Reveses de la vida

18. Severas complicaciones

Everglow - Coldplay

Everglow - Coldplay

De nadie seré, solo de ti        

De nadie seré, solo de ti. Hasta que mis huesos se vuelvan cenizas y mi corazón deje de latir.

— Pablo Neruda

Andrew estaba dándole los medicamentos a su abuela cuando le cayó la extraña llamada de Melissa; respondió de inmediato y en la misma rapidez vio como su mundo sufría una fuerte sacudida        

Andrew estaba dándole los medicamentos a su abuela cuando le cayó la extraña llamada de Melissa; respondió de inmediato y en la misma rapidez vio como su mundo sufría una fuerte sacudida. Cerró los ojos y se llevó la mano derecha al puente de la nariz, percibiendo como el corazón se le encogía en su sitio y un sudor helado lo recorrió por toda la espalda.

Y es que Andrew, si hubiese tenido la oportunidad, habría corrido de inmediato, pero no pudo hacerlo porque no quería dejar sola a Elena, menos ahora que había sufrido fuertes dolores en la espalda, síntomas de la enfermedad. Regresó a la habitación de su abuela y le dio la medicina en completo silencio; mientras pensaba cómo hacer para ir al hospital y no descuidar sus obligaciones.

Soltó un suspiro apesadumbrado cuando iba de camino a la cocina, tomó de nuevo su celular y miró el contacto de Margarita. Se vio en la tentación de llamarla, pero sabía que hacerlo solo iba a empeorar la aprensión que sentía por verla. Sin embargo, y como señal del cielo, se le ocurrió pedirle a la vecina que si le hacía el favor de cuidar a Elena por un par de horas en lo que él iba y regresaba del hospital.

Se encaminó a la puerta pero antes de llegar a esta escuchó como tocaban el timbre. Frunció el ceño y descartó de inmediato que fuera algún vecino que viniese a comprar pues era 1 de enero y por lo mismo la tienda estaba cerrada. Abrió.

—Hola, Andrew —saludó Adelina, esbozando una tímida sonrisa que él no pudo corresponder de inmediato. Ella le echó un rápido vistazo y notó que iba de salida—. Oh, lamento venir sin avisar yo..., yo me voy y vengo otro día —anunció, sin embargo él no era tan maleducado como para no recibirla y saber el motivo de tan sorpresiva visita.

—Descuida, pasa —dijo, abriendo por completo la puerta y haciendo un ademán que la invitaba a pasar. Adelina lo hizo y reparó en que aquella casa seguía igual que siempre, no obstante, Andrew sí que estaba cambiado. Se había convertido en todo un hombre maduro y atractivo—. ¿Puedo saber el motivo de tu visita? —inquirió cuando estuvieron instalados en la sala de estar.

La mujer frente a él, soltó un suspiro y recordó el motivo principal de aquel abrupto acontecimiento: el distanciamiento de Andrew. Ya que ella casi había dado por hecho que a su regreso entre ellos todo volvería a fluir como antes, pues él por algún motivo seguía soltero y Adelina quería creer que dicha razón era: ella.

—Bueno, te parecerá tonto pero quería saber si... ¿estás molesto conmigo? —cuestionó sin tanto preámbulo.

¿Y qué la había llevado a pensar esto?, pues sencillamente que, por más intentos que Adel hacía para acercarse, él los esquivaba. Cuando le enviaba mensajes no recibía más que un par de respuestas y luego era como si ella no existiera.

Definitivamente pensar en que quizá sus oportunidades con Andrew habían terminado, la habían llenado de desesperación y por dichas razones había tomado la iniciativa de visitarlo sin avisarle. Porque, es decir, si él presentaba algún indicio de molestia podría tomarlo como que todavía sentía algo por ella.

Adelina había llegado en busca de alguna señal que le diera esperanza.

—¿Por qué habría de estarlo? —cuestionó de vuelta, sonriendo con cordialidad. Los hombros de Adel se relajaron y liberó un poco de tensión—. Descuida, todo está bien y si lo dices porque no he respondido a tus mensajes, te pido disculpas pero con la salud de mi abuela he estado muy enfocado en ella y luego está el trabajo y ya te imaginaras... —«Y también esta Margarita», pensó y nuevamente su semblante se llenó de preocupación.



Therinne

Editado: 22.05.2020

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