La voz de Diana resonó por toda la habitación.
-¡Cristal, apúrate! ¡Vamos a llegar tarde!
Levanté la mirada del libro que estaba guardando en mi mochila y la encontré frente al espejo, intentando acomodarse el cabello por quinta vez.
—Diana, todavía faltan quince minutos —respondí.
—¡Exactamente! Quince minutos. ¿Sabes lo poco que es eso?
Alis soltó una pequeña risa mientras cerraba su cuaderno.
—Si dejaras de cambiarte los zapatos cada cinco minutos, quizá no estaríamos apuradas.
—No estoy cambiándome los zapatos, estoy buscando los adecuados.
—Llevas tres pares en la mano —comenté.
Diana nos miró con una expresión ofendida.
—No entienden nada de moda.
Negué con la cabeza, divertida.
Aquella tarde habíamos quedado en salir con Dorian, Leo y Darling. Diana había insistido en que necesitábamos despejarnos un poco después de tantas clases y tareas.
Yo no tenía ningún problema con eso. Últimamente había descubierto que pasar tiempo con ellos era bastante entretenido.
Aunque había alguien en particular que me causaba cierta curiosidad.
Darling Lancaster.
La última vez que habíamos hablado, me había escondido de un profesor en uno de los pasillos de la residencia masculina. Todavía recordaba lo extraño que había sido verlo usando aquella sudadera de oso con pequeñas orejas.
No era precisamente la imagen que habría imaginado de él.
—¡Cristal! —Diana chasqueó los dedos frente a mí—. ¿Estás aquí?
—Sí, sí. Ya estoy lista.
—Entonces vámonos.
Cuando llegamos al pequeño café que habían elegido, Dorian fue el primero en saludarnos.
—Pensé que tendríamos que esperar otra media hora —bromeó.
—¡Qué exagerado! —protestó Diana, acercándose para darle un beso en la mejilla.
Leo estaba sentado a su lado, revisando su teléfono. Al vernos, levantó la cabeza.
—Por fin llegaron. Ya estaba considerando pedir una orden de comida para llevar.
—Nadie te preguntó —respondió Alis tranquilamente.
Leo se llevó una mano al pecho.
—Qué manera tan cruel de tratarme.
—Puedes sobrevivir —contestó ella.
Me reí mientras tomaba asiento junto a Alis.
Entonces escuché una voz detrás de mí.
—Vaya, vaya. Miren quién decidió aparecer.
Giré la cabeza y encontré a Darling acercándose con las manos en los bolsillos de su chaqueta.
—¿Siempre llegas tarde? —preguntó, mirándome.
—Llegué a tiempo.
—Eso dicen todos los que llegan tarde.
—¿Y tú siempre hablas tanto?
Darling se llevó una mano al pecho, fingiendo estar herido.
—Qué recibimiento tan desagradable. Y yo que venía con toda la intención de ser amable.
—Inténtalo otro día —respondí.
Él soltó una carcajada y tomó asiento frente a mí.
—Me agrada. Tiene carácter.
—No necesito tu aprobación —contesté, abriendo el menú.
—Eso lo hace todavía mejor.
Diana nos observó con una sonrisa divertida, pero no dijo nada. Por suerte.
La tarde transcurrió entre conversaciones, bromas y algunas discusiones sin sentido.
Dorian y Diana parecían estar en su propio mundo. Leo, por otro lado, no dejaba de molestar a Alis, quien intentaba ignorarlo sin demasiado éxito.
—Alis, ¿siempre eres así de seria? —preguntó Leo.
—Solo cuando estoy contigo.
—Entonces debo ser especial.
—No te emociones.
Darling soltó una carcajada.
—Creo que acabas de perder, Leo.
—Nadie te pidió que participaras —replicó él.
—No necesito invitación para decir la verdad.
Me reí mientras tomaba un sorbo de mi bebida.
Por un momento, me sentí completamente tranquila. No había recuerdos incómodos ni pensamientos que quisiera evitar. Solo estaba allí, disfrutando de una tarde normal con mis amigos.
Hasta que Darling se inclinó un poco hacia delante.
—Oye, Cristal.
—¿Qué?
—Tengo una pregunta.
—depende de que sea
—¿Tan mala reputación tengo?
—Un poco.
Sonrió.
—Está bien, prometo comportarme. Por ahora.
Negué con la cabeza, divertida.
Él jugueteó con la pajilla de su bebida antes de hablar.
—El otro día, en la biblioteca, escuché que Liam era tu ex.
Mi sonrisa disminuyó ligeramente.
No esperaba que sacara ese tema.
—Sí, lo era.
Darling pareció notar mi cambio de expresión, porque dejó de sonreír por un instante.
—No tienes que contarme nada si no quieres —aclaró—. Solo me dio curiosidad porque todos parecían tener una opinión bastante interesante sobre él.
Solté una pequeña risa.
—Eso es porque Liam no era precisamente una buena persona.
—Eso ya lo había sospechado.
—¿Por qué?
—Digamos que no parecía alguien que mereciera tantas conversaciones.
Lo miré, sorprendida por su comentario.
—No te equivocas.
Darling asintió, pero no insistió con más preguntas.
—Bueno, entonces queda oficialmente fuera de mis temas favoritos de conversación.
—¿Y cuáles son tus temas favoritos?
—La comida, dormir y las personas que se ríen de mis chistes.
—Entonces debes tener una vida bastante difícil.
—No tienes idea.
Volví a reírme.
Y, por alguna razón, me sorprendió lo fácil que había sido conversar con él.
Cuando finalmente salimos del café, el cielo comenzaba a teñirse de naranja.
Diana caminaba junto a Dorian, mientras Leo intentaba convencer a Alis de que lo acompañara a comprar algo.
Darling se quedó caminando a mi lado.
—¿Qué tal estuvo la tarde? —preguntó.
—Bastante bien.
—¿Bastante bien? Esperaba una mejor calificación después de mi excelente compañía.
—Creo que un seis es suficiente.
—¿Un seis? Eso es una falta de respeto.
—Puedes esforzarte más la próxima vez.
Darling sonrió y levantó las manos en señal de rendición.
—Está bien, aceptaré el desafío.
Lo miré de reojo.