Aqui Somos Familia ´´hasta que dejas de Servir´´

Felicidades, te contrataron para explotarte

«Te ofrecen un salario mínimo, te exigen el máximo esfuerzo y esperan que agradezcas cada día el privilegio de seguir siendo pobre con empleo».

### El maravilloso privilegio de tener trabajo

El correo llegó una mañana cualquiera.

«Nos complace informarle que ha sido seleccionado para formar parte de nuestro equipo de trabajo».

Qué maravilla.

Después de enviar decenas de hojas de vida, asistir a entrevistas interminables y responder preguntas que parecían diseñadas para comprobar cuánto estaba dispuesto a humillarse un ser humano por un sueldo, finalmente había llegado la gran noticia.

Había conseguido trabajo.

No la libertad financiera.

No la estabilidad económica.

Ni siquiera la posibilidad de vivir sin preocupaciones.

Solamente un empleo.

Pero después de tantos meses contando monedas y aplazando necesidades, aquello parecía suficiente para celebrar.

Porque así funciona la vida para una buena parte de la población: conseguir un trabajo no siempre significa mejorar económicamente. A veces significa simplemente poder continuar sobreviviendo sin hundirse un poco más.

El salario ofrecido era prácticamente el mínimo.

Ese maravilloso valor que algunos consideran suficiente para vivir, siempre que uno tenga la admirable capacidad de no enfermarse, no endeudarse, no tener hijos, no necesitar transporte y, de ser posible, no comer demasiado.

Por supuesto, durante la entrevista hablaron de oportunidades de crecimiento.

Esa expresión tan hermosa que muchas empresas utilizan cuando no pueden ofrecer una remuneración decente, pero necesitan que la vacante parezca atractiva.

«Aquí ofrecemos estabilidad».

«Tenemos un excelente ambiente laboral».

«Buscamos personas comprometidas».

«Valoramos el esfuerzo».

La misma colección de frases repetidas en miles de oficinas, donde el papel soporta promesas que la realidad nunca termina de cumplir.

Y uno acepta.

No necesariamente porque crea todo lo que escucha.

Acepta porque el alquiler no espera.

Porque las cuotas se acumulan.

Porque el recibo de electricidad no desaparece por falta de empleo.

Porque los hijos, cuando los hay, necesitan alimentarse independientemente de si sus padres están atravesando una crisis económica.

Porque el supermercado no acepta la frase «estoy buscando mejores oportunidades» como método de pago.

Y porque tener principios resulta mucho más complicado cuando la refrigeradora comienza a quedarse vacía.

Aquella mañana hubo felicidad.

Una felicidad auténtica, aunque ingenua.

Se preparó la ropa para el primer día. Se calcularon los gastos de transporte. Se organizaron las obligaciones familiares. Se pensó en todo lo que podría mejorar.

Por primera vez en semanas, parecía existir algo parecido a la tranquilidad.

Qué ironía.

Se había conseguido un empleo para dejar de sufrir por dinero.

Todavía no se sabía que pronto habría que sufrir por dinero y por trabajo al mismo tiempo.

### Bienvenido a la familia

El primer día comenzó con sonrisas.

Muchas sonrisas.

Sonrisas cuidadosamente ensayadas, saludos cordiales y palabras agradables.

Todo parecía perfectamente organizado.

Las instalaciones estaban limpias, las paredes decoradas con frases motivacionales y los discursos institucionales hablaban de respeto, integridad, compañerismo y bienestar.

«Nuestro recurso más importante son las personas».

Una afirmación preciosa.

Casi conmovedora.

Especialmente considerando que algunas de esas personas cobraban lo mínimo permitido mientras realizaban actividades que parecían suficientes para mantener funcionando medio edificio.

Durante la bienvenida explicaron las normas.

Puntualidad.

Responsabilidad.

Buena presentación.

Compromiso.

Respeto a los procedimientos.

Cumplimiento de las instrucciones.

Disponibilidad ante situaciones extraordinarias.

La empresa parecía tener una cantidad impresionante de expectativas.

Lástima que el salario no demostrara semejante ambición.

Se explicó que el horario era fijo.

Aunque, naturalmente, existían ciertas excepciones.

«Aquí todos colaboramos cuando hace falta».

«A veces debemos quedarnos un poquito más».

«Lo importante es tener buena actitud».

Ahí estaba la primera advertencia.

Un poquito más.

Una frase aparentemente inocente que, en algunos lugares, puede representar una hora, dos horas o una noche entera sacrificada por una urgencia que al día siguiente deja de ser urgente.

Porque el tiempo ajeno siempre parece abundante cuando no es uno quien tiene que entregarlo.

Lo curioso es que llegar diez minutos tarde puede convertirse en una falta disciplinaria, mientras salir dos horas después del horario suele presentarse como una demostración de compromiso.

La puntualidad, al parecer, solo funciona en una dirección.

Si el trabajador llega tarde, incumple.

Si la empresa prolonga la jornada sin la debida compensación, espera comprensión.

Y si alguien pregunta por el reconocimiento de ese tiempo, corre el riesgo de escuchar la frase favorita de quienes administran necesidades ajenas:

«Aquí necesitamos personas que tengan puesta la camiseta».

La camiseta.

Esa prenda imaginaria que aparentemente viene incluida en el contrato, pero no en la nómina.

### Un salario mínimo para responsabilidades infinitas

Las primeras horas transcurrieron entre instrucciones, documentos y explicaciones.

Cada tarea parecía razonable por separado.

El problema comenzó cuando todas terminaron siendo responsabilidad de una sola persona.

Había que cumplir objetivos.

Resolver pendientes.

Organizar información.

Atender solicitudes.

Corregir errores anteriores.

Responder requerimientos inesperados.




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