¡soy gay!

Capítulo 11

 

Lo dicho, hay demasiadas cosas en que me encuentro pensando y antes de darme cuenta, estamos en diciembre, a nada de celebrar la navidad y yo me quiero tirar de un puente. Olímpicamente, el desgraciado de Andrés me ha evitado las últimas semanas, después del chistecito de aparecer con su novia, y es que de buenas a primeras ha dicho que se casan en febrero, es decir, incluso antes de Sara y Matías. A decir verdad, no tengo idea si es otra artimaña o si tiene urgencia de pasar a la luna de miel, como quiera que sea ha brillado por su ausencia y yo he tenido que soportar el escrutinio de Ivonne que parece halcón detrás de mí. Por su propio bien, es mejor que no se me ponga en frente, porque terminare preso o algo así.

Sara no ha dicho nada relacionado a él desde la carne asada, por ahora, porque sé que a esa no se le olvida nada, supongo que con todo el asunto de Pancha lo tiene guardado. Por fortuna, mi querida hermana pierna suelta parece estar comportándose, porque eso de que ha cambiado, nah, ni con 12 rosarios o varias peregrinaciones se le quita.  En tanto que Iván sigue en su plan de novio fingido y yo solo le doy el avión. Ni esos saludos entusiastas han hecho persuadir a Ivonne, así que no hay mucho que hacer por ahí.

El drama es, que desde luego pasaremos navidad con el novio de Rebeca y eso incluye a su hijito y próxima nuera. La niña es una monada, no puedo decir nada feo de ella y eso me pone de malas. Esperaba que fuera como en las películas donde es una pesadita y malvada, pero no, ni homofóbica ni nada y eso me hace sentir culpable por querer merendarme a su prometido. Carola ha aparecido un par de veces por la casa, donde toda su familia se pasea como si fuera un parque público, toda, menos el maldito ese. Me agrada la chica, es tan inocente y la típica hija de papis. Puedo verla haciendo un matrimonio feliz con el Andrés y eso me pone mas furioso. Son tan perfectos y yo no debería estarme haciendo caricaturas en la cabeza, pero la culpa es de Iván y del mismo Andrés, el primero por meterme ideas locas y el otro por dar señales equivocadas.

Me estoy desquiciando, porque loco ya estaba.

―¿Puedes quitar esa cara? ―Le saco la lengua a Sara, porque estoy que no me calienta ni el sol, así que no me molesto en fingir modales o madurez.

―¿Por qué tienen que venir? ¿No tienen su propia o qué? ―No es la primera vez que pregunto, así que espero me arroje algo, pero mi hermana no pierde la calma.

―Tú sabes porque ―dice pacientemente.

Ash. Si que lo sé y eso tampoco ayuda mi humor.

Mi madre cada día parece mas entusiasmada que nunca, han pasado la etapa del tonteo y tanteo, temo que en cualquier momento nos diga que se fugan o algo así. Me siento feliz por ella, pero… eso hace que lo inevitable ocurra. Seremos familia. Eso claro antes si no lo mato y me voy preso.

―¿Puedo faltar?

―Ni lo pienses, Peter. ―Me da una de sus expresiones severas, que en otras circunstancias me habría hecho estallar en risas. No, nada de esto es gracioso.

―Pero…

―Quedamos que haríamos todo por verla feliz. ¿Ya se te olvido?

Después del pancho de Pancha, discutimos que dejaríamos y haríamos todo para que mi madre prosperara con su relación.

―No, pero… ―Se olvida de los romeritos y se sienta junto a mí. Le da una mirada cautelosa a mi intento de ensalada, pero no dice nada, posiblemente para no herir mis sentimientos. Si supiera que la comida es lo último que me viene a la mente, creo que hasta he perdido peso.

Algo bastante imposible en fin de año, cuando lo que sobra en comida y golosinas de las posadas. Ni cantar la de los peces me ha animado.  

―¿Vas a decirme de una buena vez que pasó entre ustedes?

La miró como si acabara de preguntarme porque Maluma no ganó Grammy. Es decir, helou.

Y es que, aunque es una pregunta, sus palabras son más una afirmación, dando por hecho que ocurrió algo.

―No sé de… ―Me da un guantazo―. ¡Oye! Tienes la mano pesada. ―Me froto de forma exagerada, devanándome los sesos por una respuesta listilla.

―Déjate de tonterías, Peter. Sé que pasó algo, por eso han estado actuando tan raro. Dime, ¿debo preocuparme? ¿Vas a hacer una locura?

―Define locura.

―¡Peter! ―Esquivo otro de sus golpes y la miro con advertencia―. Esto es serio, él va a casarse.

―Lo sé. Es de lo único que se habla por aquí.

―¿Y harás algo?

―¿Algo como qué? ―Ella mira al techo y resopla, no la culpo, parezco periquito, haciéndome el tonto.

Pero lo preocupante, es que no anda tan perdida, he pensado en aparecerme en plena iglesia e impedirla, pero ¿Cómo impides que se case el hombre que ni siquiera ha tenido los pantalones para decirle que diablos le pasa? Y cuya única experiencia cercana ha sido dejarte botado en un hotel, con los pantalones en los tobillos, después de haberte calentado. ¡Eso no es de Dios!



Isela Reyes

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Editado: 08.01.2020

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