El mundo se redujo a ese instante. Charles se irguió en su asiento y yo sintiendo como mis mejillas empezaban a calentarse como una pava.
Aunque, claro, nada superaba los rostros de nuestros respectivos amigos. Riley tenía una ceja encarnada y con la boca entreabierta, parecía anonadada. Oliver, en cambio, estaba sorprendido, pero con esa típica sonrisa amistosa que me provocaba mil revoluciones. Odiaba que su presencia me provocara de esa manera.
Bien, esto no estaba saliendo como esperaba.
Se suponía que sería una noche linda e íntima, no una incómoda que seguramente vendría acompañada de preguntas incomodas.
No hacía unas horas atrás que hablaba con Reece sobre mi nueva amistad con el Inglés y de como quería esperar para contarles a los demás porque quería disfrutar de la intimidad de mi relación amistosa con él.
No sabía qué clase de karma estaba pagando, de lo único que estaba segura es que era un karma de hace quince generaciones atrás.
—Vaya, no esperaba verlos aquí. —comentó Oliver acercándose.
—Ni nosotros a ustedes...—respondió Charles con esa calma que tanto lo caracterizaba.
—¿Se conocen? —preguntó Riley, aunque ya sabía la respuesta.
—Desde la boda. No sé si recuerdan que nos presentaron. —contesté con una sonrisa tensa.
—No me refería a eso.
—Bueno, le hablé de este lugar a Ava y la invité. —el Inglés respondió esta vez con un tono más a la defensiva.
—Es cierto, me habló tanto de la maravillosa vista que no pude negarme a venir.
—Y tiene razón, la vista es increíble. —dijo Oliver mirando hacia el ventanal con sus lindos ojos azules.
Yo asentí, aferrándome a la copa vacía frente a mi como si fuese una pelota antiestrés.
—¿Ustedes vinieron a cenar también?
—Sí—respondió Riley—, y justo nos dijeron que la mesa que habíamos pedido estaba ocupada y nos ofrecieron la que está aquí al lado.
Genial. Justo lo que necesitaba, a los recién casados como vecinos de mesa, observándolo todo.
Charles se levantó con cortesía.
—Si quieren pueden unirse a nosotros.
—Claro...—dijo Riley enseguida.
—Oh, no—interrumpió Oliver con una sonrisa tímida—. No queremos interrumpir.
—No interrumpen. —aseguró Charles, asintiendo ligeramente mirándome. Enseguida comprendí, todo estaría bien.
Unos minutos después, ahí estábamos los cuatro en una mesa improvisada absortos en un silencio incomodo luego de que el camarero se fuera al dejar nuestros platillos.
Oliver, sentado junto a mí, me miró y, como si nos comunicáramos telepáticamente, comenzamos a comer. Al menos ya había ruido de fondo, aunque solo fuese el de los cubiertos chocando con los platos.
—Entonces, ¿Ustedes están saliendo? —preguntó Riley a quemarropa.
Enseguida sentí el camarón atascándose en mi tráquea.
Genial, moriría así y en público ¡Que miseria!
Oliver comenzó a darme palmaditas en la espalda.
—Amor, ¿cómo vas a preguntar eso? —masculló con los dientes apretados— Lamento eso, Avy. —agité la mano para restarle importancia.
Puse la servilleta en mi boca y escupí el camarón.
—Que vergüenza, mejor me hubiera muerto. —susurré tan bajo que solo Oliver me escuchó, enseguida me dio un pellizco—. Auch.
—¿Estás bien? —Charles me agarró de la mano.
—Tranquilo, Inglés. He sobrevivido a peores cosas —como cuando me resbalé en la cascada. Miré a Riley que parecía espantada—. Respecto a tu pregunta, solo somos amigos.
—Lo lamento, no quería incomodar, es que esto es una sorpresa. No esperaba verlos a los dos juntos aquí.
—Cualquiera puede salir a cenar con sus amigos, es normal—soltó Charles sin mucha importancia—¿Qué opinas de la comida, Ava?
Eso, desviemos el tema.
—Es fabulosa, no mentías al respecto. Volveré, eso seguro.
—¿Me traerías? —me preguntó apoyando los codos sobre la mesa, provocando que sus brazos se tensaran.
—Tenlo por seguro, Inglés.
Nuestros respectivos amigos carraspearon al mismo tiempo, haciendo que Charles y yo volteáramos a ellos.
—¿Dejaste a Loli sola? —Oliver partió en varios pedazos el pan para comerlos. Esa costumbre era habitual en él desde que, según él, perdió la fuerza en la mordida luego de usar casi cuatro años brackets.
—Sí, y con una buena ración se atún.
—Esperemos que Reece no se aparezca y le cierre las puertas del balcón, otra vez.
—Espero y no, de lo contrario Loli acabaría con él.
—¿Dejaste a Wower con la vecina? —Riley volteó hacia Charles.
—Así es, parecía muy triste cuando estaba a punto, hasta que apareció mi vecina y se olvidó por completo de mí.
Silencio, otra vez. Mierda, que alguien diga algo.
Lo único que faltaba era Charlie Chaplin para que fuese por completo una película muda.
—Lamento insistir con el tema, pero ¿En qué momento ustedes dos se volvieron tan cercanos? —había algo en la voz de Riley que no lograba descifrar, al parecer era la única porque tanto Oliver como Charles parecían comprender, sin contar cierta tensión dispersa en el aire.
Miré a Charles, que me lanzó una mirada rápida, como diciéndome que lo tomara con calma.
Respiré hondo y respondí.
—Pues, ya sabes, después de la boda nos encontramos de casualidad en la veterinaria y desde entonces comenzamos a hablar y frecuentarnos más seguido. De hecho, descubrimos que tenemos muchas cosas en común.
Observé a mi amigo en busca de ayuda, él soltó una sonrisa comprensiva.
—Lo importante es que se llevan bien. Mejor que sea así, que todos nos llevemos bien. —intervino con calma.
—Exacto, además es divertido tener a la Pelirroja Mackenzie en mi vida. Me rio más seguido desde entonces. —comentó Charles.
Fue lo más tierno que había escuchado sobre mí en mucho tiempo.
—Pues claro, Inglés. Seguro que tu vida era muy aburrida repleta de galletas de limones ácidos antes de mi llegada.
—Sí, porque me encanta comer regaliz cada cuatro minutos.