Charles.
Salí de la ducha, con la piel todavía húmeda y el cabello goteando. Apenas abrí la puerta del baño, lo primero que vi fue a Wower, mi querido amigo de pelos dorados, acostado sobre su cama con la cola moviéndose frenéticamente, sosteniendo algo rojo en la boca.
Fruncí el ceño y me acerqué.
—Wower, ¿Qué tienes en la boca? Ay, no...—susurré al ver que tenía la gorra roja de Ava en la boca—¡Hey, amigo! Vamos, dámela. —le pedí con la voz más amigable que salió de mi mientras acercaba mi mano.
Al ver que no la soltaba, intenté arrebatársela de la boca, pero Wower me gruñó bajo, mostrando sus dientes.
Bien, esto sería más difícil de lo que creía. Decidido, salté a su cama y agarré entre mis manos la prenda, comenzando a forcejear con él.
Algunos días atrás, cuando me reuní con Ava a desayunar, llegó con aquella prenda roja sobre su cabeza que, a decir verdad, le quedaba bonito. Estaba a punto de elogiar lo bien que le quedaba, solo que se me adelantó cuando comentó haber conocido a personas nuevas, robándose, otra vez, mi atención.
Y si se preguntan cómo es que tenía en mi poder aquel accesorio, fue porque ella salió tan apurada del lugar luego de recibir una llamada que la olvidó sobre la mesa. Decidí guardarla en el bolsillo de mi abrigo y dársela en el restaurante, solo que la olvidé.
—¡Vamos, amigo, no es tuya! —tiré de este con fuerza, pero no la suficiente como para lastimarlo, aun así, no la soltó— Tienes que devolverla, ¡La vas a romper!
Por un segundo la soltó, y creí haber ganado la batalla, hasta que me dio un mordisco en la palma de la mano que se hizo soltar la gorra. Antes de que pudiera reaccionar, Wower ya la tenía en su boca otra vez.
—Además de ladrón de cosas ajenas, ahora muerdes.
—Charlie—la voz de Riley se escuchó detrás de mí, me giré enseguida—, ¿Qué estás haciendo?
—Riley, hola, creí haberte dicho que no usaras la llave a menos de que se trate de una emergencia. —le dije mientras acomodaba la toalla en mi cintura que amenazaba con caerse.
—Lo sé, pero toqué varias veces, no atendías y escuché a Wower gruñir. Me preocupé. —se agachó para acariciar al nombrado.
Aprovechando su distracción, caminé a mi habitación para vestirme. Cuando pasé mi mano sobre mi rostro, sentí un olor dulce a vainilla y coco, el olor que emanaba Ava siempre que la veía, hasta con los perfumes prefería lo dulce. Supuse que la gorra aún tenía el olor de su perfume a pesar de haber pasado por la saliva de Wower.
—¿Ya has desayunado? —preguntó Riley cuando salí de mi habitación, negué con la cabeza—. Vayamos a desayunar.
Algo en aquella propuesta no sonaba bien. Riley era una mujer meticulosa, que odiaba los planes de último momento y que jamás los proponía. Solía hacer excepciones cuando la invitaban, pero muy rara vez lo hacía. Era de esas personas que creían que, si ya estabas acostado en tu cama para dormir, no debías salir de casa si te invitaban a salir, decía que era de mal augurio.
—¿Desayunas ahora? —cuestioné con extrañeza.
—Sí, ahora. Hace mucho tiempo que no desayunamos juntos o hacemos algo los dos...solos.
Me quedé pensativo y crucé los brazos. No tenía muchas ganas de salir de casa, no recordaba la última vez que me había quedado en casa a disfrutar del calor y comodidad de mi hogar. No obstante, algo le sucedía y, sea lo que sea, la curiosidad podía más que mi cansancio.
Sin decir una palabra, asentí y juntos nos dirigimos hacía la cafetería cerca de casa.
Nos sentamos, uno frente al otro en silencio mientras decidíamos que pedir.
Me sonrió, provocando un fuerte latido en mi corazón. Revolví mi té apenas lo trajeron, no quería mirarla. No quería que ella provocara eso en mí. Quería olvidar, borrar ese sentimiento.
Nunca comprendí con exactitud en qué momento comencé a sentirme atraído por Riley. Supuse que su sonrisa noble, buena actitud y presencia constante en mi vida habían hecho surgir sentimientos diferentes a la amistad.
Me cuestioné durante mucho tiempo, sobre todo mis principios. ¿Qué clase de mejor amigo se enamora de su mejor amiga? Me parecía insano, casi como si me acusaran de algo inapropiado ante un tribunal público. Tal vez hubiese sido más fácil si, justo cuando quise decírselo, ella no me hubiese anunciado una nueva pareja o confesando su deseo de no tener más en un largo tiempo.
Eran emociones que se acumulaban como piedras en los bolsillos, hundiéndome poco a poco en un rio. Sentía que nadie me comprendía. Incluso cuando Daniel decía entenderme, había algo en su mirada que me demostraba que no era así.
Hasta que apareció ella, la pelirroja Mackenzie, quien llegó en el momento justo, confesando con su notorio acento escoces cuando entendí que no era el único, y decidí desahogarme, breve y preciso. No más.
No creí volver a cruzármela fuera de la vida que me unía a Riley, pero me equivoqué. El destino se encargó de ponérmela en mi camino una y otra vez. Y aunque nunca fui un hombre supersticioso, creía en mi amistad con Ava, y en el lugar importante que comenzaba a ocupar en mi vida.
Quería a Ava, de una forma u otra. Era especial lo que había entre nosotros, y deseaba que siguiera siendo así.
—¿Cómo está Oliver? —hablé para acabar con el silencio que nos envolvía. Quería darle tiempo, sabía que ella buscaba las palabras indicadas para sacar el tema que la carcomía, a pesar de que tenía cierta idea de lo que quería hablar.
—Se encuentra bien. Ahora está con Reece y Ava —levanté la cabeza al escuchar ese nombre. Ava...—. Dijo algo sobre recuperar el tiempo perdido. Creo que es más por Ava, no es un momento fácil para ella.
—¿Le sucede algo a Ava? —me erguí en mi asiento, completamente preocupado.
—No, no. Ella está bien, solo que no son fechas fáciles para ninguno de los tres—dijo refiriéndose a su esposo y amigos. Nerviosa, puso un mechón de cabello rizado y negro detrás de su oreja—. Lo siento. No sé si puedo decirte.