Tal como eres- Diana Palmer

Capítulo Uno

Al principio, Mandelyn pensó que los golpes sonaban en el interior de su cabeza, 
ya que se había ido a la cama con una fuerte jaqueca. Pero cuando los golpes en la 
puerta se hicieron más fuertes, se sentó en la cama y miró la hora en el reloj de 
pared. 
Era la una de la madrugada, y no podía imaginarse que nadie en el rancho quisiera 
despertarla a esa hora, por ninguna causa. 
Se levantó de un salto y se puso una bata sobre el camisón. 
Sus ojos grises reflejaban la preocupación que la embargaba mientras 
atravesaba la casa para abrir la puerta. La casa era como la de todos los ranchos de la 
región y, desde donde estaba enclavada, podían contemplarse' las Montañas 
Chiricahuas, al sudeste de Arizona. 
-¿Quién es? -preguntó ella con el clásico acento de Charlestónn, donde había 
nacido. 
-Jake Wells, señorita -le respondió una voz al otro lado de la puerta. . 
Era el capataz de Carson Wayne. Sin que fuera necesaria una sola palabra de 
explicación, ella supo lo que iba mal y la razón por la que la habían despertado. 
Abrió la puerta y recibió al alto y rubio hombre con una sonrisa preocupada. 
-¿Dónde está? -le preguntó. 
El hombre se quitó el sombrero suspirando. 
-En la ciudad, en el bar Rodeo. 
-¿Está borracho? 
El capataz dudó un instante. 
-Sí, señorita -dijo por fin. 
-Ésta es la segunda vez en los últimos dos meses. 
Jake se encogió de hombros y empezó a manosear el sombrero. . 
 -A. lo mejor tiene problemas de dinero -se aventuró Jake. 
-No creo -murmuró ella-. Hace ya meses que tengo un comprador para ese 
trozo de tierra suyo, pero no ha querido ni hablar del tema. 
 -Señorita Bush, ya sabe lo que piensa él de esas urbanizaciones Esas tierras han sido de su familia desde la guerra civil. 
 -¡Tiene miles de hectáreas! -explotó ella-. ¡No ,me diga que. va a echar a faltar 
ese, trozo de tierra precisamente! 
-Bueno, es que es ahí donde está la casa familiar. 
-Pues ahora no parece que la esté usando mucho. 
Él se limitó a encogerse de hombros como respuesta al comentario de Mandelyn.
 . 
Algunos minutos más tarde, vestida con unos vaqueros, un yérsey amarillo y una 
chaqueta de piel, Mandelyn estaba sentada al lado de Jake en la furgoneta con las 
marcas del rancho de Carson Wayne pintadas de rojo en las puertas. 
-¿Y por qué no vas a pedirle a otra gente que le ayude? -le preguntó ella molesta. 
-Porque usted es la única persona en el valle que no está enfadada con él. 
-¿Es que no le podéis llevar a casa los chicos y tu? -Lo intentamos una vez, pero 
la factura del médico fue demasiado cara. Él no se atreverá a golpearla a usted. 
Eso era bastante cierto. Carson era un hombre fiero y rudo, que vivía en un 
edificio ruinoso que él llamaba «casa como si fuera un ermitaño. Odiaba a sus vecinos 
y era el hombre más violento que ella había conocido en su vida. Pero, después del 
primer momento, ella le había caído bien. La gente decía que eso era porque Mandelyn 
era toda una señora de Charles ton, Carolina del Sur, y él se sentía en la necesidad de 
protegerla. Pero eso era verdad sólo a medias. Mandelyn también sabía que le gustaba 
porque tenían el mismo carácter, porque se enfrentaba a él sin miedo. Había sido así 
desde el principio. 
Salieron de la carretera del rancho y se metieron en la autopista. Había luz 
suficiente como para ver los gigantescos cactus levantando sus brazos al cielo y las 
oscuras montañas recortándose contra el horizonte. . 
Arizona le parecía tan bonita hacía que se le cortara la respiración, a pesar de 
que ya llevaba ocho años viviendo allí. Había llegado de Carolina del Sur cuando tenía 
dieciocho años, destrozada por una tragedia personal y esperando encontrar en esa 
desnuda tierra una perfecta expresión de su propia desolación. Pero se olvidó de todo 
eso Guando vio las Montañas Chiricahuas por primera vez. Desde entonces, había 
aprendido a apreciar aquellos paisajes y los verdes tonos de la región donde había 
nacido se iban haciendo cada vez más difusos en su memoria. Todavía se le notaba el 
lugar del que procedía sobre todo en el acento y en su forma de comportarse; pero en 
ese momento se sentía tan de Arizona como un, personaje de Zane Grey. 
 -¿Por qué ha hecho? -le preguntó ella al capataz cuando entraban en el pequeño 
pueblo de Sweetwater. 
 -E$o es algo que no me incumbe. Pero es un hombre solitario y se siente ya 
viejo. 
 -Pero si solamente 'tiene treinta y ocho años -replicó 
 ella_. No está precisamente como para el asilo. 
 Jake la miró escépticamente. 
 -Está solo,' señorita Bush. Los problemas no parecen tan grandes cuando' los puedes 'compartir. Mandelyn suspiró. Eso lo sabía ella demasiado bien. Desde que 
murió su tío, hacía ya cuatro años, no tenía a nadie con quien compartir su soledad. Si 
no hubiera sido por la agencia inmobiliaria y el estar afiliada a media docena de 
organizaciones, se habría tenido que marchar dé Sweetwater desesperada. 
Jake aparcó delante del bar Rodeo y salió de la furgoneta. Mandelyn estaba ya 
en tierra antes de que él pudiera acercarse a ayudarla. 
El camarero les estaba esperando en la puerta, la calva le brillaba al contraluz. 
-¡Gracias a Dios! Mandelyn, acaba de dejar inconsciente a un vaquero Y se ha 
liado a bofetadas con otros tres más. 
-¿Qué? 
-Era uno del rancho Lazy X. Le dijo algo que no le gustó, sabe Dios qué. Él estaba 
sentado tranquilamente, terminándose otra botella de whisky, sin meterse con nadie 
cuando ese estúpido vaquero... -se detuvo y suspiro Me han vuelto a romper el espejo, 
además de una docena de botellas. Al vaquero se lo han tenido que llevar al hospital a 
que le recompongan la mandíbula y a dos de los otros va a haber que hacerles lo mismo. 
cuando se despierten. El último está ahí detrás, subido a un árbol, con Carson 
sentado en el suelo debajo suyo, esperando a que baje o se caiga y riéndose como un 
loco. 
Carson no se reía nunca. Por lo menos hasta que no se ponía realmente como un 
loco sediento de sangre. 
 -¿Y qué pasa con el sheriff? -preguntó Mandelyn suspirando. . . 
 -Como harían la mayor parte de los hombres en su sano juicio, pensó que lo 
mejor era mandar a su ayudante para que le convenciera. 
-¿Y? -preguntó Mandelyn arqueando las cejas. 
-Pues que ese señor está en el cuarto trastero pidiendo a voces que le saquen de 
allí. 
-¿Y por qué no le sacan? 
-Porque la llave la tiene Carson. 
Jake se echó el sombrero sobre los ojos. 
-Creo que lo mejor es que me vaya a sentar en la furgoneta. 
-Sí, pero ve antes a sacar de la cama a la autoridad, Jake 
-le dijo el camarero angustiado. 
-¿Por qué? -preguntó Jake-. El sheriff Wilson no se va a levantar para arrestar 
al jefe y como Danny está encerrado en 
el trastero, creo que todo está en orden. El único problema son los gritos. ' 
-Verás, es por los destrozos. Hasta hace poco, esto sucedía de vez en cuando, y 
era normal, no pasa nada porque alguien rompa el espejo y unas cuantas botellas una 
vez al año. ¡Pero es que ahora es todos los meses! ¿Qué es lo que pasa? 
-Me gustaría saberlo -suspiró Mandelyn-. Bueno, creo que es mejor que vaya a verle. 
-Suerte. Ojo, puede tener una pistola -le dijo el camarero. -La va a necesitar. 
Manddyn llegó a la parte trasera del bar justo a tiempo para escuchar la última 
parte de una larga y calurosa serie de tacos, lanzados por un hombre alto, vestido con 
un chaquetón de piel de cordero y que miraba muy serio a ótro hombre que estaba 
encaramado en lo más alto de una encina 
-¡Señorita Bush! -le dijo el hombre del árbol-. ¡Socorro! 
El alto y robusto hombre se volvió y la miró. Llevaba el clásico sombrero vaquero 
calado hasta los ojos y su barbilla necesitaba un afeitado, por lo menos tanto como su 
encrespado pelo un paseo por la peluquería. Llevaba una pistola en la mano y tenía una 
mirada capaz de atemorizar a cualquiera. 
-Adelante, dispara -le retó ella 
A ver si te atreves. Él se quedó quieto, respirando lentamente, observándola. 
-Si no vas a utilizar esa pistola. ¿Me la puedes dar? –le preguntó Mandelyn 
señalando el arma. 
Él se quedó quieto durante un largo y tenso instante; entonces, lentamente, 
agarró la pistola por el cañón y se la ofreció por la culata. 
 Ella la cogió con cuidado, vació el cargador y se guardó en un bolsillo 1<i pistola 
y en otro las balas. 
-¿Qué hace ese hombre en el árbol? 
-Pregúntaselo a él. 
-Bobby, ¿qué has hecho? -le preguntó al joven y delgaducho vaquero que estaba 
subido al árbol. 
 -Bueno, señoritá Bush, le di en la espalda con una silla... 
Él estaba pegando a Andy y yo temí que le fuera a hacer daño. 
_Si se disculpa _le dijo ella a Carson-, ¿le dejarás bajarse de ahí? 
 Él se quedó pensándolo un rato, manteniéndose a duras penas sobre sus pies. 
-Supongo --dijo por fin. 
-¡Bobby, discúlpate! 
-fLo siento, señpr Wayne! 
Carson miró hacia arriba. 
-De acuerdo, hijo, de... 
Mandelyn apretó los dientes ante la sarta de palabras malsonantes que soltó 
Carson antes de dejar que el vaquero se bajara. 
-,-¡Gracias! -dijo Bobby rápidamente y salió corriendo antes de que a Carson se 
le ocurriera cambiar de opinión. 
Mandelyn suspiró .y miró a Carson. Era un hombre alto y de hombros anchos, con 
un físico que habría atraído a cualquier mujer. Pero estaba a medio civilizar y 1e 
resultaba, inimaginable que ninguna mujer quisiera vivir a su lado. 
-¿Ha venido Jake contigo? 
-Sí, como siempre. 
Ella se le acercó y, moviéndose muy lentamente, le cogió de la mano. Era grande y callosa, además de cálida. Sintió una especie de escalofrío al tocarla. 
Vámonos a casa, Carson. 
El dejó que le guiara, tan .dócil como un corderillo. No era ésa la primera vez que 
a ella le sorprendía aquella docilidad. Él atacaba. a cualquier hombre que se cruzara en 
su camino, pero, por alguna razón, toleraba que ella le dominara. Era la única persona a 
la que sus empleados podían llamar para que les ayudara con él. . 
 -Me avergüenzo de ti le dijo ella. 
Cierra el pico. Cuando quiera un sermón, llamaré a un cura. 
 -Cualquier cura al que se te ocurriera llamar se moriría al oír tus pecados. Y no 
me des órdenes, no me gustan. 
 Él se, paró repentinamente. Todavía iban de la manó y, con esa acción, hizo que 
ella estuviera a punto de caerse. 
_Eres como un'gato salvaje -le dijo él con los ojos brillando en la oscuridad 
Con toda tu cultura y educación, eres tan dura como una mujer de campo. . 
 -Seguramente sí lo soy contestó Mandelyn-. ¡Tengo que serlo para tratar con un 
salvaje como tú! 
 Algo oscureció la mirada de Carson. De repente, hizo que ella se diera la vuelta, 
la abrazó y la levantó del suelo. 
 -¡Bájame, Carson! -le dijo empujando sus fuertes hombros. ' 
 Él ignoró sus esfuerzos. Con una de sus manos la agarró del pelo e hizo que 
echara hacia atrás la cabeza. 
-Estoy harto de dejarme llevar por ti como si fuera un perrillo faldero. Estoy 
cansado de que me llames salvaje. Si es eso lo que de verdad piensas de mí" á lo mejor 
ya es hora de que me, gane esa reputación. 
Le dolía tanto el tirón de pelo, que' apenas pudo oír lo que le estaba diciendo. 
Entonces, con una precisión extraña para el estado en que se encontraba ella besó 
fuertemente en los labios. , 
 Mandelyn se puso rígida ante la inesperada intimidad de esa boca que olía a 
whisky. Tenía los ojos muy abiertos, yen ellos se leía la sorpresa y el miedo. Él apretó 
aún más, hasta que la presión llegó a ser dolorosa. 
 Mandelyn logró dar un penetrante grito de protesta y consiguió que Carson 
separara 'un poco la cabeza., Sus ojos reflejaban tanta confusión como los de 
ella y en su rostro había una expresión de severidad que Mandelyn nunca había visto. 
Cuando su mirada se posó en la boca de ella, descubrió que con su ardiente furia le 
había hecho una herida en un labio. 
Pareció como si en ese mismo instante se le hubiera pasado la borrachera. La 
volvió a dejar suavemente en el suelo y, como dudando, la sujetó de los hombros. 
-Lo siento -le dijo lentamente. 
 Ella se tocó los temblorosos labios, todo el afán de lucha había desaparecido. 
 -Me has hecho una herida -murmuró. 
 Él le pasó entonces un dedo por el labio herido mientras su pecho se agitaba 
nerviosamente. Mandelyn rechazó ese contacto y él dejó caer la mano  -No sé por qué he hecho esto. 
. Ella nunca se había preocupado antes por cómo sería su vida amorosa o por las 
mujeres que habían pasado por ella; pero el contacto con su boca había provocado una 
inesperada intimidad entre ellos que hizo despertar su curiosidad por él de una forma 
que llegó incluso a hacerla avergonzarse de sus pensamientos. 
-Es mejor que nos vayamos -le dijo-. Jake debe estar preocupado. 
Ella se dio la vuelta, dejando que Carson la siguiera. No quería estar demasiado 
cerca de él hasta que, por lo menos, no se le pasara un poco la impresión. 
 Jake abrió la puerta,. .frunciendo el ceño cuando vio la expresión de su cara. 
 -¿Está bien? -l.e preguntó rápidamente. 
-Es una herida de guerra -le contestó ella con un resto de humor. . 
 Se metió en la furgoneta, juntando las rodillas cuando Carson se sentó a su lado 
y cerró la puerta de un golpe. -¡Vámonos! -le dijo a Jake sin mirarle. 
Para Mandelyn, la vuelta a casa fue algo horrible. Se sentía ultrajada. Hacía años 
que le conocía, pero en todo ese tiempo, nunca había pensado en él de una forma que 
pudiera llamarse fisica. 
Carson era demasiado grosero como para considerarle objeto de deseo, 
demasiado incivilizado y antisocial. Por otra parte, se había jurado a sí misma que 
nunca a volvería a enamorarse. Todavía estaba demasiado fresco en su memoria el 
amor que había perdido hacía años. Y ahora, Carson la había sacado de su apatía con un 
beso brutal. Le había robado su paz mental. Esa noche había cambiado las reglas del ju
ego inesperadamente y ella sé sentía vacía, herida, y asustada 
 Cuando Jake tiró de su puerta, e a esperó nerviosamente a que Carson saliera 
de la furgoneta. 
 -Gracias-murmuró Jake. 
-La próxima vez no voy a Ir. 
Mandelyn saltó entonces al suelo, tratando de comprender lo que le había dicho. 
Entró en la casa sin dirigirle la palabra a Carson y, cuando cerró la puerta, oyó cómo se 
ponía en marcha otra vez la furgoneta y se marchaba. Entonces, se puso a llorar.



Oriana Gabriela

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En el texto hay: vaqueros, amor

Editado: 05.10.2018

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