Somos Arte [03]

Capítulo 38

"Haz lo necesario para alcanzar tu más grande deseo y acabarás lográndolo" —Ludwing van Beethoven.

🌸🌸🌸

Melanie.

—¿Qué...? —jadea Neal.

¡Mierda! Aprieto mis ojos cerrados. Mierda. Mierda. Mierda. ¿Cómo fui capaz de decirle el secreto de mi familia? Caleb se enfadará cuando sepa que abrí mi bocota. ¿No pude mantenerme callada? La confianza que siento hacia Neal me impulsó a hacerlo y ahora no hay vuelta atrás. ¿Cómo explicaré esta locura?

—Melanie.

Abro mis ojos y lo encuentro estudiándome. Por supuesto que lo hace. Siempre me está mirando. Siempre viendo demasiado, atento a mis emociones. Paso la lengua por mis labios, apartando la mirada de él.

—Olvida lo que dije —musito, tratando de alejarme.

Neal agarra mi mano, entrelazando nuestros dedos.

—Mírame —Pide y lo hago —. Puedes confiar en mí, Melanie. No voy a juzgarte nunca, menos a tu familia. No soy el indicado para hacerlo.

Mis pulmones se expanden, inhalando esas palabras. No debería sorprenderme que adopte esa actitud. Neal siempre ha sido sincero y comprensivo.

—Bella y Caleb me encontraron en el momento más difícil de mi vida —Empiezo, sentándome de nuevo en la banca. Neal hace lo mismo, manteniendo su mano sobre mi muslo —. Mi padre fue detenido por tener estupefacientes en la casa. Siempre fue un adicto a la cocaína, un drogadicto que hacía lo que sea para obtener un poco de su dosis. Ni siquiera le importó vender a su propia hija a uno de sus proveedores.

Neal se levanta, sus manos recorriendo su cabello mientras la ira brilla en sus ojos azules.

—¿No le importó venderte? Explícate.

Las lágrimas se acumulan en mis ojos.

—Mi padre no tenía dinero para pagar una mercancía y decidió usarme —sollozo, cubriendo mi rostro con mis manos —. Por favor, ya no quiero recordar.

Se pone de cuclillas frente a mí, su rostro rojo por el enojo.

—No voy a forzarte a decirme, pero si algún día quieres compartirlo con alguien, estoy aquí.

Mi mano va a su mejilla, sus palabras haciendo que mi confianza regrese de nuevo.

—Está bien —musito —. No recuerdo muy bien cómo pasó, tenía diez años en ese momento. El amigo de mi padre metió mi mano dentro de sus pantalones y me obligó a tocarlo.

Mi mirada salta a la de él. El horror grabado en su rostro hace palpitar a mi corazón de una manera que duele. Neal exhala, sus puños apretándose a sus costados.

—Dios, Melanie...

Respiro pesadamente, las lágrimas haciendo borrosa mi visión.

—Charlie actuaba como un novio celoso —prosigo, mi cuerpo entero temblando por mi llanto —. Él permitía que sus amigos me tocaran, pero nunca más allá de la penetración. Decía que era el único que podía tenerme porque yo era su mujer, su pequeña Margaret.

Extiende sus brazos y me lanzo sobre él. Me desplomo contra su cuerpo y lloro desvergonzadamente. Decirle estas cosas se siente liberador. Nunca compartí mi pasado con nadie, ni siquiera con los psicólogos o incluso Bella.

—Tengo ganas de matar a todos esos hijos de puta por ti —Su voz mordaz provoca escalofríos en mi piel —. Juro que, si los tengo frente a mí, acabaré con sus miserables vidas.

Apoya su frente contra la mía, mis ojos cerrándose por el contacto.

—Ya no quiero pensar en ellos, solo quiero seguir adelante —digo —. Lo he intentado desde que conocí a mis padres adoptivos.

Neal se sienta de nuevo en la banca, posicionándome encima de su regazo. Me acurruco en su pecho, aspirando su adictivo aroma. Huele maravilloso. Sus brazos son el lugar más seguro del mundo en este momento.

—Puedo ver que los amas sin importar que sean asesinos. Aun no entiendo esa parte.

Mis ojos se posan en nuestras manos entrelazadas.

—Es bastante difícil explicar, pero lo haré simple. Caleb fue entrenado en una organización de asesinos al igual que Alayna.

No se inmuta.

—¿La mujer que conocí en la fiesta de Brody?

—Sí —respondo —. Ella es aterradora, pero hizo muchas cosas buenas por mí. Todavía no escuchaste ni la mitad de mi turbio pasado. Estoy más sucia de lo que crees.

Tensa su mandíbula, sus ojos entrecerrados mientras me observa con una ira que me hace helar la sangre.

—Eres mi chica, Melanie, y te amo. Cualquier palabra ofensiva que sale de tus labios hacia ti me afectan. Así que te sugiero que no vuelvas a hacerlo, ¿bien? Los únicos sucios son todos esos hijos de puta que te lastimaron.

—Lo siento —musito con la cabeza gacha —. Mi dignidad ha estado destrozada por mucho tiempo.

—Siempre te recordaré lo valiosa que eres. Nunca vuelvas a menospreciarte porque no lo tolero —Una de sus manos va a mi cabello mientras aplasta su boca contra la mía. Nuestras lenguas vuelan y se entrelazan juntos, respiraciones agitadas y suspiros descontrolados —. Eres la mujer más hermosa que he conocido.



Jessica Rivas

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En el texto hay: romance, amor, dolor

Editado: 26.03.2019

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