Sleeping Beauty [noir]

2. Phillip

Aurora se sobresaltó de tal manera al voltear para ver quién había hablado que perdió el equilibrio y se aferró a la copa del árbol con los brazos para no caerse. No eran más que un par de metros, pero teniendo justo una gran roca debajo, podía hacerse daño si no caía bien.

- ¡Ah! – chilló. Intentó apoyar los pies de vuelta en la rama baja, pero no encontraba apoyo.

- Ay, Dios – dijo el extraño, apresurándose hacia Aurora para ayudarla.

La joven no podía verlo, porque estaba concentrada en no soltarse. Montar a caballo se le daba bien, pero la fuerza física no era su fuerte.

- Deja que te ayude – dijo él, en tono preocupado.

- No, no. Está bien – aseguró Aurora, mientras intentaba mirar hacia abajo.

Con lentitud ubicó la posición de la rama baja y apoyó los pies. Luego se inclinó y bajó de un pequeño salto. El hombre extendió los brazos suavemente en un ademán de ayudarla en caso de que no cayera bien. Ella se apartó y volteó a verlo.

- Lo siento – dijo el extraño – No fue mi intención asustarte.

Era un sujeto que le llevaba al menos una cabeza, joven, aunque no sabía qué edad podría tener precisamente. Tenía el cabello castaño claro apenas rizado y peinado hacia un lado. Sus rasgos eran finos y delicados pero masculinos. Era delgado y de buen porte, e iba bien vestido con una camisa blanca, chaleco de lana marrón y pantalones oscuros. Era evidente que era un hombre de buena educación, a pesar de su tendencia a espantar a la gente por la espalda.

- Está bien – respondió la joven tímidamente y con el rostro serio. Tenía el ceño fruncido.

- Era sólo una broma, créeme. Te escuché decir “soñé contigo” y fue demasiado tentador no responder a eso. Aunque no fuera hacia mí, claro – dijo con una sonrisa agradable.

Aurora dio un paso hacia atrás, lo observó apretando los dientes bajo los labios apenas entreabiertos en una mueca de desconfianza. El hombre apretó los labios consternado ante la reacción de ella.

- Empezaré de nuevo – dijo con seriedad. Extendió la mano – Permíteme presentarme, soy Phillip. Soy de la casa que creo mirabas antes.

- Ah… - la expresión de Aurora cambió rápidamente a una de sorpresa.

Luego de un momento de duda, le dio devolvió el apretón. La mano de ella se sentía un poco más pequeña en la de él, pero de la misma textura; era diferente a las manos encalladas y algo arrugadas de sus tías.

- ¿Puedo saber tu nombre? – inquirió él, enarcando las cejas pero sonriendo suavemente.

- Aurora.

- Qué nombre tan inusual, es bonito – dijo en un genuino halago y sonrió mostrando sus dientes. Eran blancuzcos pero parecían teñidos por un suave tono amarillento.

Aurora le dio las gracias de forma algo dubitativa. Luego de una pausa, comentó avergonzada:

- Lamento si parecía que estaba espiando tu casa.

- Ah, no, para nada – se apresuró a decir él negando con la cabeza. Señaló el árbol desde donde ella se había bajado - Ahí parada mirando entre la maleza a escondidas, nunca se me habría ocurrido decir que estuvieras espiando. En absoluto.

- Es que… - Aurora respondió, sin notar la mirada amigable de Phillip que negaba la seriedad su comentario – Yo no sabía que alguien vivía ahí. Bueno, no estaba segura. Simplemente la había visto y…

- ¿La habías visto en un sueño y te sorprendió verla en persona? ¿Tuviste un sueño premonitorio?

- No, no. La vi ayer cuando pasaba por aquí, y… Bueno… Nunca había venido hasta este sitio. Es bonito, es agradable. Ayer había mucho sol y todo se veía incluso más bello.

- ¿Y qué hacías por aquí? ¿Andabas a pie en medio del campo?

- No, no – la joven volteó a ver sus espaldas – Vine en caballo. Me detuve en este claro y mientras esperaba que él descansara, vi esa casa y me llamó la atención. No suelo ver casas por aquí.

- Evidentemente yo tampoco – Phillip ladeó la cabeza hacia un lado y se cruzó de brazos – Nunca te había visto.

- Vivo a unos kilómetros de aquí.

- ¿En serio? ¿Vives o te quedas temporalmente?

- Vivo.

- ¡Vaya! – exclamó, sorprendido.

- ¿Y tú? – preguntó con algo de timidez ante una pregunta tan personal. No estaba acostumbrada a hablar con extraños, especialmente sin la presencia de sus tías cerca - ¿Vives ahí?

- No, no. Vengo aquí esporádicamente.

- Ah… Es una casa de vacaciones…

- Algo así… No vengo por vacaciones, precisamente. Suelo venir cuando estoy muy harto de la gente. A veces vengo a quedarme unos días, una semana… Depende cuánto tarde en írseme las ganas de estar solo. Y vengo cuando no hay nadie más en la casa.

- Ahhh… ¿Es de tu familia?

- Algo así. Digamos que soy dueño de una parte de la propiedad.

Aurora asintió. Luego de un momento, frunció el seño, reflexiva.

- Pero… La casa se mantiene en muy buen estado, de otra forma no tendría tantas flores y se vería tan pintoresco.



NicoleRiverstone

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En el texto hay: cuento de hadas, romance y tragedia, misterio policial

Editado: 08.06.2020

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