Tres Guerras

17: La tercera guerra, Parte 1

Era el jueves de la penúltima semana de clases. Kai tomó su mochila y la cargó sobre un solo hombro. Menos de una semana quedaba para que todos salieran de vacaciones y al parecer nada malo había sucedido aún. Como siempre, salió con Amelia, Juliana y Félix. Caín se quedaría por ahí, aunque no les dio explicaciones realmente. De salida, cuando los cuatro estaban en la parada de autobuses, un chico alto, de aspecto desnutrido y los ojos hundidos en sus cuencas se subió detrás de Kai.

— Hola Rivera - Sonrió el chico. Estudiaba en el mismo colegio que ellos. 

— El USB sigue por ahí. Escuché que la replicaron tres o cuatro veces - Le murmuró.

Kai se paralizó en su lugar. Se supone que nadie sabía de la memoria.

— ¿Por qué creerte?

— Yo soy el que grafitteó el colegio - Confesó - Soy Ignacio y he escuchado que tú eres el sujeto.

— ¿Cuál sujeto? - Preguntó Kai extrañado. Amelia, sentada junto a Félix y Juliana, comenzaba a verlos raro.

Ignacio bajó la mirada y se rio para sí.

— Es gracioso que lo preguntes, Alba Prime. Keith May dijo que quizás estarías interesado en saber esto.

Ignacio le dio un papel doblado a Kai. Le ordenó entre susurros que no lo abriese ahí mismo. El chico bajó en la siguiente parada sin despedirse y Kai se guardó el papel en un bolsillo. Bajó en casa de Amelia como cada fin de semana.

La madre de Amelia, aquella señora de constitución fuerte y aspecto severo los vio entrar y la nube de perritos negros de Amelia los recibieron. Sonrió y recibió a Kai con un abrazo. Mientras la madre de Amelia subía a buscar un par de cosas, Amelia se le acercó a Kai para interrogarlo.

— ¿Quién era el del autobús?

Kai intentó evitar el tema, pero ninguna excusa válida se cruzaba por su cabeza. Al final, decir la verdad parecía ser la única opción viable.

— Desde que empezó el curso he estado doblando esfuerzo para, ya sabes, detener a Zeta, atraparlo y que no pueda negar sus crímenes.

— Te obsesionaste tanto con él que yo diría que te gusta.

Kai se habría ofendido, pero después de ver sonreír a Amelia, se le pasó por completo el enojo que pudo haber sentido. Amelia cargó a la más pequeña de sus chihuahuas y la pegó a su mejilla. El pequeño animal tenía cara de sufrimiento perpetuo y sus ojitos parecían estar por salirse de sus cuencas.

— Juliana dice que ese Ignacio es un poco rarito.

— Cielo, nosotros somos raritos.

— Sí, pero es de esos raritos que tienen grandes aspiraciones y respiran hasta pintura en aerosol. No es que no deberías estar cerca de él, no tengo la autoridad para decir eso después de lo de Keith, pero...

— Sí - Sonrió amargamente Kai, hurgando en su bolsillo para sacar el papel que le dio ese chico - Creo que ninguno de los dos va a olvidar lo que pasó entre tú y Keith.

— Cállate puta - Alzó la voz Amelia al tiempo que golpeaba el hombro de Kai - Pero ya en serio, ¿Qué te dio? ¿No estarás comprando cocaína, no?

Kai se separó dos pasos de Amelia, indignado.

— Lo dije antes y lo diré ahora, el viaje de los brownies fue la primera y última vez que me meteré drogas a mi cuerpo.

— Y mi sueño era morir ahogada en perico - Añadió sarcásticamente la chica.

Kai no pudo evitar sonreír de nuevo. El tiempo que pasaba en esa casa era muy especial para él. Amelia le volvió a preguntar por lo que Ignacio le había dado.

— Aquí lo tengo.

Kai sacó el papel y lo abrió. Una extremadamente fina capa de polvo blanco cayó al suelo, como pequeñas partículas en el aire. Amelia y Kai se miraron mutuamente. La madre de Amelia los observaba fijamente desde el descanso de las escaleras. Tenía guantes y un trapeador en las manos y tras ver esa pequeña escena, cerró los ojos y apartó la cabeza para después volver a subir.

— ¡Si se van a drogar, no desperdicien nada! - Les gritó desde el segundo piso - ¡Y más les vale que sea con su dinero!

— Si mi madre va a pensar que voy a destrozar mi nariz, espero que sea por una buena razón.

Kai sacudió el papel y lo analizó. Eran cinco pares de números escritos en una hoja, seguido cada par por una palabra.

— Quizás quería sembrarte drogas y ya.

Kai sacó su teléfono e ingresó el primer par de números en Maps. El buscador tardó un poco en cargar, pero arrojó un resultado. Era un almacén. Kai estaba por ingresar el segundo, pero Amelia lo detuvo.

— Mejor en la computadora.

Ambos abrieron el modo incógnito del buscador y estaban por ingresar las segundas coordenadas cuando el inconfundible sonido de un vaso de cristal volcándose los paralizó. El hermano menor de Amelia, un inconfundible símbolo del deus ex machina, había derramado agua sobre el papel con las coordenadas.

Kai cerró los ojos y respiró. No es su culpa, pensó. Él no sabía que al TIRARLE AGUA AL MALDITO PAPEL HABÍA CONDENADO LA MISIÓN DE KAI. No importaba, ahora Kai tan sólo debía conseguir de nuevo esa información. Amelia hizo un esfuerzo similar al de Kai para no asesinar a golpes a su propio hermano, principalmente porque tendría que justificar por qué ese papel era tan importante.

— ¿Seguro de que era importante? - Preguntó Amelia - Quizás sólo era una trampa para que...

— Tengo que estar seguro cielo - La detuvo Kai - Podría ser la clave para terminar con esto.

— ¿Entonces ya te vas?

Kai asintió. Iba hacia la puerta cuando el comunicador especial en su bolsillo vibró suavemente. Lo sacó y lo abrió para leer el mensaje. Era Ezra Saucedo.

"No he podido contactar con usted jefe, pero asumiré que le entregaron el mensaje. Me enteré de que la espía que lo encontró fue asesinada, así que espero que haya valido la pena. El velorio es hoy".

— Cambio de planes - Dijo Kai - Creo que me quedaré aquí un rato más.

Kai se sentó, obligado a explicarle a Amelia el por qué era tan importante todo eso. Le explicó a detalle todo el viejo drama con Elías, su versión malvada como Zeta y el caos que se originó aún después de una tregua que aparentemente Zeta no había respetado.



Shadow Sais

Editado: 22.12.2020

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