Una carta antes de partir

Carta tercera parte

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Era una tarde cálida, el sol de la ciudad es malvado y quema, pero si te proteges en la sombra el clima es sumamente agradable. Regresaba a casa después del trabajo, recuerdo lo agradable que fue la caminata mientras pensaba en renunciar al trabajo. De pié junto a mí, un viejo amigo apareció, pequeño, metro sesenta a lo mucho, vestía ropas grandes, parecía un comúnmente llamado "Batracio", su jersey gris marca GAP era muy grande para su talla, los pantalones estaban un poco desgastados y graciosamente usaba sandalias.

- ¿Ariel? ¿Qué diablos eres? - pregunté estupefacto.

- Tranquilo hombre, no es para tanto, ¿no es acaso una bendición poder ver a tu amigo muerto? - respondió con una sonrisa, sostenía en su mano una piedra negra y la llevaba a su mejilla para rascársela.

- Pues, sí... Pero en este caso, no tanto, ¿Qué eres?

- Solo vengo a echarte una mano, parece que no la llevas bien. Además a decir verdad esperaba un desmayo o un grito de película, lo estás tomando mejor de lo que imaginaba.

- Cómo esperas que lo tome, alucinaciones son parte de mi vida, supongo... y pues no, de hecho, la llevo bastante mal...

- Renunciarás, ¿verdad? - dijo retóricamente.

- Obvio que lo haré, no tengo derecho a ser profesor, caí ante los encantos de mi estudiante, me enamoré de ella, por temor a sufrir fui infiel, ella no lo sabe y yo no soporto saberlo. Lo mínimo que puedo hacer es irme de ese lugar, igual las cosas no andan del todo bien, hoy mi estado de ánimo me hizo estallar, tú sabes, como los viejos tiempos.

- A menos esta vez no mataste a nadie... jajaja - Se carcajeaba.

- Nunca lo he hecho, siempre he sido un idiota pero no tanto - respondí, esta vez caminábamos rumbo a casa, cruzando el puente que atravesaba uno de los tantos ríos de la ciudad.

- Sí, pero siempre que andas deprimido te tiras toda la culpa de mi muerte, ya decídete hombre.

Permanecí en silencio, regresé a verlo, ya no estaba, Ariel se había esfumado sin más.

Una profunda herida se cavó en el momento que deje de ser el amante, una tan grande que dejo salir temores y dolores del pasado. Ese día, mientras abría la puerta de mi casa decidí dejar de ser profesor y había decidido dejar de serlo por siempre. Cuando conscientemente decidí hacerlo otro pedacito de mí se oscureció.

Servir es un pilar fundamental en la vida de todo ser humano, yo había descubierto este gozo en la enseñanza, ser profesor era más que un trabajo para mí y con eso fuera de mi vida yo poco a poco iba desmoronándome. Decidido por enmendar mis errores busque alternativas. Ahora sin trabajo tuve que recurrir a mi padre, algo que hasta hace poco hubiera sido imposible y siempre dije nunca lo haría.

Cuando cumplí cuatro años el padre que dios me había otorgado simplemente se perdió. No sé los detalles de su vida, tampoco entiendo que fue lo que le pasó, sin embargo, yo quedé solo con mamá durante toda mi infancia, adolescencia y buena parte de mi adultez. Honestamente ahora que soy un adulto he perdido la memoria de lo que se sentía no tener un padre, debido a la edad en la que se me despojó de uno, yo simplemente no tengo un sentimiento con el que comparar, por tanto no puedo decir que me hace falta, porque nunca fue así.

Mi madre tenía 16 años cuando se enamoró de mi papá, él era un chico mayor, a punto de graduarse y con familia un poco adinerada. Se conocieron en el club de música del colegio y al parecer él era un detallista de primera. Supongo que no se le hizo fácil para él separarse de mi madre. Al enterarse del embarazo de mamá las opciones eran lógicas, trabajar y dar pan a mujer e hijo, claro que con algunos problemas legales y situaciones sin importancia para esta carta, mi padre terminó en Australia, país amable lleno de oportunidades. Se separó de mi mamá y sufrió bastante, puedo decir esto con base a las cartas que he leído de su parte. Puedes creer que le decía "Osita" o "Princesa", ese tipo de cosas me parecen tan extrañas cuando las pienso. Mi madre fue en avión conmigo en su vientre, viajo hasta Australia con mi abuelo y ahí cumplió los 17 años, el plan era permanecer ahí y hacer una nueva vida, los tres.

Mamá no quiso, con tan solo 17 años su cabeza no era capaz de soportarlo o mejor dicho su corazón, extrañaba a su madre y su tierra, le rogó a mi abuelo para volver y así fue. Me imagino que debió estallar algo fortísimo en el corazón de mi padre... Supongo que es esa una de las razones por la que mi papá no soporta a mi abuelo, al parecer él todavía le tira la culpa de la pérdida de su "princesa". La cuestión es que tanto él y mamá terminaron separados y por alguna razón, creo yo, olvidaron que en el medio de la situación se encontraba su hijo. Por todo esto terminé sin padre hasta los veinte y tantos años. Sin padre biológico quiero decir, porque mi abuelo sin duda crió de mí como uno y luego mi padrastro me brindó cariño a su manera y yo le estoy infinitamente agradecido a ambos.

Algún día sabré mejor detalles de la historia y podré contarla mejor, por el momento eso es lo que tengo y lo que puedo contar. Lamento no poder profundizar más en eso, no porque quisiera que lo leas, sino porque en verdad quisiera saber más al respecto. Pensándolo bien, tal vez esto sea lo más lejano que pueda llegar nunca, guárdala bien por favor.



Brandon Lee Avila

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En el texto hay: memorias, desamo, romance

Editado: 21.01.2019

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