Simplemente Eres Tú

¿Se te perdió algo?

– No puedo creer que seas Leila Schneider – decía Akneta mientras conducía a la casa donde se celebraría la fiesta – Todos en Alemania piensan que esa heredera tiene como treinta y está con su familia en otro país con el dinero que le robó a Margaret.

Leila le había contado todo sobre su vida, se desahogó sobre lo que sentía y le habló de lo que estaba ocurriendo con John, Nathan y ella en este momento. No sabía cómo actuar de ahora en adelante, todavía estaba nerviosa estando cerca de él. Fue algo estúpido venir a la fiesta con el vestido de Akneta.

– Esto es una mala idea – murmura Leila viendo cómo se detenían en la entrada de la casa.

– No te preocupes por lo que pase – dice Akneta dándole media sonrisa al apagar el motor del coche – Nathan no asistirá si su prometida está muy intensa, lo cual es lo más seguro que pase.

– Allí dentro debes continuar llamándome Alexandria – le dice Leila tomándole la mano con fuerza – Nadie puede saber que estoy aquí, no puedes llamarme Leila nunca.

– Eso es algo que me llevaré a la tumba – promete Akneta al bajar del coche con una gran sonrisa – Vamos, Alex.

Leila asintió con un suspiro resignado y procedió a bajar del coche recibiendo el aire del verano en su cuerpo, pero increíblemente todo en ella era frialdad ahora que se encontraba en ese lugar. Miró a Akneta cuando estaban frente a la casa donde la fiesta estaba siendo celebrada y frunció los labios un poco preocupada.

Los chicos de fraternidad ya estaban a los alrededores con un estado de ebriedad sorprendente. Pasaron a lado de ellos sin llamar mucho la atención y de inmediato Eric las interceptó con un vaso rojo para cada una; para cuando Leila buscó tomar el suyo el chico sonrió pícaramente.

– ¿Este verano si bebes?

Ella lo fulminó con la mirada arrebatándole el vaso para dar un trago grande y lo miró con suficiencia.

– ¿Eso responde a tu pregunta?

Los ojos verdes del chico brillaron con diversión al verla de ese modo; su cabello un poco alborotado por el trajín de la fiesta. Él era uno de los organizadores. Leila miró alrededor con media sonrisa y siguió a los dos hermanos en silencio ausente mientras ellos hablaban de un juego que estaban a punto de jugar que para Leila se oía como la cosa más infantil de todas, pero no quería abrir la boca.

En su mente todavía estaba el recuerdo del verano hace dos años cuando estuvo en una de estas fiestas, era la única persona que no bebía en lo absoluto. No podía hacerlo o John la mataría si se enteraba; asistió a la fiesta por Akneta, pero ella en esos días lo único que deseaba era que las vacaciones llegaran para regresar con Jon y decidir qué hacer después. Eric sabía el motivo, la cuidaba pero igual no paró de molestarla luego.

– Vamos a jugar – pide Akneta haciendo un puchero al llegar al círculo de personas que esperaban a Eric para comenzar.

– Así entras en calor – se burla Eric caminando a su puesto – Estas algo oxidada.

Leila lo miró mal mientras él reía abiertamente sentándose en su puesto.

La música que se escuchaba estaba en un volumen bajo, por lo que todos podían hablar sin necesidad de gritarse las cosas. En el círculo de personas frente a ella estaban, como mucho, unas diez personas sin contar al hermano de Akneta. Todos ellos hablando en susurros mientras aguardaban el comienzo del juego, no se molestó en mirarlos porque seguro eran el mismo grupo de borrachos con los que se codeaba en las fiestas. Ella conocía el juego, lo ha jugado algunas veces para entrar en calor y luego ir a bailar libremente con cualquier chico en la pista. Claro que sin sobrepasar los límites con alguno, ella respetaba mucho la relación que sostenía con John como para serle infiel con algún alemán aburrido como lo eran ellos.

– ¿Vas a jugar? – pregunta Akneta sentándose a un lado de Eric con una sonrisa que claramente decía: “Deberías distraerte un poco para retirar estrés”.

¿Qué posibilidades tenía si no se unía a ellos? Tal vez terminaría en el patio llamando a Jon para ver cómo estaba en Venezuela, no le había dicho que iría este verano a verlo, quería sorprenderlo una vez. Llegar a su departamento y perderse en la burbuja que ambos construían alrededor. Muchos dirían que lo primordial es visitar a la familia cuando regresas de vacaciones, pero para ella Jon era su familia también. No podía dejarlo solo. Nunca.

– Bien – aceptó Leila con media sonrisa.

Nadie conocía su pasado para hacer una pregunta al respecto o una insinuación. El juego era simple, decía algo comenzando con “Yo nunca he” y luego el que lo hizo debía beber, si no, simplemente miraba sorprendido las cosas que han hecho los demás. En este juego debían ser completamente sinceros, porque luego venía la sesión de verdad o reto y los alemanes eran expertos notando mentiras y temerarios en los retos. Leila conocía el terreno y por eso no temía nada de lo que podría pasar.



Laczuly0711

Editado: 18.09.2019

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