..."

—El principito

Salió corriendo del edificio; afuera no había dejado de llover a cantaros, pero en ese instante eso era lo que menos le importaba       

Salió corriendo del edificio; afuera no había dejado de llover a cantaros, pero en ese instante eso era lo que menos le importaba. A lo lejos escuchó el sonido de un trueno, decidió cerrar los ojos y coger aire, entretanto, el mundo enteró se estremeció y amenazó que este quizá era el final. Maggie soltó un sollozo roto, sentía que el pecho le ardía y que los pulmones los tenía cerrados, tenía el alma quebrantada.

Y dolía tanto.

Y aunque para muchos quizá lo que acababa de pasar sería lo mejor que le pudo haber pasado; el hecho de encontrar a su prometido en la cama con una prima no era sinónimo de la mejor forma de acabar con una relación. La traición era peor, en su caso, fue más aguda.

«¿Qué estás haciendo?, Matías seguro está por salir y si no quieres enfrentarlo en estas circunstancias lo mejor es que te marches ahora mismo», le apremió la voz de su cabeza y sin perder tiempo avanzó calle arriba, buscando un taxi o una estación de buses, lo que fuera pero que la llevara lejos, hasta un lugar donde nadie la conocería ni se burlaría de su desdicha. Pronto se subió a un autobús y estando en él, de inmediato sus pensamientos comenzaron a consumirla.

A partir de ese momento Margarita comenzó a cuestionarse todo, «¿desde cuándo me estaba engañando?, ¿solo fingía amarme?, ¿estaba conmigo por obligación cuando en realidad quería estar con ella?». Y con el pecho contraído, con la mente echa un nudo y con la voluntad casi hecha pedazos, fue cuando reparó en un significativo y asqueroso detalle: Matías iba a casarse con ella sin importarle nada, iba a formar "una familia" con ella pero él siempre la iba a seguir engañando.

«No, definitivamente eso no lo voy a permitir», se juró ese día.

Cuando la noche calló; Maggie se había bajado cerca de un centro comercial que quedaba en las penínsulas del centro de la ciudad, anduvo por los alrededores con la cabeza echa un desastre, con un infierno desatado en su pecho. La lluvia, para su fortuna, ya había cesado y ahora solo era una tenue llovizna pero que mantenía sus risos rojizos empapados, al igual que todo lo demás.

Era un desastre de mujer en todos los aspectos; porque no tenía idea de qué iba a ser de su vida, no obstante, tenía una determinación bien cimentada —tan fuerte y jamás experimentada—, y es que ella no seguiría con toda esa función. Ella ya no sería el motivo de burla ni manipulación de nadie.

Pero lo más importante; Margarita jamás volvería a ser tan ingenua ni a fingir que todo estaba bien, porque tenía que ser sincera consigo misma, porque la verdad siempre había estado frente a sus ojos, pero por lo anterior ella no había querido enfrentarlo. El miedo y el desaire la tuvieron petrificada, por lo que ella misma tuvo que cerrar sus ojos y aparentar.

Así que todo esto, también era culpa suya.

Se rodeó con sus brazos, el frío para ese momento ya le calaba los huesos. Y en consecuencia, el cuerpo le temblaba, sus dientes titiritaban y su raciocinio se hallaba adormecido, congelado. Se detuvo frente a una casa que fungía como una tienda; la misma contaba con un toldo que bien le ayudaría a pasar el resto de la tormenta que comenzaba a derramarse. Se acomodó debajo de éste y todo intento por pensar con claridad, por idear un plan, se vio ensombrecido por los estragos del pasado, por sus voces y por evocarse a ella misma con Matías, en esas mismas repugnantes circunstancias. Y el simple recuerdo le provocó asco, aumentó desprecio y el odio desmedido.




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