Uno Y Uno Es Igual A Tres

Capítulo 2

Iris 

Año 2014 

 

Observo el lugar con escrutinio, extrañaría mi departamento, pues durante los últimos cuatros años que llevaba viviendo en Francia, decoré mi departamento a mi gusto y con el dinero que ganaba en mis conferencias. Tenía cuadros, portarretratos, plantitas y algunas lámparas peculiares, cuando llegue a Manhattan tendré un departamento también, me había encargado de buscar uno hace tres meses, sé que fue una sorpresa incluso para mis padres, pero ya estaba acostumbrada a la independencia y volver a casa no me daría ello. 

Un picor en mi nariz me hizo estornudar con la suficiente fuerza como para causar cierto dolor en mi tabique, tal parecía que el clima comenzaba a cambiar y empezaría a causarme estragos. La reina de las alergias, esa soy yo. 

—Estornudas como gatito —dice mi amiga con un puchero que me causa gracia—. Mis estornudos se escuchan en todo el vecindario.  

—Exagerada —bromeo, pero me gano una mala mirada de mi amiga.  

—¿Exagerada? ¡Una vez pensaron que me estaba ahogando! ¡Tú estuviste ahí cuando apareció el señor Bruno! —Suelto una carcajada. 

—Ay, el señor Bruno tan lindo, desde la casa de al lado se asomó para ayudar —continué aún en medio de las risas.  

—Muy graciosa, muy graciosa.  

Observo una vez más a Luna en un intento de no reí, pero su cara de pocos amigos solo me incita a soltar otra carcajada, ésta rueda los ojos y sigue moviendo el mango del sartén, resulta que mi mejor amiga es experta en la cocina, es algo como una descendencia de su madre. Ese arte no era parte de mí, mis padres cocinaban y al parecer ese gen no lo obtuve, no me molestaba tampoco, constantemente pasaba fuera de mi departamento, iba de un lugar a otro dando charlas en colegios o en la universidad, además de que me contactaban para generar público a ésta, así que no tenía tiempo para venir a mi morada y cocinar, comía fuera la mayoría del tiempo o preparaba cosas sencillas.  

—Eso huele bien, extrañaba tu comida. —Me arrimo al mesón que rodea mi pequeña cocina—. ¿Harás algo como un estofado? 

—Sí, estofado de carne con unas papas, seguro ya estará cuando los demás regresen —me indica mientras mantiene su vista fija en las ollas.  

—Hay tiempo, ya sabes lo locas que se vuelven nuestras mamás en el centro comercial. Ya imagino lo cansado que ha de estar mi papá mientras asiente a la ropa que se prueba mi mamá.  

—Un espectáculo digno para ver —comenta. Guardo silencio por unos segundos que me permiten estudiar su siguiente jugada, Iris comenzaba a extender una sonrisa traviesa en su fino rostro.  

—Ni se te ocurra, bruja —advierto con uno de mis dedos apuntándola.  

—¿De qué hablas? —Entorno mis ojos en reacción a su cinismo, noto que no dará reversa, así que suelto un suspiro—. Así que... cita esta noche, ¿eh?  

—Eso decía su mensaje —murmuro, mis ojos se pierden en un salero, lo hago rodar sin tener control, se mueve tan rápido que el salero cae al suelo y su contenido sale volando—. Diablos.  

—¡Iris! Joder, ya sé que te pones nerviosa, pero no tires el maldito salero —exclama y despeino mi cabello con frustración.  

—Ya, ya. Yo me encargo. —Me adelanto a buscar la escoba y limpiar el desastre que hice—. No estoy nerviosa, es solo que no es el único que ha intentado salir conmigo durante este tiempo y me estresa un poco que esta vez sea él.  

—Lo que pasa es que este francés te gusta, está siendo todo un caballero, además de que está guapo y es nerd. ¡El hombre de tus sueños! —exclama como si fuera algo demasiado obvio—. Yo digo que te pongas ese vestido rojo pasión que tienes, con eso lo dejas a tus pies y aprovechas que esté arrodillado... 

—¡Luna! Cállate, por Dios. —Lanzo a su cara una de las toallas que utilizo para limpiar el mesón—. No lo sé, no me convence.  

—A ti nada te convence, señorita perfección. —Saca su lengua, ese gesto me hace rodar los ojos—. Tampoco seas fácil, pero eso ya lo sabes, mujer. Tú de fácil no tienes nada, así que hazte la dura y le das un sí, luego un no, después un no sé y luego un ¡hazme tuya aquí y ahora! —Prácticamente gime y finjo una arcada.  

—Tus estornudos no son los únicos ruidos que haces. Lasciva. —La tolla que antes había lanzado ahora cae a mi rostro con bastante fuerza—. Agresiva.  

—Agresiva —me arremeda con voz chillona—. Entonces, ¿irás o no?  

—No lo sé... —Sus ojos verdes me miran con recelo—. De acuerdo, sí quiero ir.  

—¡Por fin! ¡Oh Dios, te acostarás con un francés! —exclama en el momento menos esperado, pues la puerta de mi departamento se abre y estoy por prenderme fuego—. O sea, hablando de la novela.  

—¿Quién se acostará con un francés? —dice mi padre, su ceño se encuentra fruncido.  

—¿Siempre tiene que llegar en el peor momento, señor Joe? —reclama Luna, no logro retener mi risa, así que río con ganas—. Obviamente hablábamos de la novela.  

—Luna, cariño... no están viendo ninguna novela, la televisión está apagada. —Mi padre señala el televisor que se encuentra, claramente, apagado.  

—Mierda.  

—¡Luna! —regaña la señora Marisa, mi amiga se encoje del susto, su reacción no hace más que provocar, otra vez, que me carcajeé.  

—¿Quién se acostará con un francés? —pregunta de nuevo mi padre, la risa se detiene al instante, mi mirada recae en la de mi amiga y terminamos en algo como una búsqueda de respuestas en los ojos de la otra. Lindo.  

••• 

Subo el cierre de mi vestido en un rápido movimiento, me ajustaba un poco la cintura, pero lo suficiente como para permitirme respirar, busco con mis ojos los tacones que tenía pensado usar, así que no demoro en colocarlos y ajustar las finas correas en mis tobillos, no solía demorarme cuando se trataba de salir, no admitía que tomaba lo primero que veía porque eso sería una verdadera mentira, me tomaba el tiempo necesario y justo. Era bastante práctica, así que me maquillaba solo algunas partes de mi rostro y mi cabello nunca había sido un problema, así que solo agarré los mechones de enfrente para sujetarlos con una vincha detrás de mi cabeza.  



Naicde

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En el texto hay: amor, amistad, traición.

Editado: 29.11.2020

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