-¿En qué piensas?
Minjun fue incapaz de poner en palabras el fruto de sus pensamientos. Tenía la espalda ancha mojada en sudor, y las gotas de lluvia recorrían las ventanas.
-El consejero dijo que una carta era suficiente, Minjun- escuchó decir a Jessica- . Mira, cuántas has hecho ya, y no has terminado.
Minjun observó las cartas, apiladas en desorden, una sobre la otra. El resto de la habitación era de una pulcritud y estructura impecable, pero, las cartas se abrazaban con desesperación unas sobre las otras, como un náufrago a las olas.
Minjun, de nuevo, no respondió. Se puso de pie, y caminó hacia una de las cartas, la más reciente, la que casi quemaba, la que sangraba más:
“Querida Jessica,
El único motivo por el cual te digo estas cosas es porque sé que nunca vas a leerlas. Hablar no es lo mío, pero eso ya lo sabes; es por eso que te has ido.
Pensé por un momento que sería cuestión de dejar pasar la vida: amigos, cenas, el trajín de la vida. Incluso acepté ese trabajo horrible en el fin del mundo, la tortura misma de mi adolescencia, donde fui tan infeliz.
¿Recuerdas que te conté de Nelly? Vi su nombre en un archivo de la empresa. La odio desde ya, odio la idea de vivir ahí de nuevo, pero acepté porque a veces se necesita un poco de infierno para olvidar que se estuvo en el cielo.
No creo que vaya a olvidarte jamás. Cuando hice mis maletas, llevaba más orgullo que determinación. Pero, es inevitable intentar dejarte atrás, despedirme de ti, ser feliz en tu ausencia, aunque sé que, como esta carta de despedida, eso es un rotundo fracaso.
Te amo a la distancia.
Minjun.
Un trueno lo sacó de sus propios pensamientos. Minjun giró en dirección a la cama. Jessica, como desde hace un año, no estaba.
Pero él, él seguía ahí. Así también sus pensamientos, vueltos capas de polvo en su mente, oscureciendo cada vez más el presente. Cerca estaba también su equipaje, ordenado en una esquina, listo para su próxima estadía.
Era increíble que, tras tantos años, aún pudiera sentir el calor asfixiante de la ciudad de su adolescencia en el rostro; increíble también que, aún y si fuera solo en recuerdos, pudiera inhalar con fuerza el aroma dulce de Jessica, y que éste le llenara los pulmones.
Minjun se dejó caer en la cama, pensando en cuán largo iba a ser el viaje al exterior, sin saber que también habría una travesía hacia su interior.