Besos con sabor a Champagne

Capítulo 9

Desperté al día siguiente con un dolor de cabeza irritante, sentía como si dentro de mí cabeza estuviesen inflando un globo hasta reventar. Aún sintiéndome así, tomé fuerzas y decidí prepararme para ir a trabajar, no faltaría al trabajo por un simple dolor de cabeza, a pesar de que no era un dolor simple y fácil de olvidar.

Antes de ir a la oficina, decidí pasar por una farmacia para comprar algo para el dolor. No iría al médico, solo me auto mediqué, después de todo podía hacerlo.

En cuanto llegué, me senté en mi silla y me quité los tacones al no soportar más el dolor. Fue una mala idea ir caminando desde la farmacia hasta ahí.

Eso me pasa por no querer subir a un taxi.

Detestaba subir a taxis, la mayoría del tiempo estaban ocupados o eran demasiado caros. Por suerte, mi auto estaría listo al siguiente día.

—Buen día, Ava—saludó Joey, llegando a la oficina.

Me gustaba llegar al menos unos quince minutos antes que él para tener todo listo para cuando llegara, pero esta vez fue diferente, me retrasé y detestaba llegar tarde.

Se quedó parado frente a mí escritorio, esperando a que le diera su café, el cual no tenía.

—Lo siento, Joey—hice un puchero en forma de disculpa—, hoy no pude comprarte tu café.

—No te preocupes—dijo sorprendido, me observó de arriba abajo—. ¿Te lastimaste?—señaló mis pies y luego la medicina.

—No, solo tengo mucho dolor de cabeza y caminé hasta aquí.

—No deberías utilizar tacones tan altos. Además, ¿Por qué vienes si te sientes mal?—parecía estar reprochándome.

—Porque sin esta oficina mi vida es muy aburrida y seguiré utilizando estos zapatos hasta que me muera.

—¿Por qué?

—Porque—lo señalé con uno de ellos—son Louis Vuitton.

—Tú sabrás—se encogió de hombros y se dio la media vuelta—. ¿Amber, cierto?—ella asintió, enseguida sus mejillas se sonrojaron—, ¿Podrías traer cuatro cafés, por favor?—asintió, aún más sonrojada—. Bien, trae uno para ti también. Gracias. —le tendió el dinero.

Caminó hasta su oficina, pero se detuvo a mi lado.

—Toma tu medicina, pero si noto que te sientes peor te enviare a casa. —advirtió mientras señalaba.

—¿Ese quién es?—me preguntó ella una vez Joey salió de nuestra vista.

—Es mi jefe, el jefe de todos—respondí, enseguida fruncí el ceño—. Espera, ¿Nunca lo habías visto?—negó—¿Cómo es que no lo viste?

—Bueno, soy tan torpe que siempre estoy atenta a mis pies para no caerme.

Casi se me derritió el corazón ante su respuesta. Me parecía tan tierna.

○○○○○○○○

Las horas pasaron más rápido de lo que esperaba y, antes de poder darme cuenta, ya eran casi las tres de la tarde. Cuando salí de la oficina el aire fresco golpeó mi rostro, estaba tan frío que casi hizo que me olvidara de mi horrible dolor de cabeza.

El invierno ya estaba en su punto máximo y mis piernas parecían gelatina al caminar.

Debí ponerme unas medias antes de salir de casa.

Llegué a la cafetería un poco antes de la hora acordada. Escogí una mesa junto a la ventana, desde donde podía ver la llovizna que cubría la ciudad. Me quité el abrigo y froté mis manos para calentarlas, justo cuando Charles entraba al lugar.

La verdad no estaba nerviosa, más bien ansiosa. Ya había estado en esta situación con él y, aunque no era en las mismas circunstancias, me gustaban los encuentros con él, me resultaba cómodo.

—Espero no haberte hecho esperar mucho. —dijo él con una sonrisa mientras sacudía unas gotas de lluvia de su abrigo.

—Para nada, acabo de llegar.—le devolví la sonrisa.

Tomó asiento mientras una mesera llegaba para tomar nuestra orden. Charles pidió un café con leche y yo opté por un capuchino con canela y un trozo de pastel.

En cuanto la chica se alejó de nosotros, apoyó los codos sobre la mesa, mirándome con curiosidad.

—Así que, pelirroja Mackenzie, aplicación de citas ¿Eh?—sonrió—¿Cómo terminaste ahí?

—Oh, cállate, Inglés—sacudí la mano mientras sonreía—. Una amiga creyó que sería bueno para mí encontrar a un hombre con quien estar. Estaba a punto de eliminar la aplicación cuando el mensaje de un Beurla górach apareció en mi pantalla.

Una suave risa salió de su boca.

—A decir verdad, yo también estaba a punto de hacer lo mismo—la mesera trajo lo pedido—, hasta que vi a una escocesa bastante conocida y decidí enviar un mensaje.—tomó un sorbo de su café—. Es como si el destino quisiera estemos juntos.

Me quedé paralizada, dejando mi taza de capuchino a medio camino de mis labios. Él se quedó quieto, parecía procesar lo que acababa de decir.

Esto se volvió incomodo.

—Am, yo…yo quise…quise decir, que bueno—tartamudeo—…en el sentido de juntos como…como amigos…tú sabes a lo que…

Un grito de dolor interrumpió el ambiente incómodo que se había formado. Lo agradecí eternamente.

Giré la cabeza y vi a una mujer mayor tirada en la acera con su bolso tirado en el suelo junto con sus pertenencias a su alrededor. Unas cuantas personas la rodeaban sin saber que hacer.

Sin pensarlo dos veces, me levanté y fui hasta ella.
—Señora, tranquila, ¿Puede decirme qué sucedió?—pregunté, arrodillándome a su lado.

—Estaba a punto de entrar cuando un hombre salió de la nada e intentó quitarme mi bolso—comenzó a quejarse—. Mi tobillo, me duele…demasiado.

Enseguida revisé la zona. Su tobillo estaba hinchándose, aún así no parecía haber fracturas.

Sentí una presencia detrás de mí y, cuando levanté la cabeza, me encontré con Charles observando con el ceño fruncido.

—En mi bolso hay un kit de primeros auxilios ¿Podrías traerlo? —pregunté—Y hielo, por favor.—él asintió y rápidamente se metió dentro del lugar.

Le sonreí a la mujer mientras le pedía con amabilidad que eleve el pie.

Cuando Charles regresó con lo pedido, revisé mi bolso y saqué el aerosol antiinflamatorio y comencé a rociarlo en su tobillo.

—Menos mal no lo saqué de mi bolso. El hielo no será necesario—le sonríe para calmarla—. Debería ir a que la revisen, dudo que haya alguna fractura, pero lo mejor será prevenir.




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