Un San Valentin Diferente

Capítulo 10 - Epilogo

Un año después.

 

Somebody to Love de Queen, vuelve a inundar el bar con su melodía por terceras veces en lo que va del día.

Resopló, abriendo una cerveza.

––Puede alguien apiadarse de mi alma y quitar esa canción, ya estoy harto––pido con fastidio.

Una exclamación de horror se escucha detrás de mí, pongo los ojos en blanco.

––¿Qué atrocidad acabas de decir, Muchacho?

Muchacho.

Ya han pasado aproximadamente un año desde la partida de Maytte a la universidad, esa noche efectivamente fuimos a su casa, pero ocurrieron cosas que no puedo describir con palabras, lo que sentí en esos momentos.

Su padre como lo teníamos previsto estaba esperándola, cuando ella le conto sobre su decisión de irse ese mismo día, no nos sorprendió que tratara de persuadirla de que, si se iba y lo dejaba solo, él no iba a poder seguir adelante con su vida, pero eso no la detuvo, ella se mantuvo firme en todo momento y él lo noto, vio la determinación en los ojos de su hija, ya no era la misma chica que había salido de su casa horas atrás.

Creí que nada más me iba sorprender esa noche, pero lo que hizo después nos dejó petrificados a ambos.

Ahí en el lobby de su casa, doblo sus rodillas en el suelo, varias lagrimas bajaron por sus mejillas, le dijo con un tono desgarrador que de verdad lo lamentaba, que ver esa fuerza en los ojos de su hija, de su pequeña, fue lo que logro que su mente al igual que su corazón se dieran cuenta de que todo lo que le había hecho era y es la cosa más atroz que un padre puede hacer a un hijo.

No le volvió a pedir que se quedara con ella, le pidió y le imploro de todo corazón que no regresara, que hiciera su vida, que estudiara, que lograra todo lo que se propusiera, pero eso sí que cada cosa que hiciera fuera con amor.

Maytte no hablo en ningún momento, no lo interrumpió, solo escucho, claro con lágrimas asomándose en su parpados, pero atenta; su padre termino su discurso con unas dolorosas palabras: 

––No eres como tu madre, Maytte, no lo quise ver antes pero frente a mi esta la chica más fuerte que puede existir y mereces unos mejores padres, hija. De verdad lo lamento.

Ella se acercó a su padre y le dio un breve abrazo antes de dar media vuelta y salir junto a mí de su hogar, no volteo ni una vez y con la barbilla en alto, cerrando por fin ese capítulo en su vida.

En ocasiones cuando estoy sirviendo una botella de whisky, la recuerdo, cuando estoy en mi apartamento también, hasta cuando veo los deditos de pescados en la cocina, lo hago.

La extraño.

Hemos estado en contacto todo este tiempo, pero no es lo mismo, tenerla aquí que, a ciento de kilómetros de distancia, para protegerla.

––¿Me estas escuchando, Tobías?

Lleno otros vasos de alcohol y se los entregó al cliente sentado en la barra frente a mí.

––Si, me estabas comentándome cómo vas a quemar los discos de Queen que tiene Diego para acabar con mi sufrimiento––volteo hacia el ––Gracias, Rubén, eso es muy lindo de tu parte.

––Ni loco hago tal cosa, amo mucho mi trabajo como para perderlo por culpa de un capricho tuyo.

Voy a responderle que mi capricho es el mismo que su capricho por las chicas bajitas, pero una voz quejándose me detiene.

––Puede alguien en este condenado bar, servirme una cerveza que me estoy muriendo de sed ¡Por Dios!

Esa voz…No puede ser. Yo conozco perfectamente esa voz, miro a Rubén que en estos momentos tiene una gran sonrisa curvada en sus labios.

––Es lo que te estaba diciendo, pero como siempre te pierdes en tu mundo cuando alguien te está diciendo algo importante––con su tonta sonrisita mira detrás de mi hombro––Hoy no tienes ningún moretón, eso es una buena señal y acerca de tu pedido en unos momentos este muchachón te atenderá––me señala antes de ir atender su lado del bar.

Respiro hondo antes de dar media vuelta.

––Oye, muchacho, me estoy muriendo de sed puedes atenderme de una buena vez––dice con una hermosa sonrisa en sus labios.

––Mi nombre es Tobías, mi madre no tardo nueve meses en pensar mi nombre para que vengas tú y lo cambie.

Suelta una carcajada antes de subirse en el taburete, pasar por encima de la mesa y saltar para ubicarse a mi lado, al otro lado de la barra.

––Ya que estas demorando, yo misma me serviré mi cerveza––con una sonrisa se acerca, sus ojos analizan mi rostro con detenimiento––No eres el Tobías que recordaba.

––Y tú no eres la Maytte de hace un año.

Da una vuelta en su lugar con gracia.

––No, ahora soy Maytte la estudiante de segundo año de gastronomía––si la chica frente a mí, escogió gastronomía. ––y déjame decirte que gracias a los mejores consejos de un grandioso muchacho.

Hago una reverencia.

––Soy el mejor.

––Lo eres, no lo dudes––envuelve sus pequeñas manos alrededor de mi cuello––Gracias de todo corazón, Tobías.

Me estremezco por su tacto y mi corazón se agita.––No fue nada, tu hiciste la parte más importante.

––Pero sin tu gran empujón no lo hubiera logrado––posa sus labios en los míos, solo una leve presión y se aleja con una sonrisa––Feliz San Valentín, muchacho.

Y mi San Valentín no pudo haber sido mejor.

 

Gracias por haberse quedado hasta el final, espero que les haya gustado esta historia igual que a mi. 

Um saludo y un abrazo grande para todos y espero verlos en mis proximos poyectos.


 



Caren.Ivette

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En el texto hay: superacion, amor, alcohol

Editado: 23.07.2020

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