Tres Guerras

10: Muerde el cebo

Kai contestó al teléfono.

— ¿Sí?

— No sigas buscando.

Era una voz mecánica, probablemente producida a computadora. No sólo el número había sido ocultado, sino que también se habían tomado la molestia de impedir que su propia voz se escuchase.

— ¿Quién eres? Pacté la paz con Zeta hace...

— No soy Zeta. Aun así, yo no confiaría en su palabra. Es un traidor. Nos vendió a todos nosotros. Deja de buscar o te matarán así como están matando a tus amigos. No sólo a tus amigos. Varios estamos pagando por esto, él está erradicando a todos los cabos sueltos.

— ¿Quién eres? Te podemos ayudar - Ofreció Kai - Protección, refugio...

— No puedes ayudarme Carlos Rivera. Ya es el segundo informante de Alba Dorada que asesinan por culpa de esa memoria. Corre.

Kai se quedó quieto un momento, sin decir nada e intentando pensar. ¿Cuántas personas sabían que él sabía sobre la memoria?

— Yo jamás dije nada sobre una memoria.

Ahora el silencio fue del otro lado del teléfono. Quien hubiese llamado a Kai sabía que había cometido un grave error en ese mismo instante.

— ¿Crees que sólo había una copia? Por suerte, clonar mi trabajo es muy tardado. Creo que sólo lo han podido copiar una o dos veces más.

— ¿Tu trabajo? - Preguntó Kai, habiendo dado por fin en el blanco - ¿Segovia?

Colgaron.

El pequeño comunicador portátil para miembros de Alba Dorada vibró en el pantalón de Kai. Un mensaje nuevo había llegado de parte de Nora Vera.

— ¿Y ahora qué? - Maldijo Kai con Amelia a su lado todavía.

Encendió la pantalla del comunicador. El mensaje decía que otro chico de Alba Dorada se había suicidado. Era otro de sus informantes. Quien le hubiese dado a Daya el mensaje que Kai había recibido en sus manos, lo sabía. Escribió en su comunicador un mensaje para Tenebra, diciéndole que por ningún motivo fuese a la casa de seguridad. Si Zeta o alguien más llegaba a saber que en Alba Dorada sabían de esa casa, alguien más moriría y Kai no quería correr ese riesgo.

— No, no pasa nada cielo - Quiso tranquilizar Kai a su amiga - Vamos, hay que acabar el recorrido, se nos está haciendo tarde.

        

Kai ni siquiera sabía si ir al funeral o no, pero terminó haciéndolo. Ahí estaban muchos alumnos de la universidad estatal. Kai se sorprendió al ver a Lalo ahí, entre la multitud. Vic estaba de pie al lado de Lezama, el estudiante de medicina y médico particular de Alba Dorada. Lezama había sido el responsable de enderezarle los huesos a Kai cada vez que lo golpeaban, tiraban de un segundo piso, estampaban contra el piso o la pared, entre otras cosas.

Lezama volteó a ver discretamente a Kai durante el funeral y entonces él decidió que habría que hablar con él y con Vic. El equipo de trabajo de Lezama en la universidad también estaba ahí, todos de Alba Dorada también. Kai suspiró. Ni siquiera se sabía los nombres de la chica de Bach 2 (Heidi) ni del chico de ese mismo funeral. Se sentía culpable porque de una manera u otra, Kai no podía evitar pensar que sus muertes no sólo pesaban sobre quienes se deshicieron de ellos, sino también sobre los hombros de Carlos Rivera, quien los había enviado a morir sin que ellos supiesen las consecuencias.

Nada más terminó la ceremonia, Kai envió un mensaje a todos los miembros de Alba Dorada mediante el comunicador. Era una orden que dictaba que no debían separarse del comunicador por ninguna razón y que si veían o escuchaban algo sospechoso, debían informar directamente a un superior. Tras hacer esto, se acercó a Lezama y su equipo.

— Rivera - Saludó Lezama de una forma demasiado solemne.

— Hola Lezama.

— ¿Puedes explicarnos qué es lo que sucede? Nos enteramos del suicidio de uno de los nuestros y escuchamos que una chica del Bach 2 también se suicidó hace apenas una o dos semanas. Queremos saber qué es lo que estamos haciendo por ti exactamente.

Heredia, una chica gordita y tierna, estudiante de derecho, estaba cruzada de brazos detrás de Lezama. Dink y Celso, dos viejos amigos de Lucy, estaban lado a lado de Heredia. Vic vio a Kai frente a Lezama y su equipo y enseguida se acercó a averiguar qué estaba pasando.

— ¿Todo en orden? - Preguntó Vic.

— Sí, ellos sólo preguntan por... bueno, ya sabes por qué.

Vic asintió y se quedó en medio de Kai y el equipo de Lezama.

— Los informantes muertos estaban tras la pista de varios enemigos de Alba Dorada, todos ellos lugartenientes de Zeta o participantes en La Carrera, donde...

— La memoria. Dijiste que fue destruida.

Kai sacó su teléfono y buscó una grabación. Era la de su llamada con Segovia. Lezama y los demás (Vic incluida) escucharon. Las palabras de Segovia eran claras, habían conseguido clonar su "trabajo".

— Sea lo que sea que los informantes hayan encontrado, murieron antes de poder decirnos. Si quien está en posesión de la memoria ahora mismo los asesinó por eso, entonces deben haberse topado con algo tan peligroso que no quieren que se sepa. No puedo garantizar quienes son los responsables, no sabemos si fue Zeta, los del Otro Bando o un ente aislado como...

— Beckett - Adivinó Vic - Esa chica siempre fue un poco problemática. Su hermana está estudiando también en el Bach 1 ahora, ¿No?

Kai asintió. Mientras más hablaba de eso, más preocupante se veía el entorno.

— Encontraremos al responsable de estas muertes y nos vamos a asegurar de que pague cada muerte y cada crimen - Prometió Kai.

— Sólo son palabras vacías - Acusó Lezama - ¿Cómo saber que estás comprometido con esto?

— Puede que no lo sepas Lezama, pero esto es personal para mí desde el momento en el que Zeta comentó a hacer lo suyo hace más de dos años. Esta pesadilla empezó para mí antes que para ustedes y soy el primero que quiere que termine. Eso es algo que Carrasco no quiso entender.

— ¿Carrasco? - Preguntó Lezama - No metas a Carrasco en esto chico.




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