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Capítulo 4: Tiempo

El tiempo transcurre muy rápido, ha pasado mucho tiempo desde aquella vez que estuve en la escuela con ella y poco a poco fui comprendiendo que aquellos chicos la alejaban porque ella irradia tristeza y son pocas las personas que se quieren acercar a alguien que está constantemente triste.

Sus brazos; aunque fue lento. Se fueron abriendo poco a poco para mí y hoy día somos completamente inseparables, vamos a todos lados juntos y jamás nos hemos separado desde que llegue por primera vez aquí, esto como consecuencia a traído que ella también este sonriendo un poco a diferencia de aquel entonces cuando estaba constantemente triste; no me malentiendan el sentimiento aún permanece, pero ahora de una forma menor a antes, es una pequeña gigante muy solitaria y creo que mi misión en este mundo es ofrecerle la poca compañía que mi pequeño cuerpo puede darle.

  • ¿Sabes? – Pregunto ella una noche cuando estábamos en su habitación. – Creo que eres mi único amigo en este mundo lleno de sombras que solo me miran cuando me volteo a otro lado… - Con sus manos me tomo y mientras estaba recostada extendió sus codos alzándome a lo alto.
  • … - Yo solo la miraba.
  • Quisiera saber si puedes comprender lo que digo. – Murmuro de una forma baja.
  • Miau. – Dije yo 3 veces seguidas sin dejar de mirarla.
  • Jejeje. – Me respondió. – Quizás si lo haces. – Regreso sus brazos a su cuerpo y me abrazo.

Era mucho más fuerte que yo y aplastaba mi cuerpo un poco, pero no quise alejarme de esa calidez… Esta noche es la primera que ella sonríe y aunque no es la primera que me abraza, si es la única donde he sentido el calor de su cuerpo.

Nos quedamos dormidos y a la mañana siguiente cuando desperté ella ya no se encontraba por ningún lado, la puerta de la habitación estaba abierta y salí corriendo a buscarla por toda la casa, en la parte inferior estaban únicamente aquellos dos gigantes en la mesa hablando el uno con el otro; algo estaba diferente. La mujer al verme se levantó y corrió hacia mí de forma efusiva, yo claramente me asuste y hui con todas mis fuerzas lejos de allí, pero quede atrapado en la parte de atrás del refrigerador, “¿Por qué quieren lastimarme?” Les preguntaba, olvidando que nuestros lenguajes no podían entenderse. El hombre empezó a mover el refrigerador y antes de que pudiera liberarme metió sus manos agarrándome de forma agradable y cómoda, hizo lo mismo que aquella pequeña y me abrazo. De sus ojos brotaban unas gotitas muy bien iluminadas y su voz parecía emocionada y enormemente feliz.

  • Lograste en unos meses aquello que nosotros no pudimos en mucho más… - Decía cosas extrañas que no podía entender y yo hacía fuerza para alejarme de él… No me gustaba su abrazo, era cálido pero no era como el de aquella pequeña gigante.
  • Eres un miembro importante de la familia y aunque sé que no me comprendes espero que lo sientas… - Dijo la mujer besándome mi cabeza y yo le golpee la cara (sin usar las uñas).
  • No me gusta que ustedes me toquen. – Les dije furioso.
  • Entiendo, entiendo. – Agregó el hombre. – Seguramente solo te sientes cómodo cuando ella está cerca de ti… Te soltaré pero no te vayas, ¿entendido? Mira colocaré tu comida aquí cerca de la de nosotros, espero eso te haga entender que no queremos que te vayas, sino todo lo contrario.

Mientras seguía hablando, ve tú a saber de qué tantas cosas la mujer camino hacia otro lado, trajo un plato donde servían mi comida y lo dejo en la mesa junto con la de ellos (algo extraño que no había sucedido, pues siempre la dejaban en el suelo), algo que me dio poca confianza con ellos… Quizás un error. Las horas pasaron y yo estaba realmente preocupado por la pequeña gigante… Me daba un poco de tranquilidad que los otros dos no estaban enojados, discutiendo o buscándola, lo cual me hizo pensar que sabían dónde estaba y quizás solo era cuestión de esperar a que regresara (pero aun con este pensamiento la preocupación continuaba circundando mi mente).

Sin darme cuenta me quede dormido y la hora llego, estaba en la habitación de la pequeña y la puerta se abrió, abrí los ojos y no alcance a voltear cuando ella de un brinco llego a la cama lo cual me hizo rebotar y en el aire ella me atrapo y me llevo hacia su cuerpo abrazándome una vez más.

  • ¡Te extrañe demasiado! – Dijo con ese curioso lenguaje… Pero pude comprenderla.
  • ¿Estás bien? – Pregunté.
  • Poco a poco las cosas han ido cambiando, descubrí que el único amigo que necesito eres tú y nadie más, en la escuela ya nadie me molesta y ahora me da igual si estoy sola, pues sé que al llegar aquí te tendré a ti, espero no cansarte…

No entendí una sola cosa de lo que dijo, pero su voz parecía feliz lo cual me dio tranquilidad, ella se encuentra bien y no me importa nada más, sigo sin saber cuál era su herida pero el tiempo poco a poco la ha ido curando, estoy feliz, bastante.



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En el texto hay: gatos, suspenso, dolor

Editado: 28.05.2021

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