Somos Arte [03]

Capítulo 7

"Si estás pasando por un infierno, sigue avanzando"

—Winston Churchill.

🌸🌸🌸

Melanie.

Sus palabras me toman por sorpresa, y no puedo evitar el escalofrío que recorre mi piel. No soy capaz de sostenerla la mirada, y me concentro en mirar su estudio.

Hay caballetes de todos los tamaños posibles, maniquíes de madera, botes de pinceles, lienzos, y libros de arte.

Esto es la definición de paraíso.

El ruido de la puerta cerrándose provoca que mi pulso se acelere. Neal deja mi mochila sobre el sofá, y me indica que tome asiento. Obedezco sintiéndome tímida, y siento que mis manos empiezan a sudar. La cantidad de pinturas femeninas me sorprende, y mis ojos se agrandan. Una en especial llama mi atención. La mujer se encuentra acostada en el mismo sofá que estoy yo con su cabello suelto, y nada de ropa.

—Tus cuadros son de mujeres desnudas —Hablo en voz baja.

Se cruza de brazos.

—Las mujeres son criaturas maravillosas, y a mí me encanta la belleza femenina —dice con sinceridad, y mi aliento se detiene.

No hay nada provocador en su voz. Solo sinceridad, y fascinación.

—Todas las mujeres de tus pinturas son muy bonitas —susurro avergonzada esta vez.

—Tú eres hermosa, Melanie.

De repente me siento en llamas. Mis terminaciones nerviosas queman de pies a cabeza. Él es capaz de convertirme en cenizas solo diciendo palabras como esas. Nuestros ojos se encuentran, y trago saliva. Son tan azules, y me recuerdan a un océano.

El enorme estudio se siente pequeño, y me quedo en silencio. No soy capaz de responderle. No estoy acostumbrada a este tipo de halagos.

—Cada vez que te miro veo a una chica herida, y asustada del mundo —Habla de nuevo, y aparto la mirada —. Algo te ha herido profundamente, y te ha obligado a ser así.

Mi corazón parece salirse de mi pecho.

—Yo... no vine aquí para hablar de mí —susurro.

—No quise incomodarte. Lo siento —Se disculpa suavizando su voz —. ¿Puedo ver tus dibujos?

Me muerdo el labio con fuerza, y asiento. Rebusco en mi mochila mis bocetos, y le entrego. Neal mira con atención en todo momento, y la sangre corre de manera violenta mis mejillas. Me sorprende saber que su opinión me importa¿Soy demasiado transparente?

¿Qué pensaría de mí si supiera cuan repugnante es mi pasado? Mi corazón se ha roto hace mucho tiempo, y dudo que algún día vuelva a reconstruirse.

—No mentía cuando dije que tienes talento real —Neal me saca de mis pensamientos —. Solo debes trabajar un poco más en él.

Me ruborizo.

—Gracias.

La puerta se abre, y entra su madre sosteniendo una bandeja con galletitas, y dos vasos de leche. Su sonrisa es genuina mientras nos observa.

—Siento mucho interrumpir.

Neal sonríe, y toma la bandeja para dejarlo sobre su escritorio.

—No es molestia, mamá. Gracias.

Besa la mejilla de su madre, y ella lo mira con dulzura. Es evidente que él la adora, y saber eso me provoca calidez en el pecho.

—Espero que te gusten las galletitas —dice su madre con simpatía.

Asiento.

—Estoy segura que sí, señora...

—Puedes llamarme Lena —Me interrumpe guiñándome un ojo.

—Está bien, gracias, Lena.

—No quiero interrumpir más, cualquier cosa pueden llamarme —dice, y se retira cerrando la puerta.

Neal me ofrece el vaso con leche, y mi mano tiembla mientras lo sostengo. Mis nervios son evidentes, pero él hace de cuenta que no lo nota.

—¿Quieres? —Me ofrece la galleta, y vuelvo a asentir como una estúpida. Me odio.

—Gracias —musito sonando incómoda, y le doy una mordida —. Es deliciosa.

—Mamá es experta cocinando —comenta —. Probablemente se sabe todas las recetas del mundo. Tiene pasión por la gastronomía.

Eso llama mi atención.

—¿En serio? También me gusta cocinar.

Su sonrisa es cegadora.

—Quizás algún día puedan preparar algo juntas. Estaré encantado de comer algo hecho por ti.

Casi me atraganto en el momento que se sienta a mi lado en el sofá, y continúa hojeando mi boceto como si fuera lo más normal del mundo. De vez en cuando se detiene en ciertos dibujos, y comenta lo bueno que son. Me explica algunos conceptos, y me muestra su bloc donde todo está hecho con lápices de carbón.

Estoy encantada.

—Tenía cinco años cuando descubrí mi pasión por el dibujo —sonríe —. Papá me regaló muchas acuarelas, y pasaba días dibujando, y pintando. Fui un niño feliz.

Le devuelvo la sonrisa.

—Yo empecé a los diez. Dibujar me ayudaba a olvidar —musito antes de que pueda detenerme, y me arrepiento de inmediato.

Una mirada de compasión cruza sus rasgos, y tengo ganas de esconderme.

—El arte puede ser una gran escapatoria.



Jessica Rivas

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#608 en Novela romántica

En el texto hay: romance, amor, dolor

Editado: 26.03.2019

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