A.E.G.I.S.

Capitulo Tres

Alessia Marković

No me gustaba equivocarme ,pero me desagradaba todavía más tener razón cuando eso significaba que alguien podía salir lastimado.

Durante toda mi vida había aprendido a desconfiar de las coincidencias, a observar lo que los demás pasaban por alto y a no conformarme con una explicación simplemente porque resultaba cómoda. Aquella mañana, mientras revisaba por última vez los informes de Push, comprendí que todavía estaba lejos de entender lo que ocurría. Teníamos cuatro estudiantes protegidos, varios institutos involucrados y un producto que se estaba distribuyendo sin que nadie pareciera saber quién estaba detrás de él. Lo peor era que, hasta ese momento, todos los indicios podían explicarse por separado. Una bebida nueva, vendedores desconocidos, estudiantes curiosos y adultos que no prestaban suficiente atención. El problema comenzaba cuando dejábamos de observarlos por separado.

—Quiero que se mantenga la vigilancia en los cuatro institutos —ordené mientras cerraba una de las ventanas holográficas—. No quiero que intervengan únicamente porque alguien compre una botella. Necesitamos saber quién las entrega, quién las recibe y qué sucede después.

—¿Y si encontramos una relación directa con alguno de los estudiantes protegidos? —preguntó Nakamura.

—Me informan antes de hacer cualquier movimiento. No quiero que los responsables sepan que estamos siguiendo sus pasos.

Gabriel asintió y transmitió las instrucciones mediante su auricular. A nuestro alrededor los integrantes del centro de operaciones continuaban trabajando con la misma concentración de siempre. Las pantallas mostraban registros, fotografías y mapas de Novaria Central, mientras las distintas unidades actualizaban sus informes. Todo parecía seguir su curso habitual aunque yo ya no podía mirar aquellos datos sin preguntarme cuántas personas estaban consumiendo Push en ese mismo instante convencidas de que estaban haciendo algo bueno por su salud.

La idea me desagradaba.

No porque creyera que todos los estudiantes fueran incapaces de tomar sus propias decisiones sino porque conocía demasiado bien la manera en que funcionaban las promesas sencillas. Ofrecerle a alguien una solución para algo que le preocupaba era una forma eficaz de conseguir que bajara la guardia, especialmente cuando la persona que la ofrecía parecía amable y no exigía nada a cambio. Si alguien les decía que una bebida podía ayudarlos a estudiar mejor muchos no verían ninguna razón para desconfiar. Después de todo no estaban comprando un arma ni aceptando encontrarse con un desconocido en un lugar apartado.

Solo estaban comprando algo de beber y precisamente por eso resultaba peligroso.

—Señorita Marković —me llamó Nakamura interrumpiendo mis pensamientos—. ¿Tiene previsto acudir hoy al Instituto Técnico Vardar?

—Sí.

—¿Quiere que enviemos a alguien con usted?

Negué con la cabeza mientras revisaba la hora en mi brazalete.

—No hace falta. Voy a acompañar a mi hermana durante sus clases y quiero observar el lugar personalmente. Si Push está circulando por varios institutos, necesito comprobar cómo se está ofreciendo y quién tiene acceso a los estudiantes.

—Podría tratarse de una operación más amplia de lo que pensamos.

—Por eso mismo no voy a presentarme como parte de A.E.G.I.S, solo soy la hermana mayor de alguien con acceso

Nakamura no insistió aunque su expresión dejó claro que no le agradaba demasiado la idea de que me acercara a uno de los lugares que probablemente era un punto de ecolision y ubicación con el caso sin un equipo operativo a la vista.

Lo comprendía, era su responsabilidad considerar todos los riesgos posibles, del mismo modo que la mía consistía en decidir cuáles estaba dispuesta a asumir. Además no tenía intención de provocar un enfrentamiento. Quería observar, escuchar y comprender qué estaba sucediendo antes de tomar una decisión, no podía permitir que el desastre alcanzará a Mila si es que era lo que temía.

Me despedí de él con un movimiento de cabeza y abandoné el centro de operaciones. Mientras caminaba hacia el ascensor, varias notificaciones aparecieron sobre la pantalla de mi brazalete pero ninguna contenía información nueva sobre Push. Las descarté una por una y me concentré en lo que era realmente importante para mí.

Mila, el instituto donde permanecía la mayor parte del dia, y aquella bebida que por alguna razón había comenzado a aparecer en demasiados lugares al mismo tiempo y que no denotaba buenas intenciones por todo el secreto.

***

A la mañana siguiente, Novaria Central despertó bajo un cielo despejado. Las avenidas principales estaban llenas de automóviles y autobuses mientras los peatones avanzaban por las aceras entre comercios que apenas comenzaban a abrir sus puertas. La ciudad tenía esa apariencia ordenada que tanto le gustaba presumir a sus habitantes, con sus edificios modernos, sus calles amplias y sus zonas residenciales conectadas mediante un sistema de transporte que permitía atravesar buena parte de la capital sin demasiadas dificultades. Pero yo sabía que una ciudad podía parecer perfectamente organizada y aun así esconder problemas que nadie quería reconocer.

Conduje hasta las inmediaciones del Instituto Técnico Vardar y estacioné a unas calles de la entrada siguiendo la misma precaución que había tomado el día anterior. Después de comprobar que Mila llevaba todas sus cosas, bajé del automóvil y la acompañé por la acera. Ella hablaba sobre sus actividades escolares con el entusiasmo habitual explicándome algo relacionado con sus clases y una tarea que debía entregar mientras yo la escuchaba e intentaba no permitir que mis preocupaciones interrumpieran aquel pequeño momento que siempre tenía con ella.

—¿Me estás escuchando? —preguntó de pronto, la miré.

—Sí.

—Entonces, ¿qué te acabo de decir?




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