Soledad a Doble Filo

CAPÍTULO SIETE

Bendita sea mi suerte, en la empresa no se les ocurre mejor idea que hacernos gastar dinero en ropa que difícilmente podría a usar en otro momento de mi vida por un evento social, que se supone es para confraternizar, para actualizarnos de la situación de la empresa que, aunque ellos quisieron aparentar nosotros no éramos bobos sabíamos que algo pasaba, pero no podíamos hacer más que trabajar. Que para rematar era de carácter obligatorio con lo que me fascina estar rodeada de personas con las que ya es suficiente verlos todos los días.

Para conseguir este vestido y combinar para ser un outfits idóneo para este evento no me quedo otra opción que llamar a Katherine y Elizabeth las cuales chillaron cual fanáticas locas frente a su artista favorito cuando le pedí ayuda.

El fin de semana anterior estuvieron reventando- como de mala costumbre- mi puerta a primera hora del día y como todo un vendaval me sacaron de mi departamento. Me hicieron recorrer dos centros comerciales COMPLETOS!!! Por suerte salí con mis deportivos sino hubiera desfallecido solo en el primero. Me mantuve en mis trece diciéndoles que no pensaba gastar dinero en esos lugares, ni loca eran demasiado caros, aun así, trataron de hacer que me comunicara- locura de ellas no mía- con esos vestidos que según ellas eran perfectos para la ocasión por suerte dicha “comunicación” nunca llegó y terminamos donde desde el inicio quería ir la bahía el punto comercial más grande de la ciudad con una gran variedad de productos para todos los gustos, colores, sabores y precios como dicen los vendedores. Recorrimos el sector hasta que al fin conseguimos todo lo que necesitaba. Para el final del día cansada, pies adoloridos y mi billetera un poco ultrajada lo tenía todo y Elizabeth se comprometió a encargarse de mi cabello y maquillaje, ya que de todas formas eso me saldría gratis y debo reconocer que la chica en esos aspectos sabe lo que hace.

….

 

Eran las siete y media de la noche más o menos y el taxi-puesto que el metro no pasaba por ahí y con mi atuendo imposible usar ese medio de transporte- acababa de llegar al hotel, pague lo acordado y salí en la recepción del hotel me acomode un poco de mi pequeña cartera saque la invitación, la entregue, espere un momento en que confirmaron mi identificación y me dieron indicaciones de que como llegar al salón donde se estaba dando el evento.

Cuando atravesé las puestas me quedé sorprendida y de buena manera la decoración era sutil y muy elegante sin rayar en lo extravagante había música en vivo, los meseros recorriendo por el lugar con canapés y bebidas, la luminosidad del salón daba una visión sublime. Estaba encantada; recorrí con la mirada entre las personas para buscar a compañeros más cercanos a  y poder unirme, me sentía nerviosa estar entre tanta gente estaba fuera de mi elemento, hace mucho tiempo que deje frecuentar lugar con multitudes y esta me ponía ansiosa así que disimuladamente respiré profundo, cuadré mis hombros y me acerqué a donde estaba Sofía que es con quien más confraternizo, ella estaba acompañada por dos mujeres mayores y un hombre de mediana edad que aunque los reconocía como trabajadores de la aseguradora no recordaba sus nombres, por suerte en cuanto Sofía me vio acercándome me animó aún más haciéndome señas con su mano, al llegar nos presentó entre todos y un tanto a regañadientes tuvo que dejarme fluir en la conversación algo sosa que se daba con ellos.

Al cabo de un rato comencé a sentir como una ligera comezón en la nunca, ya saben cómo si unas hormiguitas te caminan en la piel; disimuladamente paso una mano para rascarme, pero esa sensación se mantenía por lo que al cabo de un rato comencé a prestar más atención a mi alrededor y… di con el causante de mi incomodidad el tonto y demasiado sexy para su bien “boca abierta del ascensor” no dejaba de mirarme y si pensaba que me iba a amedrentar por su intensidad pues se equivoca, le mantuve la mirada hasta que el facineroso me sonrió y alzó su vaso como saludo… resoplé y puse mi atención en mis compañeros un rato más hasta que las ganas de ir al baño no podía aguantarlas más y les pregunté donde estaban, con sus indicaciones fui hacia ellos.

Una vez lista salí, caminé por el pasillo para regresar al evento cuando mi celular sonó y lo revisé era el grupo de chat de mis amigos preguntándome sobre el evento mientras les respondía se me ocurrió la tonta idea de seguir caminando por lo que unos metros más allá me choque con una pared con manos… manos que agarraron  mis caderas y apretaron… manos que me atrajeron a dicha pared… dicha pared que olía demasiado bien y que me hacía desear pegar mi nariz en ella… nariz que rozo un botón en dicha pared cálida. Si lo se estoy loca… que más.

Intento hacer presión para alejarme, pero no me dejaba y lista para lanzarle unos lindos improperios a quien me tenía atrapada la respiración se me cortó y mis mejillas ardieron cuando alce la vista y era…  él.



Casia Bertotiz

Editado: 15.10.2019

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