Besos con sabor a Champagne

Capítulo 20

—¿Ava?

—¿Charles?

—¡Pelirroja MacKenzie!

—¡Inglés!

Sentí un vuelco en el corazón. Palpitaba de manera acelerada y sin límites. De una forma extraña, sin duda. Tenerlo ahí, frente a mí, como si nada me dejaba sin raciocinio. Encontrarnos fuera del lugar habitual como la clínica, mi casa o una simple cafetería lejos de Londres como si fuese lo más normal del mundo, me generaba una mezcla de emociones confusas.

No supe quién se acercó primero, solo fui consciente de cómo sus brazos me rodeaban la cintura y los míos su cuello. Un abrazo fuerte, seguro y cómodo que me alegró un poco el día.

—¿Ustedes se conocen? —preguntó Tony, aunque ya sabía la respuesta.

—Así es —contesté mirando a Charles—. Somos muy buenos amigos.

—Pero ¡Qué maravilla! —Tony parecía encantado. Se sentó y nos señaló los dos asientos frente a él—. Tienen que contármelo todo.

Apenas comenzamos a contarle la historia, evitando ciertos detalles por obvias razones, nos interrumpió.

—Esperen un segundo —me señaló—. Me están diciendo que tu Oliver, es el Oliver de tu Riley —luego señaló al Inglés—. Y tu Riley, es la Riley de Oliver. ¡Que locura!

—Sí que lo es —respondí, frotándome las manos a causa del frío—. Ahora, díganme, ¿Cómo se conocieron ustedes?

—¿Recuerdas cuándo me fui de intercambio a Inglaterra?, ahí nos conocimos, estábamos en el mismo grupo de estudio.

—Nos hicimos cercanos casi al instante —agregó Charles, mientras cubría y frotaba mis manos con la suya para generar calor—. Tienes las manos heladas.

—Como si fuese cosa del destino —siguió Tony, observando a detalle el gesto de Charles—. Esto es fantástico, dos de mis grandes amigos también lo son. El mundo sí que es pequeño.

—Tengo una duda, ¿qué es lo que te trajo a Escocia, Inglés? —miré a mi lado.

Él me sonrió cuando giré mi mano para sostener la suya.

—Tony siempre me habló maravillas sobre el Año Nuevo escoces y en varias ocasiones me invitó, pero jamás pude venir hasta ahora.

—Entonces, Ava, ¿Dónde te estás quedando? —la pregunta ya me la veía venir, para él no era un secreto que quedarme con mis parientes no era una opción para mí. Bueno, la verdadera pregunta era quién no lo sabía.

—En la posada de una vieja amiga. Llegué ayer, pero por la nieve y el cansancio no pude salir. Me estoy poniendo al día.

—¿Con Eileen? —asentí— ¿Y qué harás durante Año Nuevo?

La pregunta me dejó un sabor extraño. Año Nuevo en Escocia siempre significaba familia...y eso era exactamente lo que estaba evitando.

—No lo sé —admití sin mirarlo—. Improvisar supongo.

—Eso no suena a ti. —dijo Charles.

Lo miré y me encogí de hombros, tratando de restarle importancia al asunto, a pesar de que sí me importaba y mucho.

Tampoco le pregunté a Eileen que haría. No quería ser una invitada molesta en una fiesta con personas que no frecuentaba, eso era justo lo que estaba evitando. Estaba harta de ser la persona por la cual debían acoplar los planes para hacerme sentir incluida, el mal tercio en todas las reuniones habidas y por haber.

No necesitaba serlo con ellos. Estaba claro que ya tenían planes y prefería no alterar las cosas.

—Pero, es Hogmanay. No puedes estar sola. —intervino Tony, indignado—. Ya está decidido, vienes con nosotros.

—Tony...

—Ven conmigo...me refiero a que vengas con nosotros. —murmuró el Inglés.

—No aceptamos negativas —mi amigo frente a mí alzó la mano—. Ambos queremos que estes. Además, contigo ya seríamos cuatro.

Fruncí el ceño.

—¿Cuatro?

Tony tenía pareja o... ¿Charles llevó a alguien?

—Sí —sonrió con picardía—. Contando la bola peluda dorada.

Mi corazón dio un pequeño salto de emoción.

Giré de inmediato hacía Charles.

—¿Está aquí?

Él sonrió mostrando los dientes. Nunca había visto unos tan blancos.

Parecía causarle gracia mi reacción.

—Wower está aquí.

—¿Lo trajiste contigo?

—No pude dejarlo solo —apoyó su brazo en el respaldo de mi silla—. Así que vino conmigo. Está en casa de Tony, no le agrada el frío.

—Quiero conocerlo.

—Estoy seguro de que él a ti también. Pero con una condición, que celebres con nosotros el treinta y uno. —añadió con una sonrisa segura mientras me miraba a los ojos.

—Que manipulador, Inglés —me acerqué con la misma sonrisa arrogante que él—¿Si no acepto, jamás me dejaras conocerlo?

Su gesto vaciló unos instantes. Había tocado un punto débil, poner en duda su generosidad.

—Solo ven, por favor. —susurró finalmente.

No supe responder. ¿En qué estaba pensando? Me estaban invitando porque querían, no por obligación. Podía sentirlo, su forma de mirarme, sus intentos para que dijera que sí. Ya tenía la respuesta ante su insistencia.

—Está bien.

Su emoción se hizo notar en ese instante.

La vista de Tony estaba fija en ambos, parecía pensativo. Como si en su cabeza estuviese hilando ideas. Preferí no preguntar que le sucedía, presentía que, si me sacaba la duda, no me gustaría la respuesta.

En cambio, analicé el menú, aunque mi estomago estaba a nada de reventar a causa tantas golosinas acumuladas. Seguramente no podría siquiera tomar un trago de agua, no pasaría de la faringe. Solo me pedí un té y lo bebí ante la mirada curiosa de mis amigos. Claro, las veces que tomaba té era porque estaba enferma o tomaba por obligación. Aunque durante ese último tiempo le había agarrado un poco de gusto. En especial de manzanilla. Por supuesto, con una gran cantidad de azúcar.

—¿Por qué tienes tantas cosas, MacKenzie? —cuestionó Tony cuando salíamos del restaurante.

—Es que hay cosas muy bonitas. —me excuse.

—Creí que pararías con las compras excesivas. —Charles levantó una ceja, impresionado al ver todas mis cosas. Me las quitó y las llevó.

—En mi defensa, salí tan apurada que no traje nada esencial para el invierno. —intenté quitarles las bolsas a ambos, pero dieron un paso atrás para evitarlo—. No todo es ropa, también hay comida.




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