¡¿soy una princesa?!

Capítulo 14

Abro los ojos ante el sonido de un cristal romperse. La oscuridad de mi cuarto y la poca iluminación que entra por el ventanal gracias a la luna no basta para poder distinguir al responsable de las pisadas que cada vez se escuchan más cercas de la alcoba principal.

Con delicadeza extrema bajo de mi cama sin hacer ruido alguno y del mismo modo posiciono las almohadas de tal manera que de la ilusión de que sigo durmiendo.

El sonido de la puerta cerrarse me avisa del poco tiempo que tengo para encontrar un escondite, y los murmullos que hacen latir a mi corazón cada vez más fuerte invadiéndome de miedo se escuchan más claros con cada segundo que pasa. Sin pensarlo dos veces me escondo tras las inmensas cortinas del ventanal, dejando un diminuto y discreto espacio para permitirme ver lo que sucede.

Mis nervios se intensifican al escuchar los sonidos de cosas moverse de lugar y siento como si mi corazón parase al ver tres personas caminando al interior de mi baño. Respiro hondo, cuento hasta tres, y salgo con paso apresurado de manera silenciosa de la cortina hasta la puerta de la sala de mi cuarto, la cual por suerte permanece abierta. Una vez me aseguro de que el pasillo permanece despejado corro hasta el final de este, hasta la alcoba de mis padres. Evitándome la cortesía de tocar abro la puerta de manera inmediata.

Conforme avanzo hasta el interior, el piso es reemplazado por nieve y los muebles por árboles. Me giro con la intención para volver, pero eso se vuelve imposible al notar que no hay puerta. Estoy rodeada de árboles.

El sonido resonante de la alarma del palacio no suena tan cerca, dándome a entender que estoy lejos de casa. Las pisadas nuevamente se escuchan, esta vez las ramas crujiendo las delatan por lo que empiezo a correr, tan lejos como mis pies lo permiten.

La nieve pronto es intercambiada por asfalto, y lo frío que mis pies sufren poco a poco se transforma en calor a tal punto que empieza a quemar.

Tropiezo gracias a la delgada bata blanca de seda que se enreda en la rama de un arbusto. Trato de levantarme inmediatamente y seguir corriendo pero mi brazo es sujetado con fuerza, impidiéndome hacer algún movimiento.

—¡SUÉLTAME! —grito a todo pulmón, tratando de zafarme de su agarre— ¡Suéltame! —repito, esta vez de manera suplicante.

Él no dice nada, pero las intenciones de dejarme libre son nulas. Mis parpados pesan, y soy consciente de que cerrarlos seria el por error de mi vida, aun así lo termino haciendo.

 

—Sophie… ¡Sophie! Despierta.

Siento mi cuerpo moverse de un lado a otro, muy levemente. Trato de abrir los ojos a pesar del cansancio que me indica que haga lo contrario. Con lentitud empiezo a abrirlos y la silueta de la persona que se mantiene delante de mí comienza a hacerse más clara.

—¡Erick! —lo abrazo con fuerza atrayéndolo hacia mí.

—Estabas gritando ¿Estas bien? —pregunta, lentamente separándose, concentrando sus ojos en los míos.

—Yo… yo… —bajo la mirada al no poder responder.

—¿Te parece si vamos por un vaso de agua? —propone, levantándose de la mi cama y extendiéndome su mano la cual tomo.

Mis pies descalzos se erizan al tocar el frío suelo por unos segundos. Ambos salimos de mi habitación, los pasillos permanecen oscuros por lo que no puedo evitar sentir una sensación de miedo el cual poco a poco se va desvaneciendo al tratar de buscar una respuesta del por qué Erick estaba en mi habitación a las tres de la mañana.

Me sujeto de Erick al tambalearme por pisar uno de los resbaladizos escalones de mármol; el piso recién pulido y la oscuridad que cubre los pasillos no son una buena combinación. Siendo tomada por Erick de la mano y con mucha precaución bajo las escaleras hasta el primer piso.

La cocina permanece en total silencio y oscuridad. Erick enciende las luces bajando un poco la iluminación con la intención de cubrir nuestra clandestina presencia a estas horas ante alguien que pudiera estar despierto. Él abre la nevera sacando una jarra de agua de la cual me sirve un poco en un vaso.

—Toma—sostengo el vaso para proceder a darle un sorbo.

—Gracias.

—Tenías una pesadilla ¿No es así? —asevera, a la vez que sirve otro poco de agua en uno de los vasos para darle un sorbo.

—Si —afirmo bajando mi mirada hacia el vaso de cristal.

—¿Me quieres contar?

—Es la segunda vez que tengo la misma pesadilla, solo que…

Trato de recordar la primera vez que tuve el mismo sueño que esta noche, fue después del baile de mi presentación. Con la única diferencia de que esta vez fue más detallista.

—¿Solo que qué?

—Esta vez fue más extenso, y más realista —levanto mi vista hasta sus ojos—. Estaba dormida… escucho pisadas… me escondo tras las cortinas de mi alcoba… tres sujetos entran a mi baño y corro hacia la habitación de mis padres, pero de un momento a otro estoy en el bosque y después en la carretera. Recuerdo que en ambas vestía igual, portaba una bata blanca de seda que se enredaba en una rama y me hacía tropezar ¿Crees que… se relacione a cómo desaparecí? —me atrevo a preguntarle.

—No lo sé, no sé mucho de tu historia, lo siento.

—Descuida.

Erick camina nuevamente hasta la nevera, esta vez sacando helado sabor vainilla. Él sonríe de manera cómplice. Camino hacia las gavetas sacando dos copas para helado y dos cucharas; con una de ellas, Erick nos sirve a ambos un poco del helado.

—¿Acaso se hará una costumbre comer helado por la madrugada? —pregunto de manera sarcástica, logrando sacarle una pequeña risa.

—Tal vez.

—Nos reprenderán si nos descubren en la cocina comiendo helado —se encoge de hombros.

—No importa, al menos estas más tranquila —sonrío.

—Erick… ¿Podrías quedarte en mi habitación esta noche?



Juliet Valzua

#3799 en Novela romántica

En el texto hay: misterio, amistad, amor

Editado: 20.11.2020

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