Solitario

2. Color Carmesí

—Jack, salté. Ahora —suelta el joven con una mirada que provocaba escalofríos.

—¿Cómo sabes mi nombre? —dije tartamudeando, intentando ganar tiempo, no tenía idea para qué.

Idiot… No ganaras tiempo, sal ahora o te destrozo las 2 piernas —confronta con una mirada sobre mí, que me dejaba como una pequeña hormiga frente a él.

Recordé en un instante el bolígrafo que Nicolas me dio, para algo servirá, pero es estúpido tomando en cuenta que el posee una navaja. Maldición.

—¿En serio? Que poca paciencia tienes, no crees. My friend. —dije serenamente conteniendo el miedo que me dominaba en ese entonces.

En menos de 1 segundo estaba en el suelo, con una navaja a centímetros de mi cuello. No podía moverme, su pie estaba sobre mi torso con mucha fuerza y el usar mis manos no era una opción.

—Haggard, lo que sabes es peligroso. Tengo que silenciarte —menciona con una mirada que no mostraba piedad. Solo terror —Por lo tanto, procederé a rebanarte el cuello.

—Tienes mucha formalidad y modales —dije con gotas de sudor bajando por mi frente.  —¿No serias un buen declamador?

—Borrare ese humor tan sin gracia que tienes. Despídete de este mundo, Haggard

Vi su cuchillo alejarse de mi cuello. Quiere terminar con un ataque.

Bye, bye —suelta.

El cuchillo se movió rápidamente dejando a su paso su reflejo tan característico y logré verlo, predecí su velocidad y con una determinación que nunca había tenido, interpuse mi mano derecha entre el cuchillo y mi cuello.

—¡MALDICIÓN! —grité de dolor. Mi mano derecha tiraba chorros de sangre como nunca había visto en toda mi estancia en la tierra.

—¿Tú eres idiota? —dice el joven.

—El idiota serás tú, te metiste con la persona equivocada —dije y posteriormente con el cuchillo clavado en mi mano derecha aprete el mango y jalé hacia mí al tipo.

—¡¿Qu…Qué mierda intentas hacer? —suelta mientras cada vez su rostro se va acercando al mío.

Cerré mi puño izquierdo con fuerza, tanta fuerza que sangre salía de mi piel al hacer contacto con tan filosas uñas. Empecé a gritar, a gritar con mucha fuerza. Era la voluntad que tenía y el como quería acabar con todos esos hijos de puta.

—¡Esto es por… mí! —grité. Mi puño izquierdo estampó con fuerza en su mejilla izquierda haciendo que broté sangre de su boca y unos pocos dientes se despidan de su hogar.

Sin pensarlo saqué la cuchilla enterrada a mi mano. Solté un grito de dolor.

La escena era feroz. La fuerza del golpe lo mando a un lado de mí y su cara quedo hacia un lado por la fuerza con la que le metí el puñetazo. Yo, estaba sentado en el suelo observando como de mi diestra salía mucha sangre, muchísima, demasiada. Me quité la chaqueta de encima e hice un intento de venda, aunque no fue de mucha ayuda.

Me levante, con mucho dolor sosteniendo mi mano derecha y camine hacia la mesa donde estaban la foto y la carta. Las metí en el bolsillo de mí pantalón.

Sentí una presencia detrás de mí. Aún no he ganado.

—Arriba las manos, imbécil —escuché detrás de mí. Puse mis manos como indico y voltee lentamente.

Estaba frente al cañón de su pistola, ahora no sé cómo saldré de esta.

—¿Sabes lo que acabas de hacer? ¡Acabas de golpear mi hermoso rostro! —empezó a decir mientras sangre salía de su boca cada vez que soltaba una palabra. Su molestia e ira se notaban a km de distancia, estaba enfurecido. Su rostro lo decía todo —¿Cómo pagaras? Tal vez te quite esas 2 hermosas cejas que tienes —soltó y después empezó a reírse de forma demencial. Sentí un escalofrío.

No dije ni una sola palabra. Le mire a los ojos aun cuando la pistola estorbaba mi vista. Se veía bastante afectado, parece que idolatra mucho su aspecto físico. Esto puede ser ventajoso para mí, no se ve tan calmado como la primera vez que lo vi.

—Te estas tardando mucho —dije con calma.

—¿Por qué tan calmado? Estoy apunto de volarte la cabeza —dijo con una risa en su rostro y unos ojos que solo querían verme agonizar.

Aproveche su ineptitud y su estado. Con rapidez golpee su arma con mi mano izquierda haciendo que caiga al suelo, fue doloroso, pero fue la primera manera que pensé. No había tiempo para más.

Saque de mi pantalón el cuchillo que ahora mi mano derecha odia y me pose frente a el tipo. Estaba indefenso, no tenía nada para contraatacar. Su rostro estaba plagado de desesperación y en un tonto intento soltó un golpe que fácilmente esquive. Demasiado lento.

—Tú. Estás muerto —dije en voz baja y con fuerza apuñalé su pecho.

—No te libraras, ellos… ellos vendrán a por ti —soltó escupiendo sangre. Antes de despedirse de este planeta.

Saqué mi cuchillo de su pecho y el se desplomó frente a mí, con sangre saliendo de su pecho y yo, con mis manos entintadas de color carmesí.



SergioDLCA

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En el texto hay: asesinato, misterio suspenso, terrorpsicolgico

Editado: 27.12.2019

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