Cuando brillamos

Capitulo 5

Hace un año...

Mi relación con Liam era perfecta. O al menos eso era lo que yo creía.

Él fue mi primer novio, la primera persona de la que me enamoré de verdad. Era amable, cariñoso y siempre encontraba alguna excusa para estar cerca de mí. Cuando estábamos juntos, solía abrazarme por la cintura, tomar mi mano y darme besos de repente, incluso cuando menos me lo esperaba.

Me hacía sentir especial.

Nuestra relación comenzó en marzo del año pasado. Recuerdo perfectamente aquel día en el que se declaró. Estaba tan nerviosa que apenas podía mirarlo a los ojos, pero cuando escuché aquellas palabras, no pude evitar sonreír.

Estaba enamorada de él. Tanto que llegué a pensar que era el chico perfecto para mí.

Nunca imaginé que terminaría convirtiéndose en uno de mis recuerdos más dolorosos.

Hasta que...

Caminaba sola por el patio trasero de la universidad. Liam me había enviado un mensaje diciendo que quería verme a solas para hablar de algo importante.

No le di demasiada importancia. Pensé que quizá quería sorprenderme con alguna de sus ocurrencias o decirme algo bonito, como solía hacer.

Al llegar, lo encontré cerca de una banca frente a la cancha de fútbol, donde algunos de sus amigos estaban jugando.

Me acerqué con una sonrisa y me senté.

—¡Hola! —saludé alegremente.

Él apenas levantó la mirada.

Aquello me pareció extraño, pero no quise darle importancia. Me levanté para abrazarlo, como hacía siempre que lo veía. Liam se acercó a mí con una expresión tranquila, aunque algo diferente.

—¿Pasa algo? —pregunté.

Tomé su mano y entrelacé mis dedos con los suyos, pero él no correspondió el gesto. Simplemente bajó la mirada hacia nuestras manos.

—Volví con mi ex —dijo, separando su mano de la mía.

Parpadeé varias veces.

¿Había escuchado bien?

—¿Estás jugando? —pregunté con una pequeña sonrisa, esperando que soltara una carcajada y me dijera que era una broma.

Pero no lo hizo.

—¿Crees que jugaría con algo así? —respondió. Su expresión se volvió seria.

Mi sonrisa desapareció poco a poco.

—Pero... tú y yo somos pareja, ¿no? —pregunté, intentando tomar su mano nuevamente.

Esta vez la apartó antes de que pudiera tocarla.

—La verdad es que nunca te consideré mi novia de verdad.

Sentí como si aquellas palabras me hubieran golpeado directamente en el pecho.

¿Nunca me consideró su novia?

Entonces, ¿qué había sido todo aquello? ¿Por qué me decía que me amaba? ¿Por qué me abrazaba, me besaba y me hacía creer que realmente sentía algo por mí?

De pronto, todos aquellos recuerdos comenzaron a sentirse diferentes.

—¿De qué estás hablando? —pregunté. Mi voz salió más débil de lo que esperaba.

Mis ojos empezaron a humedecerse, pero intenté contener las lágrimas.

Liam suspiró y se pasó una mano por el cabello castaño. Era un gesto que siempre me había gustado de él. Solía encontrarlo encantador, incluso cuando lo hacía sin darse cuenta.

Ahora solo conseguía hacerme sentir peor.

—Por favor, entiéndeme. Nunca salí contigo porque de verdad te quisiera. Fue porque intenté reemplazarla contigo.

Lo miré sin poder decir nada.

—¿Eso fui para ti? ¿Un reemplazo? —pregunté finalmente.

Las lágrimas comenzaron a recorrer mis mejillas.

—Nunca la he superado. Quise intentarlo contigo para olvidarla, pero sigo amándola.

Lo dijo con tanta tranquilidad que por un momento me pregunté si realmente comprendía lo que acababa de confesarme.

Para él quizá solo había sido un intento fallido de olvidar a alguien.

Para mí, en cambio, habían sido meses de cariño, confianza y sentimientos sinceros.

Me limpié las lágrimas bruscamente.

No quería llorar delante de él. No quería darle la satisfacción de verme destrozada por alguien que aparentemente nunca había sentido lo mismo que yo.

—¿Y no pensaste en mí? ¿No pensaste que saldría lastimada por tu culpa?

Liam desvió la mirada durante unos segundos.

—Lo pensé, pero no me importó.

Aquellas cinco palabras fueron suficientes.

No sabía qué dolía más: descubrir que nunca me había querido o saber que, incluso siendo consciente de que podía lastimarme, decidió hacerlo de todas formas.

Asentí lentamente y cerré los ojos para intentar contener las lágrimas que todavía amenazaban con salir.

—Entonces vuelve con ella, pero aléjate de mí.

No esperé una respuesta. Simplemente me di la vuelta y comencé a caminar.

No miré atrás.

Porque sabía que, si lo hacía, probablemente terminaría llorando todavía más.

Después de todo, lo nuestro solo había sido una mentira. Yo había sido un reemplazo, una distracción, un intento desesperado de olvidar a alguien más.

Y lo peor era que yo había estado demasiado enamorada para darme cuenta.

Los días siguientes fueron extraños.

Al principio intenté actuar como si nada hubiera pasado. Llegaba a clases, hablaba con mis amigas, sonreía cuando alguien me contaba algo gracioso y continuaba con mis actividades.

Pero había momentos en los que simplemente me quedaba pensando.

A veces, al revisar mi teléfono, encontraba fotografías de Liam y mías. En algunas aparecíamos sonriendo; en otras, él me abrazaba mientras yo escondía el rostro contra su pecho.

Me preguntaba si en aquellos momentos había estado pensando en su ex.

Si cuando me decía que era bonita realmente lo sentía.

Si aquellos besos significaban algo para él o si simplemente eran parte de aquella mentira que yo nunca supe reconocer.

A los pocos días comencé a verlo nuevamente con su ex, Emma.

Estaban juntos en los pasillos, caminaban tomados de la mano y, en ocasiones, podía ver cómo él la abrazaba de la misma manera en que solía abrazarme a mí.

Emma era una chica hermosa. Tenía el cabello castaño y rizado, unos grandes ojos azules y era alta.




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