Besos con sabor a Champagne

Capítulo 12

—Ay, por Dios —exclamé al ver mi reflejo en el espejo—. Me veo terrible.

Estaba ojerosa, despeinada y con el maquillaje todo corrido por mi rostro. Ni siquiera recordaba haberme dormido así y con el vestido aun puesto.

Suspirando, abrí la cortina de la ducha y me dejé llevar. Demasiado me dejé llevar porque en cuanto salí del baño y vi la hora quise golpearme la cabeza. Se suponía que debía reunirme con Charles a las nueve y ya eran las ocho y cuarenta y cinco. Rápidamente me acerqué a mi armario esquivando todos los zapatos y ropa tirada en el suelo y me puse literalmente lo primero que encontré. Una falda, un sweater y unas botas rojas que no combinaban nada con lo demás, pero poco me importó.

Le di un pequeño beso en la cabeza a Loli y me fui corriendo hacia la cafetería hecha un desastre, y con la hora soplándome la nuca. Ni siquiera pude peinarme, así que decidida me puse la gorra roja que me habían regalado la noche anterior.

El Inglés estaba sentado en una mesa junto a la ventana, en cuanto me vio me sonrió y se puso de pie. Enseguida me acerqué, también con una sonrisa estampada en el rostro y le di un pequeño beso en la mejilla.

—¿Cómo estás, Ava? —preguntó mientras se sentaba—. A decir verdad, no me sorprendió que me llamaras a esa hora, pero si el que me llamaras ebria.

—Me sobrepasé un poco con las bebidas, pero no estamos aquí para hablar de eso. Te llamé para mostrarte algo. Pero primero ¿Podemos pedir algo? Estoy muerta de hambre.

—Creí que jamás lo dirías, aún no he comido nada.

Ordenamos el desayuno y, una vez que llegó, le di unos cuantos bocados antes de que él hablara.

—Bien, ahora sí... pongámonos al día.

—Primero tú, ¿Qué tal la clínica? —le pregunté, estaba un poco nerviosa como para darle su regalo.

—Estuvo tranquilo, no hubo muchas emergencias por suerte. Solo me senté y miré unas cuantas películas. No tengo mucho que contar. Seguro que tú sí, ha de haber estado interesante anoche.

—Demasiado. Fue fantástico —dije omitiendo el amargo momento con Isla—. Conocí a algunas personas bastante increíbles.

—¿Así? ¿A quiénes? —se incorporó un poco en su asiento, mirándome con interés.

—Dímelo tú. —extendí la bolsa con el nombre Hipatia bordada en ella.

Curioso, abrió la bolsa y metió la mano en esta. Quitó lentamente la camisa y la extendió con la boca abierta al ver los cientos de firmas y mensajes dejados por el equipo. Me observó, sorprendido.

—Ava, esto... ¿Cómo...cómo lo conseguiste?

—Estaban sentados muy cerca de mi mesa asignada —respondí con seguridad al ver que si le había gustado el regalo—. ¡Incluso bailé con Matteo Rizzo!

—¿¡Matteo Rizzo!? —exclamó incrédulo—. No te creo.

—Te lo juro. Es más, tengo pruebas —dije con seguridad, mostrando el video con una sonrisa triunfal— ¿Ves?

Con los ojos tan abiertos como los de un sapo, observó el video con toda la atención del mundo.

" ...Charles!, estamos aquí con tu preciosa Ava...—ahora yo tenía los ojos tan abiertos como los de un sapo, "Preciosa Ava", ¿Cómo no me percaté de eso antes? Supongo que estaba tan concentrada con el brazo musculoso de Matteo en mi cintura que me quedé sorda por unos minutos. ÉL solo me miró de soslayo y sonrió, enseguida me reí, olvidándome del comentario—...Te esperamos la próxima temporada...Mucha suerte, amigo". —cerró Matteo en el video.

Cuando el video terminó, Charles simplemente se puso de pie, rodeó la mesa y se sentó a mi lado. Me envolvió entre sus brazos. Me estaba abrazando.

Riéndome, le devolví el gesto, y estallé en una carcajada cuando me dio un beso sonoro en la cabeza.

—Es el mejor regalo que me han dado en mi vida... mejor dicho, los mejores regalos que he recibido.

—Me alegra que de te haya gustado, en serio. —comenté con sinceridad.

—Muchísimas gracias, Pelirroja Mackenzie—volvió a su asiento—. Por eso, déjame invitarte a cenar hoy.

—No lo hice con esa intensión, solo los vi, y me acordé de ti.

—Lo sé, lo sé. Solo que quiero agradecerte, nada más.

—Con un gracias me basta.

—Hagamos esto —me tomó de la mano—, hoy, por la noche, iremos a cenar al restaurante de una amiga y pagaré yo.

—Me gusta la idea de la cena, pero no de que pagues todo. Yo pagare lo mío.

—De eso nada. En serio, déjame invitarte, por favor.

—Está bien. —cedí finalmente al darme cuenta de que no recibiría un no como respuesta.

Seguimos hablando durante al menos una hora, hasta que lo noté somnoliento y le pedí que se vaya a casa a descansar.

Una vez salí de la cafetería, me fui directo al taller, por fin me darían mi auto y finalmente le daría un descanso a mi pobre billetera y cuenta bancaria. Últimamente solo gastaba en taxis, Uber y en los repuestos que necesitaba mi auto.

Pasé casi dos meses sin él, como era un auto un tanto viejo, los repuestos que requería eran difíciles de conseguir y no fue hasta que encontramos un distribuidor en Irlanda que por fin el mecánico pudo avanzar con el trabajo.

A decir verdad, desde hacía tiempo tuve que haberle dado un último adiós y comprar uno nuevo, pero primero debía reparar y vender el antiguo. Además, sentía un gran amor por ese auto. Sabía que no hay que tenerles demasiado amor a las cosas materiales, pero ¡Vamos! Ese auto me había acompañado durante mi último año de secundaria y todos mis años de universidad. Era difícil despedirse.

Antes de poder llegar a casa, el ringtone de mi celular sonó.

Equipo del picante

Oliver <3: Lamento haber desaparecido, Riley y yo nos tomamos unos días de desconexión. ¿Qué tal si nos reunimos en Wolf?

—Ay, no —enseguida marqué el número de Reece y supliqué con todas mis fuerzas que atendiera antes de que viera el mensaje, para mi suerte me atendió—. Reece, hola. Escucha, ¿Leíste el mensaje de Oliver?




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