Simplemente Eres Tú

Cambio de Planes

– Voy a ir con Hellsing – dice Akneta mirando a Leila con preocupación – ¿Puedes mantenerte de pie mientras llega el taxi que te llevará a casa?

Ya eran las dos y media de la mañana, cuando se dijo que si iba a ir a esa fiesta ella prometió que regresaría temprano; no dejaría que el alcohol invadiera su sistema como lo ha hecho antes. Es sumamente peligroso porque podía hablar más de la cuenta, pero ver a Nathan con Bárbara era más doloroso de lo que quería imaginar al principio. Sí, le emocionó en sobremanera escucharlo decir que estaba prometido a ella para salvarla. Le recordaba lo que ella hizo por él cuando Draco la ahorrillo hace cinco años. Pero eso no retiraba el hecho que todavía tenía una relación con John.

– Ve con tu chico – dice Leila estirando un poco las palabras por el alcohol en su sistema. Le sonrió con la boca cerrada y levantó la botella de vodka que descansaba en su mano. La había robado de la mesa de la cocina hace mucho – Yo estaré con mi amiga un poco más.

Akneta miró al chico de ojos negros y cabello rubio a su espalda y suspiró. Deseaba estar con Hellsing más de lo que quería aceptar, pero tampoco podía dejarla en este lugar cuando sabía que estaba siendo cazada y podían hacerle decir su verdadero nombre.

– En un momento te alcanzo – le dice al chico con media sonrisa sosteniendo el rostro de Leila en su cintura para evitar que cayera al suelo estrepitosamente – La dejo con bien y nos vamos, te lo prometo.

– Como quieras, nena – murmuró Hellsing dándole un beso corto en los labios; miró a Leila con algo de tristeza y sonrió – Nos vemos luego, Alex. Espero que te vaya bien en las vacaciones de verano.

– No…

Akneta le cubrió la boca cuando notó que estaba a punto de decir su nombre verdadero y sonrió a su chico amablemente diciéndole que le iría de maravilla. Hellsing giró sobre su cuerpo volviendo al camino de su auto y no preguntó nada más. Lo que Akneta agradeció porque Leila rompió a llorar en ese instante apretando la botella en su pecho. Estaba recordando de nuevo todo lo que había ocurrido con su hermana, con John, y por supuesto con Nathan. El alcohol permitían a los recuerdos surgir con más veracidad y eso la lastimaba.

– Tienes que dejar de llorar, Leila – susurró Akneta limpiando las lágrimas en los ojos de su amiga – No permitas que te vean destruida.

Hace mucho Nathan y Bárbara se habían despedido de todos. Esa chica se veía completamente molesta por todo lo que ocurrió en la fiesta, porque Nathan no le dio la importancia que se merecía y porque dijo frente a todos que no la amaba. Leila estaba bien con eso, pero la conversación que tuvo más tarde con Bárbara fue lo que la desestabilizó al punto de terminar en este estado. Lo que Akneta no entendía porque Leila tenía mucha resistencia al alcohol y no había ligado ningún tipo de trago, algo debió salir mal esos minutos que Leila estuvo en el baño y Bárbara la siguió.

– Hola, pequeña zorra – saludó Bárbara irrumpiendo en el baño cuando Leila estaba terminando de arreglar su vestido luego de bailar tanto con todos los chicos.

Leila la miró con el ceño fruncido, secó sus manos en el vestido y cruzó los brazos. Bárbara estaba fuera de sí desde que Nathan la rechazó hace dos piezas por bailar con otra chica. Las cosas entre ellos en serio estaban mal. Leila incitó a Bárbara a hablar levantando la barbilla y la chica le entregó un vaso rojo con media sonrisa.

– Brindemos porque eres una puta – dice Bárbara con malicia – Lograste que mi relación con Nathan se fuera a la mierda. Bebe.

– Yo no…

– Espera – ríe y deja el vaso en el lavado – Juguemos.

Leila intentó salir del baño, pero la mujer la tomó de los hombros y la obligó a sentarse aprovechando que la influencia del alcohol la hacía un poco débil. Miró a Leila con furia y sonrió.

– ¿Verdad o Reto? – preguntó Bárbara.

– No voy a responder – gruñe Leila levantándose de nuevo – Estás loca.

– Bien… Bien – pasa una mano por su cara y sonríe – Quise ser gentil, pero no me dejas opción – frunce el ceño y la mira – Vete de este país, Leila.

– No sé de qué hablas – responde Leila de forma siniestra colocándose frente a ella para dejarle en claro que no la intimidaba que dijera su verdadero nombre – El alcohol ha afectado tú única neurona funcional por lo que veo.



Laczuly0711

Editado: 18.09.2019

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